El cuerpo no habla en tiempos de pandemia

El tapaboca limita nuestra expresión no verbal y también nos transforma la voz.

03 Jul 2020 Por Lucía Lozano
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Cruzarte en la calle con alguien conocido y que esa persona te sonría es un gesto muy valioso. El frunce de la nariz. O cualquier mueca con la boca. Son expresiones que a veces cuentan mucho más que las palabras y que, en tiempos de pandemia por coronavirus, se han visto limitadas. Porque el uso del tapaboca nos protege frente al virus y eso es lo más importante ahora. Pero no por ello tenemos que perder de vista que las mascarillas reducen a la mitad nuestra comunicación no verbal.

Hugo Lescano, director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal, explica que hay expresiones universales, como la sorpresa, la felicidad, el miedo, el enfado, la tristeza y el asco, que se transmiten y pueden percibirse por la información facial. Los ojos, la nariz y la boca son fundamentales.

“Taparnos la mitad del rostro implica que no podemos expresar muchos de nuestros estados de ánimo: principalmente perdimos sonrisa, un elemento que da confianza y que acerca a la persona. A esto se suma que no podemos abrazar, dar una palmada amigable, estrechar las manos, besar ni saludar. Esta suerte de veda afectiva se ha transformado en disparador cotidiano de angustias y ansiedades”, sostiene Lescano.

La comunicación no verbal es algo intuitivo, además de ser una parte natural con la que contamos como seres humanos. Nadie nos ha enseñado a “hacer gestos”. Sin embargo, ¿esto se puede modificar o aprender? “Por supuesto. El lenguaje no verbal se aprende, nosotros somos expertos en ello”, afirma. El especialista aclara que el uso del barbijo es temporal y por ello no será necesario modificar los gestos universales. Pero sí se pueden entrenar algunos aspectos para mejorar nuestra comunicación en estos meses de pandemia.

“Al llevar puesto un tapaboca hoy debemos aprender a observar con mucho más detenimiento los ojos. Para quienes no están acostumbrados seguramente esta situación les genera incomodidad; sienten que les falta información”, explica Lescano. El problema se agudiza cuando, aparte del barbijo, llevamos anteojos de sol. Así que tendremos que prestar más atención a la postura, los gestos, las manos y la forma de arquear las cejas.

“La comunicación no verbal es inconsciente, pero también podemos trabajarla de manera consciente para que sea más asertiva. En nuestro laboratorio de investigación el trabajo se cuadruplicó en estos meses”, contó.

Entre otras cosas, esta situación nos obliga a usar todo el cuerpo para comunicarnos. Y mucho más la voz en escenarios virtuales, que hoy se convirtieron en el lugar de encuentro de la mayoría de las personas. “En el caso del uso de teléfonos también podemos influenciar a quién nos escucha. Un buen consejo es tratar de hablar sonriendo. El impacto para quien está del otro lado es notable porque se puede percibir el positivismo”, resalta Lescano.

La voz bajo una tela

“No te escucho, ¿podés repetir?”. La frase se ha vuelto muy común en estos días de charlas con tapaboca. Karina Ramallo, fonoaudióloga, nota mucha rigidez a la hora de comunicarse. “Se nota que la mascarilla es una molestia: nos transforma la voz, se pierde mucha información”, remarca. Y sostiene que es necesario que nos esforcemos cuando hablamos y sobre todo “exagerar” con la modulación. Y prestar atención a la prosodia: los rasgos sonoros, el acento, la entonación, el ritmo, la melodía que le damos al habla.

Cristina Cuozzo, fonoaudióloga, agrega estas recomendaciones: “no hay que gritar, pero sí disminuir el ruido de fondo, respetar los turnos en el discurso para evitar superposición que dificulte la comprensión y, en lo posible, no hablar mientras vamos caminando”.

Soledad Valenzuela, docente de teatro y expresión corporal, admite que salir con tapaboca implica que perderemos un importante facilitador de las relaciones sociales: la sonrisa. ¿Hay otros caminos? ¿Atajos? ¿Guiñar un ojo, alzar las cejas, respingar la cabeza? Valenzuela propone usar mucho más las manos para comunicar y la mirada, que es una de las fuentes más importantes de las emociones. “Hay que hablar con todo el cuerpo. Ya no nos vemos a la cara de la misma forma, ni nos escuchamos igual. Hay que observar al otro en su totalidad”, aconseja.  

Las mascarillas son una buena oportunidad para tratar de conectar con los demás de otra manera. Si no podemos sonreír ni abrazarnos ni darnos un beso, ¿de qué manera podemos demostrarle a alguien que estamos felices de verlo? Tal vez una buena forma sea regalándole un pequeño bailecito de bienvenida. O uno se puede reír más fuerte y decir lo que piensa, en vez de simplemente escuchar y responder con gestos de la cara.

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