El Ojo Crítico: “Mordechai”

Uno de los mejores discos del año.

11 Jul 2020 Por Guillermo Monti
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KHRUANGBIN. DJ Johnson, Laura Lee Ochoa y Mark Speer, desde Houston hacia el universo.

MUY BUENO

SPOTIFY / APPLE MUSIC

¿Está muerto el rock? Responde Simon Reynolds, todo un pensador de la cultura contemporánea: “no, está frizado. Va a volver cuando consiga fundirse con música de China y de la India”. ¿Cuándo será eso? “Imposible saberlo” Nada prueba que los integrantes de Khruangbin sean devotos lectores de Reynolds, pero lo seguro es que recorren esa senda conceptual desde el inicio. Los primeros discos del trío (“The universe smiles upon you” y el fantástico “Con todo el mundo”) despliegan un asombroso abanico sonoro netamente cosmopolita. Khruangbin es una esponja que cataliza melodías, armonías y ritmos provenientes del Caribe, de Asia y de África y los devuelve en forma de canciones tan ricas como eclécticas.

“Mordechai”, flamante disco del trío que hace base en Houston, amplía la búsqueda de Khruangbin hacia un nuevo espacio: el vocal. Si en los trabajos previos la experimentación se focalizaba en lo instrumental, aquí se libera la poética de la bajista Laura Lee Ochoa y son sus versos, breves, casi estribillos que se repiten como mantras, los que les proporcionan otra densidad a los temas.

Al sonido de “Mordechai” lo define la guitarra de Mark Speer, un adicto al reverb que por momentos emula a Carlos Santana (“Father bird, mother bird”) para después desatarse en plan jazzero (“One to remember”) y cerrar el disco a puro sentimiento (“Shida”).

Desde que Khruangbin vio la luz se desató la cacería de algún rótulo, justamente para una banda que no encaja en ninguno. Es funk, claro, marcado por la batería de DJ Johnson; y es dub, por supuesto; y podría seguir la suma de partes que no esquivan la psicodelia (por momentos se percibe al juguetón espectro de Syd Barrett en los arreglos) ni algún cachito de soul. Pero la clasificación no le hace honor al espíritu libre que Khruangbin cultiva con esmero, tomando cosas de allá, mezclándolas con las de acá y generando una world music plena de frescura y de originalidad.

Al video de “Time (you and I)” lo protagonizan el comediante Stephen K. Amos y Lunda Anele-Skosana y es tan catchy como el tema en sí mismo, puro groove en plan funk-disco.

“Connaissais de face” es una charla en francés, como para no olvidar que Khruangbin es una banda multilingüe y, por consiguiente, universal.

Además, “Mordechai” significa para Khruangbin el salto a una masividad que, más que pretendida, llegó por decantación. Apenas editado, el disco se metió en el top ten del chart británico. Tres singles hicieron el trabajo de base, limpiando el terreno y agitando expectativas. El mejor es “Pelota”, un tablao funk en el que Lee Ochoa hace honor a sus raíces, desnuda su introspección y canta en español (“soy una pelota/una pelota de hollín./Yo estaba perdida/en una casa surreal./Me convertí en demonio/quien tuvo una semilla./La semilla fue cargada/por la ayuda de mi familia”).

Bonus track: Diosque exprime penas y acusa: “mentirosa”

“Mentirosa/has sabido jugar con mi corazón./Has sabido revolver/mi herida cruel mentirosa”, se lamenta Diosque, pero sin dar la cara: juega al fantasma refugiado en una sábana mientras Marina Griffiths rasguea la guitarra. En pleno invierno pandémico, el tucumano entregó un tema/video/refugio para corazones heridos. Imperdible en YouTube.

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