Cartas de lectores

31 Jul 2020 Por LA GACETA
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- Lastenia

En estas horas que entró el pánico y un estado de incertidumbre y nadie deja de hablar y pensar que esta pandemia es lo más terrible que nos está pasando. ¿Por qué? Una pregunta sin respuestas invadió nuestra manera de vivir, de mirar nuestro entorno familiar y nos distanció de todos; es increíble que tengamos familia y nos alejemos; sentimientos que no demostramos más allá de la palabra… ¿Qué nos espera mañana? ¿Quién podrá darnos una respuesta a esta vida que se nos complicó en silencio y sin saber en qué lugar nos va emboscar cuando creamos estar liberados de este virus?

Carlos Rubén Ávila


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- En pie de guerra

El virus sorteó las barreras que le imponía la provincia y comenzó a presentarse entre los tucumanos. Era de esperar porque así lo hizo en el mundo entero; la sociedad debe entender y prepararse para este momento; con cuatro meses de aviso algo tenemos que haber aprendido: las armas de combate son las indicaciones de cuidados preventivos, ya las conocemos y circundan en higiene en general; el uniforme permanente es el barbijo; si por las dudas padecemos un herido lo tenemos que ayudar, sin ofender, sin marginar y menos sin excluir. En esta guerra hay un solo enemigo, camuflado, agresivo y prácticamente indectable, la covid-19 debe ser derrotada sin miedos pero con cuidado. Los tucumanos, el Estado y el país estamos listos, estamos en pie de guerra.

Williams Fanlo

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- Favaloro (I)

Transitábamos la espantosa dictadura. Alberto el “Barba” Díaz, mi hermano menor, fue salvajemente apaleado; sus ideales y fortaleza física lo mantuvieron con vida, pero al poco tiempo y a consecuencia del castigo recibido, su estado de salud se deterioró y una afección cardíaca lo puso en estado de coma. En Tucumán los médicos nos dijeron que recemos porque ya no podían hacer nada; sólo una alternativa quedaba, trasladarlo al Sanatorio Güemes, donde atendía el Dr. René Favaloro, y nos dijeron que se nos iba a morir en el viaje; insistimos y le rogamos tanto que el Sr. Mulé de la Gobernación nos consiguió el avión y el turno. Allí nos recibió el Dr,Favaloro, en persona. Era tan moderna la atención que al llegar al octavo piso ya tenían un diagnóstico preciso, que no era bueno. Era tanta era la gravedad que el mismo Dr.Favaloro había gestionado que se demore el regreso, para que trasladen el cuerpo en el mismo avión. Pero como hay un Dios, milagrosamente durante la noche se mejoró. El Dr. Favaloro lo fue a ver y le dijo: “tucumano, Dios te salvó. Poné todo de tu parte, lo demás lo hacemos nosotros”. Y así fue, le hicieron tres bypass y le colocaron una válvula, en una operación a corazón abierto. A los pocos meses regresó a Tucumán sano y salvo. Los 29 de julio, como aquel triste del año 2000 en que se fue Favaloro, para mi familia son un día de dolor y bronca de ver cómo una eminencia de fama mundial, por el accionar de irresponsables funcionarios del PAMI que le adeudaban 18 millones de dólares, decidió quitarse la vida. ¡Gracias Dr. Favaloro por las millones de vidas que usted salvó, aunque eso le quitó la suya! ¡Descanse en paz!

Francisco Amable Díaz


Pedro G. Sal 1.180 

Barrio 20 de Junio
 - San Miguel de Tucumán



- Favaloro (II)

