Día a día en el Congreso

08 Jul 2020
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Apertura

El 24 de marzo de 1816 fue el día de la instalación del Congreso, que se anunció al alba con 21 cañonazos. Los diputados se reunieron en la casa de Francisca Bazán de Laguna, habilitada ya para las sesiones, y luego marcharon al templo de San Francisco. Allí se rezó una misa, “implorando las divinas luces y auxilios”.

De vuelta en el recinto, el diputado Pedro Medrano, elegido presidente provisorio, prestó juramento ante el colega de más edad, y luego recibió el juramento de los demás. Se firmó después el decreto de instalación del cuerpo; se nombró secretarios a los diputados Passo y Serrano, y se aprobó la fórmula del juramento a la soberanía del Congreso, que debían prestar el Director Supremo, los gobernadores y los generales de los ejércitos.

Al día siguiente, asistieron a un nuevo oficio en San Francisco, donde la homilía estuvo a cargo del padre Manuel Antonio Acevedo, diputado por Catamarca. Más tarde, se fueron aprobando los diplomas y, en las jornadas que siguieron, se resolvieron cuestiones reglamentarias: por ejemplo, que la presidencia rotaría mensualmente entre cada provincia.

Después, se fueron poniendo a consideración del cuerpo los más diversos asuntos.


Pueyrredón en el Directorio

Así, el Congreso “agotaba sus casi diarias sesiones en discusiones ociosas sobre tratamientos y diplomas, cartas de ciudadanía, tentativas de empréstitos, que resultaban sablazos al comercio español, para pagar empleados y tropas, envío de comisiones a las provincias subvertidas o rebeldes; lecturas y comentario de oficios, generalmente desconsoladores, de los gobiernos o del ejército”, sintetiza Paul Groussac.

El acto más importante del Congreso, antes de la declaración de la Independencia, fue el nombramiento de Director Supremo en la persona de Juan Martín de Pueyrredón, el 3 de mayo de 1816.

El cuerpo, ni bien reunido, había visto amontonarse sobre el escritorio decenas de presentaciones sobre los más distintos aspectos de la cosa pública. No todos merecían la misma atención. Para ordenar esa masa de material      -narra Jorge Mario Ramallo- el diputado Gazcón logró que se aprobara la creación de una comisión para establecer “las materias de primera y preferente atención”. Esto ocurría el 29 de mayo.


Modo de votar

Pero también era necesario establecer qué cantidad de votos se necesitaba para definir asuntos de “gravedad notoria, como sería especialmente el caso de la declaración de la Independencia y entable (sic) de forma de gobierno”. La cuestión se debatió largamente en las sesiones del 3 al 5 de julio. El diputado Tomás Manuel de Anchorena advirtió que sería nulo lo que se decidiera “sin acordar antes, por un convenio de todos los representantes, los votos que debían hacer sanción”, en resoluciones tomadas “en materias importantes y de graves consecuencias”.

Todo esto sería discutido el 8 de julio. Se resolvió finalmente, y no sin trabajo, que en los asuntos “constitucionales o de ley” era necesario “un voto sobre las dos terceras partes sobre la sala plena”; y si alguna provincia reclamara sobre “diferencias de límites, divisiones de jurisdicciones respectivas”, se usaría el criterio del artículo 9 de la Constitución de Estados Unidos.

Dos días antes, en sesión secreta, el cuerpo había escuchado el informe de Manuel Belgrano sobre el fortalecimiento de los reyes en Europa, y su opinión de establecer, en las Provincias Unidas, una “monarquía temperada, en cabeza de algún descendiente de los incas”.


(Capítulos del libro: “El Congreso de la Independencia -Antes, durante y después”. Editado por LA GACETA en 2016. Autor de los textos Carlos Páez de la Torre -h-)

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