Otro Mundial, la misma frustración para Tucumán como sede

Tal como sucedió con el fútbol en 1978, al basquetbol tucumano le sacaron de las manos la chance de ser subsede del torneo en 1990.

20 Ago 2020 Por Jose Ariel Ibañez
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NADA PARA RECORDAR. Muratore presenta la maqueta ante las presencias de Stankovic y el intendente Martínez Aráoz. Yugoslavia fue el campeón.

Ilusión, entusiasmo, esfuerzo, orgullo. Todos los sentimientos posibles despertaron la motivación de los dirigentes locales ante la posibilidad de ser parte de la organización del Mundial Basquetbol que se jugó en el país en 1990. Todo parecía encaminado a que la frustración sufrida en 1978, cuando la provincia se quedó sin Mundial de fútbol, se convertiría en felicidad por traer a la provincia una competencia internacional de primer nivel. Pero nada de eso sucedió. Los planes se modificaron a mitad de camino y una vez más los tucumanos, apasionados como pocos en el país, tuvieron que conformarse con observar la competencia por televisión.

“La inexperiencia nos jugó en contra”, reconoce Horacio Muratore, quien hace tres décadas era un joven dirigente que presidía la Federación Tucumana de Basquetbol y comenzaba a transitar un largo camino que lo llevó a ocupar el máximo cargo en la Federación Internacional de Basquetbol (FIBA). “Empresarios y amigos se unieron para que pudiéramos llevar adelante el proyecto. Se iba a remodelar el Palacio de los Deportes”, recordó el directivo tucumano sobre lo sucedido en ese momento.

El proyecto se puso en marcha y hasta presentaron la maqueta durante la visita que realizó Borislav Stankovic, quien tenía la misión de supervisar las posibles sedes de la competencia.

Finalmente, Tucumán fue descartado en medio del caos organizativo de la competencia. El Luna Park fue la sede central y hubo partidos en Córdoba (Pabellón Verde de la Federación Cordobesa de Básquet), Rosario (Newell’s Old Boys), Santa Fe (Estadio La Tecnológica). Fue tal el desorden que 90 días antes de la competencia se quitó de la nómina a Bahía Blanca. Su lugar lo ocupó Villa Ballester, porque la CABB recibió presiones de varios de los equipos de la Liga Nacional. Con mucho esfuerzo Muratore consiguió el apoyo para que en Salta (estadio Delmi) se disputen partidos de la ronda consuelo.

La rencilla entre directivos de la emergente Liga Nacional y los organizadores del certamen mundial fue un coctel explosivo que obligó la intervención del entonces presidente Carlos Menem para evitar un papelón mayúsculo. No sólo se perjudicó a Tucumán. Bahía Blanca, la cuna de ese deporte, no pudo albergar encuentros de la competencia.


Nada positivo

Ese Mundial no dejó nada positivo. No se invirtió en infraestructura, ya que no se construyeron ni refaccionaron estadios. Tampoco hubo beneficios deportivos. Argentina ganó apenas dos partidos (a Egipto y a Canadá, con un polémico arbitraje localista) y perdió 6 (Unión Soviética, Estados Unidos, Puerto Rico, Grecia y dos veces con Australia). Por el sistema del torneo, se ubicó en la octava posición. Héctor Campana, Marcelo Milanesio y Sebastián Uranga fueron algunos de los integrantes del plantel que no pudo ponerse a la altura de las potenciales mundiales. Lejos estaban en esos días los momentos de gloria que años después, justamente durante la presidencia de Muratore en la Confederación Argentina de Basquetbol (CABB), se vivieron gracias a la “Generación Dorada”.

Yugoslavia, el campeón, brindó pasajes de un juego extraordinario, lleno de talento, carácter y eficacia. Liderado por el recordado y legendario Drazen Petrovic, junto con Tony Kukoc (fue elegido el mejor jugador del torneo) y Vlade Divac, apabulló en la final a la Unión Soviética: 92 a 75.

Los soviéticos, subcampeones, cumplieron una buena actuación sin los lituanos, que renunciaron a jugar anunciando los problemas políticos que se avecinaban. Estados Unidos fue tercero y comprendió que el básquetbol internacional había crecido tanto que ya no le alcanzaba con sus universitarios para ganar. Años después, las estrellas de la NBA comenzaron a ser protagonistas de los mundiales y otros competencias internacionales, incluyendo los Juegos Olímpicos.

Pasaron tres décadas de esa segunda frustración y nada se modificó en Tucumán. La provincia no cuenta con la infraestructura que se necesita para encarar desafíos deportivos importantes. No hay estadios -ni cerrados para deportes como el basquetbol o el voleibol, ni abiertos para el fútbol o rugby, solo para dar algunos ejemplo- acordes a las exigencias actuales. Villa Luján, donde se disputó años después un torneo Preolímpico gracias a la intervención de Muratore, y fue escenario de peleas por títulos mundiales de boxeo, entre otras actividades internacionales, quedó lejos de las necesidades actuales. Del Palacio de los Deportes no queda ni la maqueta de aquel proyecto mundialista. Mientras políticamente no se decida dar el primer paso, las frustraciones se repetirán en los próximos años.

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