En el año 2002 se declaró en la Argentina el 12 de julio como “día nacional de la medicina social” en conmemoración de la fecha de nacimiento del doctor René Favaloro, quien solía decir: “ La medicina sin humanismo médico no merece ser ejercida”. Hoy, ante la crítica situación sanitaria que nos toca vivir por la covid 19, médicos/as, enfermeras/os y auxiliares de la salud, sin dudarlo, tienen la convicción de llevar adelante ese pensamiento. Al respeto, la doctora Claudia E. Lascano, docente de la facultad de Ciencias Biomédicas de la universidad Austral dijo: “El paradigma de la medicina humanizada tiene en cuenta una visión holística de los padecimientos. El proceso de atención es en un ambiente protector y de respeto donde las relaciones médico-paciente son entre personas de una misma naturaleza; se prioriza el trabajo en equipo y se cuida a todos; y por, sobre todo, la persona es siempre única e irrepetible”. En la medicina social, el profesional de salud sabe reconocer los estados de vulnerabilidad y dolor como también los de esperanza y fortaleza de cada persona. El arte de comprender a las personas y de cuidar su salud requiere una disposición natural con la que se nace, y luego se cultiva y con el paso de la vida se fortalece. El 29 de julio del 2000 sacudía al país la muerte del doctor René Favaloro, un modelo a imitar que involucra pasión de aprender y vocación de servir, humildad y respeto por los pacientes. Es el legado del Dr. Favaloro (¿la última reserva moral de los argentinos ?). Era un apasionado por su trabajo y un verdadero patriota, por el trato igualitario y respetuoso para todos los pacientes y la sociedad. A pesar de ser un hombre que revolucionó la cardiología, por ser creador de una técnica que permitió salvar millones de vidas en el mundo sin distinción alguna, se mostró siempre como una persona humilde y modesta. Una de sus frases recordadas: “Nunca recibí distinciones a título personal. Para mí el ‘nosotros’ siempre estuvo por encima del ‘Yo ‘ “. Su abuela materna le transmitió su amor por la tierra y la emoción al ver cuando las semillas comenzaban a dar frutos. A ella le dedicaría su tesis de doctorado: “A mi abuela Cesárea, quien me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca”.

Pablo José Giunta


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- “Bananas sin Piyamas”

La intermediaciòn en este país degenera cualquier producción de frutas y verduras y alimentos o cosas, llevando en algunos casos a que el producto, la inversión y el esfuerzo de los trabajadores, al no tener un precio adecuado para sus cosechas, serán tirados a la basura, o se dejará que se pudra en los campos por no tener posibilidades de reparar las pérdidas provocadas por el vil precio que pagan estos parásitos que se llevan la mayor parte de las cosechas, generando quebranto y desazón. En este caso nos ocuparemos de la producción de bananas en el norte de Formosa, donde le pagan al productor $ 5 el kilo y un cajón con 22 kilos de bananas $100. Prefieren dárselas de alimento a las vacas. El Estado no puede ni debe estar ausente y dejar a los pequeños productores a merced de los inescrupulosos; hay que ayudarlos a dar trabajo y poder vender la producción en condiciones dignas; hay que romper las estrategias de los especuladores para que los pequeños productores quiebren y así vendan sus tierras a precios muy bajos, tengan que desarraigarse, irse a poblar villas miseria en las periferias de las grandes ciudades y dedicarse al cirujeo. Miren lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal (CABA)con la explosión de casos de coronavirus que les resulta dificil de resolver. Se me ocurre que para desbaratar este accionar habría que dotar de cámaras refrigeradas, manejadas por ellos mismos en cooperativas de distribución, que manejen los tiempos de maduración y abastecimiento en los lugares de producción y a la vez darles la posibilidad a los pequeños productores de tener acceso a créditos y dotarse de camiones refrigerados para llegar a los centros de consumo y crear redes de provisión, rompiendo intermediaciones nocivas que redundan en productos más caros para la población. Hoy un kilo de banana en góndola cuesta de 100 pesos en adelante; es un precio prohibitivo para los sectores más pobres; cuanto más nutrientes y vitaminas consumamos, menos visitas al médico tendremos. Si son más sanos y nutritivos los alimentos, menos saturación en los centros de salud y un gran ahorro del Estado para dedicarlo a otros rubros, como vivienda, educación y seguridad. El desafìo es darles posibilidades a los ciudadanos para desarrollarse, crecer, educarse y trabajar dignamente en los lugares donde nacieron.

