Un vistazo a ese futuro tan incierto

Entre la esperanza y la adivinanza. Así está el deporte, sin tener absoluta certeza de qué pasará mañana. Lo cierto es que, cuando todo vuelva, habrá grandes cambios

16 May 2020 Por Carlos Werner

Advertencia: si usted está habituado a una forma de ver, sentir y practicar el deporte, esta nota, sometida a los tiempos del coronavirus, no hablará de ello.

Si llegó para quedarse es algo que sólo los especialistas podrán determinar. Por el momento, hay que asumir que la covid-19 está presente. Y que nos cambió a todos.

Estamos a mediados de mayo y, hasta hace un tiempo, el deporte era una explosión de actividades a esta altura del año. Sin importar en qué hemisferio se vive. Sin contemplar qué actividades se efectúen. Estos días que vivimos en el presente son otra cosa. Y los que vienen, ni hablar.

REINO DE STREAMING. La catarata de eventos podrá seguirse cuando se lo desee.

El regreso deportivo, se sabe, será con obligaciones (lo está siendo en los lugares donde se está volviendo). Deportistas, oficiales, incluida la prensa, tendrán que someterse a controles de temperatura antes de competir, asistir o cubrir los espectáculos. Y a tests rápidos para determinar si se está infectado. Hay más: fronteras con todo tipo de barreras y medidas. Medios de transporte, hotelería, lugares para alimentarse, con restricciones. Lo que es más serio aún: tendremos que estar preparados psicológicamente para lidiar con un posible positivo. Nosotros y nuestro entorno.

Entramos en casos específicos. Un fútbol sin besos a la pelota, ni abrazos ante un gol, ni intercambio de camisetas. Con barbijos para los que no estén jugando, con declaraciones a distancia. Nada de escupir, ni limpiarse la nariz, ni compartir botellas para hidratarse. Con público ausente (ya lo oímos) los sonidos son otros. Los piques de la pelota, los gritos de los jugadores…

Pandemia mediante, la mayoría está tratando de salir adelante como puede, según las herramientas y posibilidades que maneja. Con el temor a cuestas.

CONTACTO. Jugadas como el scrum generan dudas para la vuelta del rugby.

¿Imaginan un rugby sin contacto entre jugadores? Será una realidad en las prácticas al regreso. Créanlo. Eso, estar piel contra piel, sudor contra sudor, en una disputa deportiva, es algo que hoy asoma como imposible. Las generales de la ley pueden aplicarse a disciplinas colectivas. Hockey, básquet, voley, handball, futsal…

Esto de los altos niveles de contacto es todo un tema. Hay que hacer ejercicios mentales para encontrar cuáles no los tienen. Tenis, golf, deportes náuticos y ecuestres que no sean en conjunto, el pádel, el ciclismo y sus variantes, las actividades mecánicas. No pretende ser esto una enumeración rigurosa. ¿Están estas disciplinas en ventaja para un eventual regreso con respecto a otras, tales como las artes marciales? Todo indica que sí.

Protocolo. Palabra de moda. Así como en otras actividades, en el deporte sus consideraciones son puntos sine qua non para ver “si se puede” habilitar alguna práctica, previsible lupa sanitaria mediante. A esta altura, no hay actividad deportiva que no esté armando su protocolo… Hojas y hojas explicando los qué, cómo, cuál, dónde y por qué. En fin.

Vale una reflexión: protocolo no es igual a cumplimiento efectivo estricto de las reglas que en él haya. No al menos en la práctica. Las costumbres son difíciles de erradicar, hay mucho trabajo para hacer al respecto. ¿Cómo evitar el imán de dar un abrazo o un beso cuando de saludar a un rival se trate? Si hago un gol, ¿no buscaré festejarlo con mis compañeros?

Están los que quieren apurar todo. Los cautos que ven a septiembre como la Meca. Los apocalípticos que hablan de año perdido. ¿Cómo lograr un punto de equilibrio, algo que contemple a la mayor cantidad de voluntades e intereses, sin incurrir en decisiones erróneas que después puedan traer males mayores? En eso se está trabajando. Nadie quiere, ni debe, dar un paso en falso.

La catarata de suspensiones abrirá, por otro lado, un vendaval interminable de eventos a corto plazo, si la reanudación de acciones se hace posible. Como la canción de Los Beatles, ocho días a la semana. Está por verse, pero eso puede llegar a convertirse en un bumerán para los intereses económicos imperantes. Sobre todo, por los derechos televisivos, el sponsoreo, los contratos colectivos e individuales.

Asoma un horizonte de deportes subsidiados, con recambio generacional obligado, con despedidas prematuras. Una competencia feroz por cada segundo de TV, centímetro en la prensa gráfica, espacio en los medios digitales. Se viene la consolidación del reino del streaming, del espectáculo sin después ni cuándo. Hoy un triunfo, mañana una derrota, pasado un empate.

En la Argentina, llegando ya a los dos meses de aislamiento preventivo, social y obligatorio, con una cantidad de contagios que aumenta diariamente, y sobre todo estando los principales centros urbanos del país complicados por la cantidad de casos, asoma una pregunta impiadosa: ¿es moralmente válido pensar en volver al deporte con tanto sufrimiento cercano? Por extensión, surge otro planteo: tratándose de un país cuya cabeza en varios sentidos está en Buenos Aires, ¿seremos capaces de desarrollar intereses comunes en el interior sin ese centro que hoy sufre la peor parte de la pandemia?

Este mundo incierto que se abre día a día, tiene en algunos países y su retorno poco a poco a la normalidad un pequeño bálsamo. Pero nuestro horizonte, el argentino, es el que lleva a poner pies en la tierra. “Va para largo”, dijo hace algunos días el ministro de Salud, Ginés González García. Vale la pena citarlo de manera textual: “Pese a ser un siglo hiper tecnológico, tenemos un nivel de incertidumbre notable. Y mucho de lo que se dice, al otro día no es válido. Tiene cierta similitud con una esperanza o adivinanza. Una pandemia de esta magnitud se termina con un aislamiento social muy duro, por un largo tiempo, o con una vacuna. Hoy sólo queda aplicar la cuarentena. El éxito hoy no es no tenerlo, el éxito es controlarlo y que nadie se quede sin atención porque el sistema de salud fue superado”.

Que quede claro: en el deporte, como en todas las manifestaciones sociales, hay que adecuarse a cada una de las etapas y cumplirlas. Si no lo hacemos, vamos a volver para atrás. Y si en el deporte hay que volver a las fuentes (ver nota aparte), habrá que hacerlo. Un proverbio oriental dice que el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora.

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