De Miami a Tucumán: el relato de un repatriado en primera persona - LA GACETA Tucumán

De Miami a Tucumán: el relato de un repatriado en primera persona

Vilaró Nadal, que estaba trabajando en EEUU, compartió su experiencia y dio consejos para quienes estén por volver al país.

19 May 2020
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EN EE.UU. Vilaró Nadal estaba trabajando cuando surgió la pandemia; hoy es su cumpleaños, y está en cuarentena total.

Capítulo I: La partida

4:30 PM. Salimos de Miami (Estados Unidos) en un vuelo de repatriación con pasajes comprados a la empresa Eastern Airlines. Nos llevaron en un bus directo a la pista de despegue, sin pasar por el aeropuerto. Nos hicieron los controles de equipaje, nos tomaron la temperatura y otra serie de protocolos. Estuvo bastante mal organizado; nos mantuvieron esperando en los buses por horas, todos amontonados. Hasta que bajamos, y hubo que comenzar con el famoso “social-distancing”. Había en total cinco buses con gente viniendo de distintas situaciones y de distintas partes del país. Niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. Finalmente logramos subir al avión, donde esperamos un tiempo más.
Cuando finalmente despegamos ya habían pasado cuatro horas desde que el vuelo debería haber salido, según lo programado.

El viaje estuvo tranquilo. A las horas de subir nos ofrecieron el servicio -agua, café y gaseosas- y nos dieron una vianda con un sándwich, barra de cereales y ensalada de frutas. Recomiendo llevar agua extra y algunos “snacks”, ya que no te sirven nada de nuevo hasta horas después de la primera vez, y no se puede pedir.

Capítulo II: Llegada a Ezeiza, Buenos Aires
2.50 AM. La llegada a Ezeiza fue tranquila, dentro de todo. No hubo mucha demora. De nuevo, se ponen súper locos con el bendito e incoherente “social-distancing”, y me di cuenta de que en todas partes les encanta usar el término cuántas veces sea posible y en un tono bastante autoritario. Salimos del avión y nos rociaron con desinfectante por todos lados. Luego pasamos por una breve fila de a 10, donde te toman la temperatura corporal con un sistema instalado. Y claro, hay que respetar la distancia social, peeeero... a los 5 minutos estás haciendo la fila para migraciones, donde no se la respeta para nada. Pasás a retirar el equipaje y de ahí salís por donde “controlan” las valijas con rayos x.

Llegás a la puerta del aeropuerto en arribos, donde hay gente del Ministerio de Salud esperando en unos escritorios con una vianda con sándwiches, caramelos y alfajores, y te dan una pequeña botella de agua. Esto es para el viaje, en teoría, así que evita consumirlo. Recomiendo fuertemente conseguir toda el agua posible y más comida. Hay unas máquinas vendedoras que aceptan tarjetas.

Capítulo III: Travesía Ezeiza-Tucumán
6:35 AM. Me tocó el micro que va al norte, con unas 20 personas más. Gente que iba a Catamarca, Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán. El colectivo era semicama en la planta alta y “business class” en planta baja. Recomiendo, en lo posible, estar adelante de la fila, así podes elegir y sentarte en los pocos asientos cómodos e individuales que hay. Suben a la gente por orden en la fila afuera y los asientos son libres. Vas a agradecer ese asiento que consigas, luego de las 25 horas (mínimo) de viaje.

Salimos de Ezeiza. El viaje fue largo, bajo las peores condiciones posibles en los tiempos que corren. Spoiler alert! El colectivo no tenía agua para proveernos y tampoco existía la posibilidad de parar para comprar. Le ofrecimos al chofer darle el dinero para que nos hiciera el favor de ir él, porque claramente el problema sería que bajemos los repatriados. Pero no quiso o no pudo.

El baño del micro no tenía jabón ni toallas de papel (sí, el tema de la incoherencia, una vez más). Sólo había un dispenser con alcohol en gel, y pasadas las horas se ponía más y más asqueroso. Evité ir al baño lo más que pude, y cuando tuve que hacerlo me bañé en alcohol al salir. Además, contuve la respiración mientras estaba adentro.

El recorrido que hicimos fue Ezeiza – Catamarca – Santiago del Estero - Tucumán, adonde me bajé. El micro siguió hacia Salta y Jujuy. Creo que tuvimos suerte. El viaje duró -sólo- 25 horas. Escuché que anteriormente venía durando hasta 37 horas. Durante el trayecto paramos un par de veces por los controles, y dependiendo la provincia en la que estábamos, el protocolo era diferente. En Santiago y en Catamarca había gente, médicos asumo, con el traje “covid-19” esperando para llevar a los viajeros a sus casas, en ambulancias

Capítulo IV: Terminal de Tucumán
7:55 AM. Arribamos a Tucumán. Después de 25 horas de viaje, llegamos a la terminal de ómnibus. Nos recibieron médicos del Ministerio de Salud, y nos sentaron en un área cerrada a esperar a que llegara la gente con el equipo de hisopado para hacernos el test, antes de partir al hotel. Mientras tanto, nos pidieron datos y la dirección de donde vamos a hacer el resto de la cuarentena. Finalmente llegaron en una ambulancia y se procedió al hisopado. Spoiler alert!: es incómodo pero rápido. Te meten un hisopo largo en la nariz hasta el fondo, por cada orificio y luego otro en la garganta.

