La Patria en las aulas: la mazamorrera y el aguatero, en peligro de extinción

El típico acto escolar del 25 de Mayo ya no es lo que antes era. Los nuevos abordajes educativos buscan el pensamiento crítico y una mirada más localista.

26 May 2020 Por Julio Marengo
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CAMBIOS. Las escenas típicas de los actos escolares comenzaron a cambiar y a adoptar nuevas miradas.

El señor con galera y la dama con paraguas. French y Beruti repartiendo escarapelas. Las mazamorreras, las lavanderas. El aguatero, el vendedor de velas, la vendedora de empanadas. Telas a lunares, corcho quemado, lluvia, el Cabildo, adoquines, Buenos Aires, el pueblo quiere saber de qué se trata. ¡Viva la Patria!

A fuerza de repetición de esos personajes en los actos del 25 de Mayo hemos aprendido a lo largo de décadas el proceso independentista de la Argentina. Una versión “romántica”, como la describe el historiador y ministro de Educación tucumano, Juan Pablo Lichtmajer; “simplificada”, que pasa por alto tensiones y realidades de la época, según la mirada de la historiadora, docente y directora de la Casa Histórica, Cecilia Guerra Orozco. Pero también sometida a revisión y a análisis crítico.

Desde hace algunos años que viene cambiando el paradigma de enseñanza de las fechas patrias, analizan los dos especialistas que conversaron con LA GACETA en ocasión del 210° aniversario de la Revolución de Mayo. Lo que se busca, por un lado, es salirse de la “anécdota”, de la fecha puntual, para darle una perspectiva más amplia. Y también de lo que se trata es de derribar algunos mitos y, sobre todo, prejuicios implícitos en la manera tradicional de contar la historia de la independencia del país.

“Los nuevos enfoques de las ciencias sociales buscan enseñar la historia como un proceso, no con la efeméride. El acto del 25 de Mayo, entonces, no es un fin en sí mismo sino la consecuencia de lo que se ha aprendido y reflexionado en el aula”, explica Guerra.

Esta recreación de la época y de los sucesos vinculados a la independencia, repleta de imágenes que no podrían contrastarse con lo que verdaderamente se vivió en las calles de ese naciente país, es lo que los historiadores llaman un “mito fundacional”, presente en todas las naciones como un dispositivo para afirmar -o crear- la identidad.

“Que haya estado lloviendo es una probabilidad, por la época del año, pero no una certeza -indica Guerra Orozco. Que hayan tenido paraguas es muy poco probable, porque en la época lo que había eran sombrillas para protegerse del sol, y sólo para las clases altas, porque era un elemento de lujo. También se duda de la presencia de vendedores esclavos en las afueras del Cabildo, porque era un contexto de mucha tensión, no era una ‘fiesta patria’, sino más bien un enfrentamiento”.

Quienes sí existieron, cuenta la docente, fueron French y Beruti. Pero no hay pruebas de que estuviesen repartiendo escarapelas. “Eran dos jóvenes entusiastas de la revolución -comenta Guerra Orozco- que estaban colocando distintivos. Pero sobre todo para saber quién era quién, quién estaba a favor y quién en contra de la revolución. Para que los patricios -que defendían a Saavedra como líder de la Primera Junta de Gobierno- supieran a quién atacar”.

“El pueblo quiere saber de qué se trata” es también un grito que para los historiadores suena más a un eslogan que nació en los libros antes que en las calles. “Los sectores más populares eran bastante ajenos al proceso de independencia. “No están empapados de la cuestión porque la educación es para pocos, son los menos los que lograron alfabetizarse. En Tucumán, en ese momento, el 90% de la población era analfabeta”.

Estereotipos

Los cambios en los modos de enseñar la historia argentina en las escuelas surge de la necesidad de visibilizar ciertos aspectos que quedan ocultos en esos mitos fundacionales, que si bien son imprescindibles para el desarrollo de una conciencia nacional, también reproducen estereotipos.

“De lo que jamás debemos prescindir en educación es del pensamiento crítico. Todas las naciones tienen sus mitos fundacionales, pero también es necesario tener una aproximación crítica a esos mitos, analizar las cuestiones de fondo que plantean o que ocultan: las tensiones entre Buenos Aires y el interior, las desigualdades, el lugar que ocupaba la mujer en la sociedad... son cosas que hay que reflexionar y muchas veces la mirada romántica no expone esas aristas del proceso”, opina Lichtmajer.

Entre los cambios que vienen proponiendo los ministerios provincial y nacional de Educación figura un anclaje más local de las ciencias sociales: investigar, pensar y enseñar cómo se vivía el proceso de independencia desde Tucumán, con una realidad profundamente distinta a la de Buenos Aires.

Mirada local

“El propio Cabildo, por ejemplo- es una imagen con el que en Tucumán no nos identificamos, y es un emblema que da cuenta de la centralidad porteña con la que se enseñó el proceso de mayo. Por eso se busca ahora indagar más sobre cómo era nuestro territorio en esa época, qué participación teníamos. Tucumán en esa época se destacaba por la construcción de carretas para trasladar bienes desde y hacia el puerto, pero jamás tuvo, hasta el 9 de Julio de 1816, protagonismo en la lucha independentista. Entonces no se trata de una lucha ‘nacional’, sencillamente porque no existía una nación ni un sentimiento de argentinidad, era todo más regional. Esa ‘argentinidad’ es lo que vienen a crear estos mitos fundacionales”, explica Guerra, que fue asesora pedagógica del Ministerio de Educación antes de asumir como titular de la Casa Histórica.

“Muchas veces -reflexiona Lichtmajer- la historia de la nación no deja ver la historia de las provincias que la componen, que de hecho son preexistentes. Por eso la importancia de sumar Historia y Cultura de Tucumán a la currícula educativa en la provincia. Y también la apertura de que las escuelas y colegios aborden los temas con libertad y que hagan sus propuestas: el 25 de Mayo se puede contar con un juego, con una obra de teatro, con un videoclip”.

La falta de crónicas con datos certeros del espíritu de las calles de Buenos Aires hace que deba mirarse con lupa los datos históricos que durante décadas se dieron por ciertos, pero de los cuales no hay pruebas claras. “La historia que enseñamos por años fue la escrita por el propio Bartolomé Mitre, y la que se solía representar en los actos más tradicionales. Pero el revisionismo histórico lo pone en cuestión y surgen los abordajes más críticos”, finaliza Guerra Orozco.

Mitos y verdades

- La lluvia. Es probable, por estadística climática, que la semana del 25 de mayo de 1810 haya llovido.

- Los paraguas. Poco probable porque no existían las telas impermeables. Había sombrillas, pero para protegerse del sol.

- French y Beruti. Eran militantes independentistas, que repartían distintivos (se cree que unas cintas largas) para identificar a los partidarios de la revolución.

- Los vendedores ambulantes. Poco probable que hayan estado presentes en el Cabildo, porque era más una manifestación tensa que una fiesta popular.

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