Abren una escuela nueva en el corazón de la cárcel

Los internos del penal de Villa Urquiza estrenarán escuela este año. Dos enormes edificios albergarán a más de 700 presos que quieren terminar sus estudios o aprender oficios.

20 Feb 2020 Por Magena Valentié

Como el aire, la educación intenta ser la misma para todos. Incluir y dar las mismas oportunidades de crecer a los alumnos. No siempre se puede, pero en Tucumán este ideal se cumple en el centro del penal de Villa Urquiza, donde los internos a pocos metros de sus celdas encuentran un pulmón de libertad. Se trata de la subsede de la escuela de oficios Belgrano, que se construyó con los mismos parámetros que se usaron para el resto de las escuelas de la provincia. Cuenta con dos modernos edificios, uno de nivel primario y secundario y otro de oficios (formación profesional). Ambos, rodeados de una amplia zona parquizada.

Hasta el año pasado, los alumnos de educación en contextos de encierro no tenían un lugar adecuado para estudiar. Las clases se dictaban en pequeños espacios, contaminados con bullicio y el paisaje deprimente de la cárcel. En el mejor de los casos, se usaba la capilla. Ahora los alumnos podrán usar dos flamantes edificios del Ministerio de Educación. Cada uno cuenta con seis aulas, laboratorio biblioteca, sala de uso múltiple y sala de computación, además de seis baños como mínimo y uno para discapacitados. El de primaria y secundaria tiene capacidad para 300 alumnos en una superficie cubierta de 900 m2, y el segundo, para 420 personas, además de cuatro talleres para carpintería, construcción, durlock y herrería, en 1.200 m2.

“Los fondos son de Nación. Se comenzaron a gestionar antes de 2015 y fueron llegando con mucha dificultad”, explica la directora de Educación de Jóvenes y Adultos y de Educación No formal de Adultos, María Eugenia Dip. “Los docentes pertenecían a un programa nacional de terminalidad (Fines), pero al discontinuarse el Gobernador decidió provincializarlo y así aseguramos su continuidad. Todos los docentes pasaron a la Provincia”, añadió el director de la modalidad Educación en Contextos de Encierro, arquitecto Federico Pierotti.

Volver a soñar

Ramiro Z. de 19 años, sonríe al contemplar la escuela donde terminará la primaria. Cuenta que hizo 7° grado en Aguilares y cuando le faltaban pocos meses para terminar, se dejó tentar por las malas juntas y no volvió más. “Ahí me descarrilé. Estuve cuatro años en la calle. Caí preso. Pero ahora quiero aprovechar esta oportunidad. Quiero estudiar y trabajar en el hospital con mi mamá, que es farmacéutica del CAPS de Aguilares”, anhela.

Raúl C., de 32 años, fue hasta 3° grado y no volvió más a la escuela. “Me hacían burla, entonces me fui a la calle. Andaba lustrando. Somos 12 hermanos y solo uno ha terminado la primaria. Quiero aprender a leer y escribir”, dice. Una vez un profesor de la unidad 3 de Concepción le enseñó a dibujar. Desde entonces sueña con ser dibujante y plomero.

A Mario P., de 22 años, lo esperan en su casa su mujer y su hijo de dos años. Cuenta que eran cuatro hermanos, uno falleció y los otros tres están presos. Su mirada dulce y sonriente contrasta con el lugar donde vive. “Me gustan los animales; cuando termine la secundaria voy a estudiar Veterinaria. Ya estoy cerca, me faltan dos meses para salir con permisos a mi casa”, sonríe. Mario no perdió el tiempo en el penal, hizo cursos de teatro, huerta y promotor de salud.

EN EL AULA. Internos del penal conversan con los docentes.

Para el ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer, la apertura de esta escuela es una prueba de que “en Argentina y en Tucumán se está volviendo a cumplir la ley y a garantizar los derechos de las personas, sobre todo, el de la Educación”. Además anticipa que pondrá en marcha un programa de Educación Digital en Contextos de Encierro, “para incluir a las personas privadas de su libertad, brindándoles dispositivos y herramientas que les permitan una inclusión social, digital, laboral y educativa”.

DOCENTES. Los profesores Morán, Herrera, Correa y Robledo.

Los profesores Sebastián Herrera, de Economía; Giselle Robledo, de Matemática; Juan Manuel Morán, de Ciencias Naturales y Blanca Correa, de primaria, están ansiosos por comenzar las clases. “Siempre digo que para mí es un orgullo trabajar en la cárcel porque puedo lograr que alguien cambie para bien”, dice Herrera. “Yo, que trabajo desde 2012 en contextos de encierro, puedo comprobar ese cambio de actitud. Y me siento feliz cuando me cruzo con un ex alumno en la calle, y me cuenta que está trabajando”, dice Correa. “Habrán cometido errores, pero en la escuela nadie los juzga. Para nosotros son nuestros alumnos y punto”, coinciden.

Más oportunidades: desde este año, 79 presos podrán ir a participar de las clases en la universidad

Las humanidades son las carreras preferidas por los reclusos. Entre 79 internos del penal de Villa Urquiza las disciplinas elegidas son Abogacía, Trabajo Social, Enfermería y Psicología. Hasta hoy, los alumnos estudian con apoyo de tutores y son llevados a rendir a las distintas unidades académicas. Pero desde este año la historia va a cambiar. La jueza de ejecución del Centro Judicial Concepción, Alicia Merched, dispuso que a partir de ahora los internos vayan a clase como los demás alumnos y no solamente a rendir. “Hacer libre la carrera se les hace muy cuesta arriba y los pone en desventaja frente a los demás alumnos. A veces cambian los horarios de exámenes y como no van a la facultad regularmente no se enteran y pierden la materia. En Concepción son 10 los que realizan estudios superiores y el resto es de Villa Urquiza”, cuenta la magistrada. Agrega que los estudios elevan la autoestima de los internos y logran verdaderos cambios en la vida de los jóvenes. Merched recuerda el caso de un joven de Aguilares que estudió para chef. “Se recibió y cuando cumplió su condena se dedicó a hacer comida para vender y con eso mantiene a su madre y a sus hijos”. También cuenta de otra interna que se recibió de enfermera y ahora la jueza intentará que se le dé trabajo en los institutos penales. “La vida puede cambiar mucho con los estudios. Conozco jóvenes que entraron al penal con serios problemas de drogadicción y que después de un tratamiento de desintoxicación con el equipo interdisciplinario del juzgado se superaron y ahora están muy bien. Lo importante es que tengan la cabeza ocupada en el estudio, el trabajo y los deportes”, asegura.

Números

-1.200 presos hay en Villa Urquiza y 310 en Concepción. En Banda del Río Salí, 41 mujeres.

- 298 internos estudian para terminar el nivel primario de Adultos en la cárcel. También hacen oficios.

- 377 alumnos del nivel secundario estudian en la cárcel de Villa Urquiza.

- 45 docentes que pertenecían al plan Fines pasaron a la provincia.

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