Capítulo V: Hotel Cuarentena
10:35 AM. Concluido el hisopado, nos subieron a un bus (¿Distancia social? ¡Nah!) para llevarnos al hotel. Hotel prometido: Catalinas Park. Si no podés pagar el hotel -más adelante sobre esto-, te mandan a un albergue u hospital con camas. Llegamos al hotel Carlos V (?). Se llevó a cabo todo un operativo para cortar la calle y hacernos entrar al hotel. Fue entre gracioso y triste a la vez, pero entendible. Nos esperaron médicas del Ministerio de Salud -súper amables y comprensivas- y nos explicaron el protocolo a seguir. Nos dijeron que vamos a estar acá cinco días. Al quinto día nos van a hacer otro hisopado, y si sale todo, bien nos podremos ir a nuestro lugar para continuar con la cuarentena por otros 10 días.

Datos importantes. El costo del hotel es $1.000 la noche, y no incluye nada. Sólo un papel higiénico ya abierto. Te dan las cuatro comidas (courtesy by el Ministerio de Salud): desayuno/merienda: dos tortillas y un té; y almuerzo, que depende de si sos veggie o no. Hasta ahora, a los veggies nos dieron verduras hervidas con queso, más arroz. Ayer fue tortilla de verduras con arroz y verduras. Hoy un zapallo relleno con ensalada; no está mal, pero también tenes la opción de pedir delivery entre 10 y 12:30 o entre 18 y 20. Pedí una merienda que llegó a tiempo al hotel, pero se demoraron un par de horas en subírmela, así que fue postre.

Nota #1: son los médicos los encargados de subirnos las comidas y envíos de familiares/amigos, por ahí no están disponibles y por eso puede tardar.

Nota#2: suben vestidos de “coronavirus”, te dejan las cosas en una silla que está afuera de la habitación y se van corriendo antes de que logres abrir la puerta. Quizá estoy exagerando un poco pero es casi así. Es entendible, supongo. Nos toman la temperatura diariamente para control y nos preguntan cómo estamos. Repito, ¡las doctoras son lo más!

Cuando llegué tuve que pedir toallas porque necesitaba ducharme; no daba más del largo viaje. Si querés extra toallas, son $300; papel higiénico, $50 el rollo. Podés no pagar nada de esto y esperar unas horas a que tu familia te traiga todo lo necesario para los días en hotel. Fundamental: agua. No te dan agua ni pava eléctrica.

Capítulo Final

Hablando en serio, y fuera de broma, se agradece mucho estar de regreso; sólo siento que las condiciones de viaje podrían ser mejores. Sobre todo por una cuestión de higiene y de salud. ¿Quizás habilitar los trenes podría ser una buena solución? Eso sí: estoy absolutamente de acuerdo con seguir con todos los protocolos, como corresponde, para garantizar que se deje de expandir el virus. Sí espero que se cumplan un poco mejor -la distancia social, por ejemplo- para que así tengan sentido. Es un problema que he notado tanto acá como en Estados Unidos y, por lo que hablo con amigos, pasa en todo el mundo.

Estoy totalmente agradecido con mi empresa y la Embajada de Argentina que finalmente y luego de dos meses lograron ubicarnos en estos vuelos para regresar al país.

Acá en el hotel no nos podemos quejar, nos están atendiendo muy bien, todos los médicos y la gente de recepción se están portando de maravillas.

ANTES DEL COVID-19. El tucumano se desempeñaba como Stage Manager para la compañía americana Norwegian Cruise Line.

Sobre el autor

Carlos Vilaró Nadal es tucumano, egresó del Instituto Herman Hollerith y estudió Dirección de Cine en la Universidad Nacional de Tucumán. Después de trabajar un tiempo en Buenos Aires, comenzó una carrera en el departamento de entretenimientos de una compañía de cruceros estadounidense. Se mudo y vivió un tiempo en Canadá, donde estudió y trabajó en artes escénicas, en el Banff Centre for Arts and Creativity. Dirigió producciones audiovisuales de diversos formatos (publicitarios y artísticos) y también formó parte de varias producciones teatrales. Hasta antes de su regreso, se desempeñaba como Stage Manager para la compañía americana Norwegian Cruise Line. Hoy, 19 de mayo, cumple 35 años.

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