Luis Marcaida

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- La cultura del trabajo

Existe un pájaro nocturno llamado “Tapacamino o Chotacabras Cuerprihuiu”, que se caracteriza por su resonante grito que puede repetirse 400 veces sin parar. Me trajo a la memoria los verborrágicos discursos de algunos políticos que reiteradamente, con promesas flotando en el aire, reavivan ilusiones. Es muy triste fomentar la esperanza de la ciudadanía crédula y confiada sigue esperando el cumplimiento de lo prometido. No obstante, penetrar al territorio de la “política” con su desprestigio es hacerlo a un lugar espinoso, contaminado y peligroso. Para el buen militante, la política es una ciencia y hay gente íntegra que lo hace por vocación auténtica y con honestidad. Se conoce de otros que sólo acceden a este terreno para engordar sus bolsillos y acomodar a sus parientes y amistades. Una vez en los lugares en donde deberían trabajar arduamente por el bien común, se dedican laxamente a ella creyendo así justificar lo injustificable, a veces dormitando en las sesiones parlamentarias, evidentemente aburridos y sin interés por su labor que debería ser un estandarte para lograr cambios en pro del mejoramiento económico del país y la provincia y del bienestar ciudadano. Si bien es necesario llegar, en variados casos, con ayudas monetarias es urgente generar fuentes de trabajo que hagan enorgullecerse de su rol a los protagonistas en cuestión dentro de una comunidad que lo aguarda ávidamente. No es lo mismo la dádiva de dinero sin trabajar que sintiéndose útil y con el honor de su devenir en actitudes propias que los dignifiquen. Los planes deben ir siendo reemplazados porque caso contrario vamos perdiendo la cultura del trabajo legada por nuestros mayores y adquiriendo la de la comodidad del descanso inmerecido, de la circunstancia, que genera la triste situación que comento: “Debe trabajar el hombre para ganarse su pan...” Sólo se construye con la certidumbre de un proyecto enriquecedor y la urdimbre de la cristalina magia del hacer sabiendo que al trabajar tendrán la recompensa económica pertinente. El pecho se inflama con la satisfacción del deber cumplido; con el sabor gratificante que sólo brinda el trabajo a conciencia. No se debe restringir ese importante paso de acceder a una fuente laboral digna, estímulo para gestar bienestar porque implica ir superando la crisis que afecta a tantos hogares. ¿Cuándo entenderán, los responsables, el desafío que significa rescatar la cultura del trabajo?

Nelly Elías de Benavente


San Miguel 675 - 
San Miguel de Tucumán



- Títulos en Medicina

Resulta sarcástico intentar describir la mala experiencia a la que se expone el egresado de la Facultad de Medicina (caso particular), el destrato continuo y humillante del personal administrativo que interviene en el camino burocrático y eterno de los títulos, con falsas promesas, falsos compromisos, usando la culpa ajena como la excusa perfecta del porqué los expedientes permanecen en el cúmulo de papeles durmiendo el sueño de los justos. Esta gestión que debiera ser sistemática, ágil y expeditiva, se convierte en un trámite fastidioso, lento y que transforma totalmente la imagen que tiene la Facultad de Medicina como casa de altos estudios que nos abre el camino para pertenecer a la comunidad de excelencia que formó. En vez de ello, se participa obligadamente en un circuito administrativo tedioso y prolongado excesivamente en el tiempo. El egresado cumplió con sus exámenes, plazos, exigencias, documentación, con cada requisito, feliz de haber alcanzado el objetivo; de repente todo se ve truncado en las manos de la burocracia universitaria. Las notas a los directivos académicos solicitando diligencia caen en sacos sin fondo, nunca hay formal respuesta a ellas. Las palabras de Juan B. Terán en el acto de fundación de la Universidad definiéndola como “el punto de partida de una evolución indefinida”, han quedado mutiladas. Destruye cada intento de pujo en vano por llegar al objetivo final plasmado en papel, el título habilitante; pero lo último que se pierde es la esperanza: “con los pies en la tierra y la mirada en el cielo”.

María Pérez


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