De deportistas a conferencistas

Cuando la carrera llega a su final surge la pregunta: ¿y ahora qué? Los “atletas jubilados” toman caminos muy variados.

15 May 2020 Por Mariana Apud

Octubre de 1999, Gales, Copa del Mundo de rugby. Los Pumas fueron la sorpresa: llegaron hasta cuartos de final. Por primera vez pasaban la ronda de grupos, eliminaron a una potencia como Irlanda y además tuvieron al goleador del torneo: Gonzalo Quesada. El apertura, al igual que sus compañeros de aquel entonces, pasó por una previa convulsionada. La lista de complicaciones tenía desde cambios de técnicos, pasando por problemas dirigenciales y terminando con malos resultados. El ánimo con el que llegaban al Mundial no era el mejor, sin embargo fue el ideal para el primer gran llamado de atención que Los Pumas hicieron al mundo del rugby. El puntapié para que la World Rugby destinara dinero hacia Argentina. El comienzo para que el Tres Naciones sumara un nuevo equipo y se convirtiera en el Rugby Championship. También para que en la creación del Súper Rugby una franquicia argentina fuera tenida en cuenta. Quesada, además de ser director técnico de Jaguares, el equipo que representa al país en esa competencia, es actualmente un activo conferencista.

Septiembre de 2000, Sydney, Juegos Olímpicos. La selección de hockey sobre césped femenina está clasificada para pelear por las medallas, pero toda la delegación se entera de que no se “arrastran” los puntos a esa instancia. Interpretaron mal el reglamento. Días después, ese equipo se quedó con la medalla de plata olímpica.

Cuando hay hazaña, hay que hacer una cuidadosa reconstrucción del hecho porque es inesperado, una de las características de cualquier epopeya. El hockey era un deporte totalmente amateur en esos años, con gran población femenina que lo practicaba, pero que no había tenido hechos deportivos relevantes. La tarea de reconstruir el camino que llevó a esa gesta requería una búsqueda más precisa. Detalles. Entre ellos aparecía la devastación del grupo de mujeres, adolescentes entrando a la adultez, golpeadas anímicamente en medio del máximo evento deportivo.

Ese panorama es el que le tocaba enfrentar a un joven entrenador que vivía su primer ciclo como director técnico de una selección nacional. A partir de ese torneo Sergio Vigil, delgado y de baja estatura, con un apodo en diminutivo, engrandeció al hockey y al deporte argentino en general. En la reconstrucción de la hazaña, los testimonios apuntaban a “Cachito” como el generador de la energía con la que esas chicas salieron a vencer a Holanda, en aquel momento equipo subcampeón del mundo, porque si no tenían que pegar la vuelta a casa. Nacían Las Leonas.

Mucho más cerca en el tiempo, ayer Emanuel Ginóbili fue el invitado especial en la tercera y última entrega de la “Experiencia Virtual Endeavor”, un formato de difusión que se potenció durante la pandemia. LA GACETA Play fue una de las plataformas por las que se difundió la entrevista. La audiencia que recibió el testimonio y experiencia del basquetbolista campeón olímpico en Atenas 2004, subcampeón del mundo 2002 y cuatro veces campeón de la NBA fue más que nada de empresarios y emprendedores.

Hoy Vigil, como Quesada, da conferencias en muchos ámbitos más allá de los deportivos. Y “Manu”, ya retirado, fue convocado también por un ámbito ajeno al deporte. Un atleta puede desempeñarse en el alto rendimiento no mucho más allá de los 40 años. Algunos se convierten en empresarios, otros prueban con el periodismo, también con la dirección técnica. Recientemente surgió como opción la de dar conferencias.

IGUAL. Gestos, cambio de voces, con acciones con todo el cuerpo, Vigil logra captar la atención.

El impacto positivo que provoca el conferencista con pasado deportivo en el mundo empresarial viene desde un paralelismo que se puede trazar. En ese universo de las empresas los obstáculos a superar, entendidos como rivales a vencer, están presentes tanto como en el deporte. En una empresa hay líderes, al igual que en un equipo deportivo hay directores técnicos. El éxito y la búsqueda de la excelencia son los objetivos en ambas actividades. La trascendencia que logran los éxitos deportivos llaman la atención y en el ámbito empresarial nace el convencimiento de que esas estrategias de triunfo pueden replicarse con igual resultado.

