“La vieja guardia”: Charlize Theron brilla al frente de un equipo que llegó para quedarse

12 Jul 2020 Por Juan Manuel Montero
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LISTOS PARA LA ACCIÓN. Andy (Charlize Theron) y Booker (Matthias Schoenaerts) integran un grupo de inmortales duros y letales.

Vayamos por partes. Estamos en presencia de una franquicia. “La vieja guardia” se va a transformar en una saga (¿trilogía?) por lo que no tomemos esta primera película como un todo, ya debemos saber que ¿lo mejor? puede estar por venir.

Segundo. ¿Quién iba a decir que la oscarizada Charlize Theron (imposible olvidar su Aileen Lee Wuornos en “Monster”) iba a transformarse en una estrella del cine de acción? Después de su excelente interpretación de Furiosa, en “Mad Max”, de “Atómica” (¿se viene un crossover con John Wick?), de “Aeon Flux” y de la saga “Rápidos y furiosos”, la sudafricana interpreta aquí a Andrómaca de Escitia, o Andy, tal como se la conoce en este siglo. Y, realmente, la película no sería nada sin su impronta.

Tercero. Más allá de encasillarse en el género de acción, “La vieja guardia”, por fin, es una película empoderada. Protagonizada por mujeres, Theron y la joven Kiki Laine, con la directora Gina Prince-Bythewood y con una pareja gay en el grupo de combate, está claro que ya no es un género protagonizado por hombres heterosexuales ni destinado a ellos. Bienvenido sea.

En “La vieja guardia”, Andy (su look tiene todo lo necesario para ser considerado un homenaje a la Trinity de Carrie-Anne Moss en “Matrix”) lidera un grupo de combatientes inmortales. Sí, no mueren (o lo hacen luego de miles de años) y entran en acción con misiones especiales y el objetivo de lograr un mundo mejor. La inmortalidad, se sabe, es uno de los grandes mitos de la humanidad y hay quienes sueñan con ella todos los días. Pero no es fácil ser inmortal. No es fácil vivir con lo que eso significa y es allí cuando el personaje de Theron crece y humaniza lo que podría ser una simple heroína de acción. Con miles de años encima (nunca se especifica en realidad cuántos acumula) tiene claro que primero hay que saber sufrir.

Nunca es sencillo llevar un comic a la pantalla grande. Hay cientos de ejemplos que naufragaron más allá de las buenas intenciones. Tal vez por eso, y luego de hacerse con los derechos, los productores lo primero que hicieron fue llamar al avezado Greg Rucka y al argentino Javier Fernández, autores de la historieta, quienes tuvieron un papel fundamental en la escritura del guión. Los dos cuentan con grandes antecedentes en el campo, no sólo por haber reflejado a varios héroes de Marvel, entre ellos uno de los mejores Punisher de la historia, sino por haberse encargado además de páginas de Superman y de Batman. Nada de improvisación.

Prince-Bythewood no pretende un relato basado en simples escenas de acción. Es más, se nota que no es su fuerte, aunque obviamente las hay y son buenas. Arriesga por ejemplo con musicalizar con pop estilo Enya, cuando la batalla pide a gritos rock metálico, pero son estilos. Y en el medio, el drama de cada uno de los personajes. La directora se toma su tiempo para presentarlos (¿ya hablamos de una trilogía, no?) y desarrollar debilidades y fortalezas de este grupo único.

En esta primera parte, el grupo enfrenta al CEO de una industria farmacológica, presentado como una mezcla de Steve Jobs y el Lex Luthor de “Batman vs Superman” (definitivamente, es lo más flojo de la película). Él pretende hacerse con los ADN para obtener la inmortalidad y venderla a quien más pague. Al mismo tiempo, Andy y compañía deben rescatar a la nueva integrante del grupo, la Nile Freeman de Kiki Layne, que tiene demasiadas preguntas al descubrir sus nuevos poderes. En el medio, amores, traiciones y acción (no demasiada, ya se dijo) para una buena película que tiene todo para crecer. El enfrentamiento que se presagia al final ya es suficiente como para esperar la segunda parte.

Película / por Netflix

Buena

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