Dengue: dudan de la efectividad de fumigar

En dos proyectos del Lillo se estudia cómo se comportan los mosquitos Aedes aegypti y si se adaptaron al invierno tucumano.

07 May 2020 Por Lucía Lozano
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MEDICIONES. Un miembro del equipo en plena tarea en Tafí Viejo.

El mosquito Aedes aegypti es oscuro y tiene rayas blancas. Es un insecto muy hambriento. La hembra Aedes (que es la que pica porque necesita la sangre para reproducirse) no produce zumbido. No siempre nos damos cuenta si nos ataca. Tampoco es seguro que deje una marca en la piel.

Hay cosas que damos por seguras sobre el mosquito que transmite el dengue. Pero hay otras cuestiones que abren muchos interrogantes, sobre todo porque se trata de un insecto que cambia de comportamiento para tratar de adaptarse a nuestro hábitat y alcanzar una mayor tasa de supervivencia.

¿Ataca preferentemente al amanecer y al atardecer como creemos? ¿Se adaptó al invierno tucumano? ¿Es o no la fumigación un método adecuado para combatir el dengue? ¿Es un bicho citadino o también debemos preocupamos en las zonas selváticas y rurales?

Esa y otras cuestiones tratarán de resolver dos investigaciones que desarrollan la Fundación Miguel Lillo y la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo de la UNT.

Uno de los trabajos arrancó en septiembre del año pasado y actualmente se siguen recabando datos. Se llama Vigilancia epidemiológica de arbovirus en mosquitos y pacientes infectados en el Gran San Miguel de Tucumán. Está a cargo de la Fundación Miguel Lillo y del Laboratorio de Salud Pública mediante un subsidio del Ministerio de Salud de la Provincia. El objetivo es monitorear la presencia del virus del dengue en mosquitos y en personas, y su relación con las diferentes estaciones climáticas.

María Julia Dantur Juri, investigadora del Conicet de la Unidad Ejecutora Lillo, explicó que se seleccionaron seis barrios de San Miguel de Tucumán y alrededores. La captura de Aedes aegypti se hizo mediante el uso de trampas de luz.

Cuando empezaron a aparecer notificaciones de casos sospechosos a fines de febrero colocaron esas mismas trampas en el peridomicilio de las viviendas de las personas infectadas (barrio Guillermina). Y hay un punto que llamó mucho la atención: en una casa donde había un caso positivo de dengue y se habían llevado a cabo fumigaciones y acciones de bloqueo indicadas por el Ministerio de Salud lo mismo encontraron Aedes aegyptis. Esto puede ser por varios motivos; entre ellos, la resistencia a los insecticidas.

Interrogantes

El dato abre al menos un interrogante: ¿cuán efectivas son las medidas que se desarrollan en Tucumán cuando aparece un caso de dengue? Todo esto será motivo de análisis.

“Lo que observamos hasta ahora, en líneas generales, es que la falta de precipitaciones durante el principio de la primavera incide en la abundancia del mosquito. En octubre y noviembre, las temperaturas elevadas, las lluvias abundantes y la humedad relativa elevada son factores climáticos que afectan de manera significativa el incremento de estos insectos”, precisó la investigadora. Insistió en que, por todo lo que llevan estudiado, la eliminación de los recipientes con agua es esencial para frenar el mosquito que transmite el dengue.

Vigilancia

Por otro lado, recientemente profesionales del Instituto Superior de Entomología de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo de la UNT se sumaron a la campaña contra el dengue que coordina el Comité Operativo de Emergencia (COE) del Siprosa.

“La idea es hacer una vigilancia de cómo se comporta el mosquito y de cuáles son las acciones que más ayudan a disminuir la cantidad de estos insectos. Esto es de vital importancia para las próximas epidemias que podamos tener en la provincia”, explica Julieta Migliavacca, jefa del Departamento de Prevención de Riesgos Ambientales del Siprosa.

“El proyecto está apuntado al monitoreo de los huevos del mosquito, que nos dará un indicador de riesgo en la próxima estación, cuando se reestablezcan las precipitaciones y las temperaturas óptimas para reiniciar el ciclo de vida y proliferación del Aedes aegypti”, comentó Giselle Rodríguez, investigadora del equipo dirigido por la doctora Gabriela Quintana.

Los puntos de vigilancia se establecieron en dos focos de trasmisión de la actual epidemia (en las zonas este y oeste del Gran san Miguel de Tucumán), y uno en Horco Molle, para luego comparar los datos. “Hay que establecer un sistema que ayude a detectar cuándo aparece el mosquito y cómo es su dinámica con el paso de las estaciones a lo largo del año”, precisó Rodríguez.

En Tucumán, las últimas investigaciones que se hicieron se remontan a 2016. Según Rodríguez, hasta ese año en nuestra provincia siempre hubo mosquitos desde septiembre hasta mediados de mayo. “No obstante, los huevos del mosquito se mantienen intactos y resisten el período de frío. Aquí han llegado a subsistir hasta dos años para luego eclosionar”, señaló.

Cambios de hábito

“Lo que ahora vamos a comprobar es si el Aedes ha desarrollado algún tipo de adaptación y subsiste más tiempo, y a más bajas temperaturas como se ha visto en otras partes del país”, resaltó Rodríguez. Por lo pronto, en estos días la investigadora ya notó algunos cambios en el comportamiento del mosquito: su mayor actividad no es a la mañana temprano, sino después del mediodía. Conocer ese detalle es clave para usar mayor protección a esa hora, resaltó.

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