Una estrategia con la ovalada

“Tanto en el deporte como en las empresas hay que tener un plan estratégico. Saber hacia dónde querés ir”, comenta José Molina. Él organizó la conferencia que Gonzalo Quesada, entrenador de Jaguares, dio en octubre pasado en la Sociedad Rural tucumana. Entrenador de rugby desde hace más de 30 años, Molina trabaja en diferentes organizaciones y empresas en el área comercial. En Quesada vio lo necesario para instruir sobre manejo de equipos y dinámica de grupos. Más allá del enorme talento que Quesada desplegó en la cancha y en la dirección técnica, el ex jugador formado en Hindú tiene un impresionante currículum académico que, entre otros títulos, incluye una diplomatura en Manager-Entrenador de la Fédération Francaise de rugby et Ministérie de sports. “Su experiencia, consideré, podía ser útil para dueños de empresas, empresarios, gerentes, mandos medios y, por supuesto, deportistas”, detalló Molina. La disertación tuvo el cupo lleno y se denominó “Conferencia de Liderazgo, Managment y Gestión de Equipos”. “Gonzalo ya la tenía armada. Fuimos conversando para adaptarlo; salió muy bien porque se relacionó mucho el rugby, lo deportivo, y la empresa”, remarcó. Molina agregó un concepto que considera clave en el manejo empresarial de grupos: “trabajar en relaciones productivas donde la empatía juega un rol muy importante. Hay que tener la capacidad de dar al otro para lograr el éxito de tu equipo”.

El miedo bien entendido

Para mucha gente, reconocer que tiene miedo de algo puede ser vergonzoso. No para Daniel Hourcade. “Es un miedo bien entendido”, vale la aclaración que hizo. ¿Y cómo sería? “Creo que potencia los sentidos y hace que uno se prepare de la mejor manera”, describió. Hourcade es convocado seguido por empresas para disertar sobre su experiencia deportiva aplicada a ese sector. No le fue fácil al comienzo, pero fue esa incomodidad la que lo motivó. “Claro que dudé la primera vez que me llamaron. ‘¡Yo! ¿Dar una conferencia en una empresa?’, fue toda una sorpresa. Estaba muy nervioso. ‘¿Les servirá, no les servirá’, me preguntaba”, recordó el gerente de alto rendimiento de Sudamérica Rugby. “Esa primera vez fue muy enriquecedora y la devolución fue linda. A partir de eso, di muchas conferencias”, agregó “Huevo”. Conocer la construcción de sus logros, que incluyen la clasificación de Portugal por primera vez a una Copa del Mundo en 2007 o haber llevado a Los Pumas hasta semifinales en 2015, también les sirve a otros porque buscan replicar los éxitos deportivos en sus empresas. No todos poseen la capacidad de transformar algo negativo, en este caso el miedo, en motivación. “Huevo” es distinto y es lógico, entonces, que se sienta a gusto con algo que no cambió. “Siempre te queda ese miedito (sic). Insisto, bien entendido”, dijo alegre.

Líderes al servicio, no jefes

“Si las empresas trabajaran en equipo como en los deportes, pero desde sus bases, serían muchísimo mejores”, explicó Milagros Correa García. La arquitecta forma parte del amplísimo staff de la Fundación Escuela de Liderazgo del Norte Argentino (ELNA) que cada vez recurre a más figuras deportivas. Para explicar este vínculo deporte-empresa, Correa García toma como ejemplo las conferencias dadas por Juan Bautista Segonds. “Lo trajimos a él porque tiene que ver con los valores que buscamos fomentar. Estuvo primero en la Escuela de Liderazgo por la que pasan 100 jóvenes de todo el NOA. Después tuvimos un desafío mayor: hicimos una charla abierta al público llamada ‘Inspirando Tucumán’. Fueron 700 personas, terminamos todos abrazados cantando nuestro Himno Nacional entre lágrimas”, relató. “Hay una invitación para volver a nuestras bases; al respeto, la generosidad. Debe haber líderes al servicio, no jefes”, resaltó. “Si el deportista no es tan reconocido, siempre lo que entusiasma es el proyecto que está detrás de esa charla. Las personas son el principal motor de entusiasmo para otras cuando realmente se trabaja con convicciones en ese proyecto. Eso es lo que se transmite y eso es lo que hace que terminen yendo a este tipo de charlas”, analizó Correa García.

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