¿Sabés cada cuántos minutos tu cuerpo necesita del contacto físico?

El saludo amplía los canales de comunicación sensorial y empática, describe un experto.

17 Sep 2020
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LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO (ARCHIVO) LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO (ARCHIVO)

Tocarse, besarse y abrazarse ayudan a la estabilidad emocional. Nuestra especie necesita del contacto físico, al menos tres segundos cada 30 minutos para el intercambio de información afectiva. Este contacto expresado en un apretón de manos, o una palmada o al apoyar nuestro rostro en el rostro de nuestro interlocutor para saludar con un beso que casi siempre lanzamos al aire, amplía los canales de la comunicación empática y sensorial, explica Hugo Lescano, director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal y Consultor externo de la OEA (Washington DC) en Comunicación no Verbal y Negociación.

Según Lescano, que la pandemia haya puesto en jaque todos estos recursos va mucho allá de las costumbres culturales. Nos han robado un montón de información. “El contacto piel con piel, en el que nuestro cerebro identifica texturas, temperatura y presión ejercida por nuestras extremidades superiores, son el termómetro que usamos para realizar una primera evaluación sensorial de quienes se encuentran con nosotros. Asimismo la proximidad necesaria para tocarnos permite percibir el calor humano que promueve una mayor afectividad a la hora de hacer negocios o entablar una comunicación de cualquier orden”, detalla el especialista.

Desde los países centrales se propone evitar estrecharnos las manos por al menos dos años. ¿Qué hacemos, entonces, para mostrar empatía o afecto en un saludo?, le preguntamos al especialista. “Para mí lo más apropiado es usar los saludos que aplican en países asiáticos donde la cultura restringe desde hace siglos el contacto físico, reservándolo para circunstancias excepcionales. La reverencia nipona, el choque de puños iraní, las manos en posición de ruego con leve inclinación de la india (Namaste), parecieran ser las mejores opciones en términos de profilaxis”, sugiere.

Interrogantes

Para Lescano, la pandemia ha abierto demasiados interrogantes: ¿quedarán secuelas en nuestro comportamiento? ¿Cuando en el futuro, el tapaboca ya no sea necesario, nos quedará el barbijo del miedo en la piel? ¿Incorporaremos, como parte de nuestro comportamiento, la habilidad de evitar abrazos y apretones de manos? ¿O recuperaremos esa vieja normalidad tan anhelada de la que no éramos plenamente conscientes?

“Mientras buscamos respuestas a estos interrogantes sólo nos queda comunicarnos, como en un plan de emergencia detrás de nuestro barbijo, con algún guiño sutil para buscar complicidades, ensayando sonrisas con nuestros ojos o dándoles mayor protagonismo a nuestras extremidades, enfatizando movimientos kinésicos que puedan ser comprendidos por nuestros interlocutores. Sea cual fuera la normalidad que nos aguarda en el futuro y podamos tallar en este presente por ahora sombrío, nos queda confiar en nuestro lenguaje corporal porque nuestro cuerpo no sabe mentir”, concluyó.

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