Serú Girán, más que una banda de rock
En poco más de un año, las dos editoriales de mayor peso en Argentina publicaron libros sobre el grupo que cambió la cultura del rock nacional. Walter Domínguez y Mariano del Mazo cuentan en sus trabajos, a través de la música, a un país que pasaba de la dictadura a la democracia

Por Alejandro Duchini
PARA LA GACETA - BUENOS AIRES
“Sonó el último bis del segundo River. Se abrazaron los cuatro de frente al público y saludaron. La gente deliraba. Cuando las luces se apagaron, con más torpeza tóxica que maldad, Charly García le tiró la batería al piso a Oscar Moro. ‘Te voy a matar, hijo de puta’, le dijo Moro y empezó a correrlo por el escenario a oscuras. De pronto encendieron nuevamente las luces y quedaron expuestos ante decenas de miles de personas. Se recompusieron y velozmente volvieron a abrazarse y saludar. Nadie advirtió nada. Apenas las luces se apagaron de nuevo, Moro continuó la cacería”. Así comienza Entre lujurias y represión (Sudamericana, 2019), el libro de Mariano del Mazo en el que cuenta la historia de Seru Girán, para algunos la mejor banda de rock nacional. Tal es su influencia que un año antes apareció otro libro sobre el mismo grupo: Serú Girán - La historia (Planeta), de Walter Domínguez.
Los diferencia la mirada al emblemático grupo de Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro. Abundan buenos datos y están muy bien hechos. El de Domínguez, como él aclara de entrada, se cuenta desde la mirada del fan. El de del Mazo se basa en un intento de distancia para quedarse en lo periodístico, aunque no disimula la admiración.
Domínguez empieza por contar que el 28 de julio del 78 (lo recuerda con exactitud) faltó al colegio para hacer la fila del Luna Park y ver la presentación de la entonces “nueva banda de Charly García”. Muchos años después, y para escribirse también a sí mismo en este libro, recurrió a los archivos de bibliotecas y de Google. Y apeló al recuerdo de gente del ambiente musical: Fabiana Cantilo, Palo Pandolfo, Iván Noble, Juanse, Hilda Lizarazu, Willy Iturri, Héctor Starc y Daniel Grinbank. En el caso de Grinbank, y dada su rivalidad con aquellos músicos -sobre todo con García-, nos quedamos con ganas de escuchar más sobre el distanciamiento. El empresario eligió quedarse en la anécdota liviana.
Grinbank aparece como el enemigo de Charly en ambos trabajos. Sobre todo cuando se llega al ‘92, año en que se juntan más por dinero que por un tema artístico. Tanto Domínguez como del Mazo reconocen que la calidad musical no era la misma que la de 1982, cuando se separaron.
Transformaciones y rupturas
Como son libros cronológicos, ambos se inician en el primer paso del grupo: los viajes de García y Lebón hacia Buzios, Brasil, donde se armó la banda a fines de los 70. Cuentan cómo llegó a ellos un muy joven bajista que la rompía: Pedro Aznar. A él se le debe gran parte de la calidad musical. Aunque García siempre estuvo un paso adelante. Sobre todo ese García de los 80 que después de Serú se lanzó como solista para hacer joyas musicales que ni él mismo pudo repetir desde los 90 en adelante. Clics Modernos y Piano Bar, por caso.
En ese marco el Serú modelo 92 se parecía más al Charly que iniciaba una vida descontrolada. Aznar es el que marca la continuidad del nuevo proyecto. Si en el 82 su encuentro con Pat Metheny significó el final de aquella etapa, la versión 92 pudo sostenerse gracias a él y su paciencia para equilibrar las diferencias entre los integrantes. El negocio millonario alrededor de la vuelta de Serú necesitaba algo de cordura y los textos de Domínguez y del Mazo dejan entrever que Aznar era el único capaz de aportarla.
Se entiende durante la lectura cuál es la incidencia de los mitos. Suele creerse que algunas de sus canciones eran intentos de rebeldía ante la dictadura militar. Domínguez y del Mazo desmitifican aquello y dan a entender que lo de Serú fue mayormente calidad musical y, al menos en los primeros tiempos, la política no estaba justamente en el ambiente rockero. Quedarán en ese sentido dudas por siempre, ya que la banda se separó al mismo tiempo que se iniciaba la Guerra de Malvinas y se prohibía la música en inglés en las radios. La explosión más popular de Serú, entonces, se produjo cuando ya no formaban el grupo. Los que tomaron el guante fueron el propio Charly y Spinetta como solistas y Soda Stereo, Los abuelos de la nada, Sumo, Los redonditos de ricota, Virus, Miguel Mateos-Zas, GIT y tantos más como grupos. Ellos trascendieron más fronteras que Serú, que volvió diez años después con una cultura argentina tan diferente y un rock tan desarrollado que ya no eran los únicos. Ni los mejores.
La vuelta
Sobre ese regreso de Serú, escribe del Mazo que “fue también un monumento a la incongruencia histórica, al anacronismo. Lo que se escucha son las sobras del banquete. En el 92, Serú Girán ya no interpretó a su tiempo; ni la gente interpretó a Serú Girán. Fue un subrayado innecesario. Quedan en el camino olvidos y un dolor atávico, el de Charly García, que se barre debajo de la alfombra del operativo regreso. ¿Qué habrá sentido Charly en River, en Rosario, en Córdoba, cada vez que cantaba saben los que te conocen / que no estás igual que ayer?”.
Domínguez no deja de lado que de todos modos aquel regreso fue una fiesta, habla del éxito de llenar dos veces River -algo inaudito para una banda argentina de entonces-, de presentarse en Rosario y Córdoba, e indica que muchos iban más a ver a García que a la banda. Aquel Charly estaba descontrolado, peleador. Era el Charly escandaloso que se alejaba del genio ochentoso.
Junto a aquellos conciertos de River hubo discos en estudio y en vivo. Y una película olvidable como Peperina. Cada uno siguió su carrera y cada tanto se juntaron a tocar para pasarla bien o grabar algo. El 11 de julio de 2006 falleció Oscar Moro, el baterista al que tal vez más le pesó la falta de fama que les sobraba a sus compañeros.
Testimonio
Tiene mucho valor leer, entonces, libros como Serú Girán - La historia o Entre lujurias y represión porque nos hablan de una época increíble de nuestro país. Una época que no es sólo importante por lo musical sino también por lo cultural. Y Serú Girán, en todos esos sentidos, hizo un aporte fundamental.
(C) LA GACETA
Alejandro Duchini - Periodista.







