Crítica de 1917: mucho más que un artilugio técnico - LA GACETA Tucumán

Crítica de 1917: mucho más que un artilugio técnico

01 Feb 2020 Por Alejandra Casas Cau
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1917 | Drama - PM16 - 119’

Excelente

Origen: Estados Unidos, 2019.

Dirección y guión: Sam Mendes.

Con: George MacKay, Dean-Charles Chapman, Benedict Cumberbatch, Richard Madden, Mark Strong, Colin Firth y Andrew Scott. Fotografía: Roger Deakins.

Música: Thomas Newman.

6 de abril de 1917, norte de Francia. Los cabos Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) descansan bajo un árbol cuando un oficial le ordena a Blake “elegir un hombre y llevar su equipo”. Escoge a quien está a su lado y los dos se dirigen a la trinchera. La cámara acompaña el caminar y muestra un campo lleno de soldados. El general Enrinmore los recibe y les describe su misión. De inmediato sabemos por qué Blake es elegido: su hermano mayor es parte de un batallón que planea atacar a la mañana siguiente a los alemanes, aparentemente en retirada. En realidad los soldados británicos, 1.600 para ser exactos, se dirigen a una trampa y el enemigo cortó todas las vías de comunicación. Los dos soldados deben cruzar el frente y llegar para advertirle al batallón.

Así empieza “1917”, una de las películas más exitosas de 2019. Dirigida por Sam Mendes con la colaboración en el área fotográfica de Roger Deakins, es mucho más que el falso plano secuencia: es una danza coreografiada de actores, equipo técnico, cámaras, grúas, steadycam y demás elementos; también es una lección sobre la dirección de actores y, por último, es el claro ejemplo del buen cine.

“1917” es épica, no por lo que dice sino por cómo lo dice. Construye el drama bélico desde la acción, sin el corte de planos sino con ese falso plano secuencia que excede el artilugio técnico. El realizador lo utiliza como un concepto más de la película y lo explota al máximo; le ofrece al espectador la posibilidad de estar inmerso en la escena y andar por el medio de un pantano lleno de cadáveres o desmayarse por un balazo. Las actuaciones de Chapman y MacKay son muy atrayentes: el primero por su interés por volverse un héroe de guerra que llega a enternecer y el otro, con una actuación llena de matices que logra transformarse a su ritmo, pero con determinación.

El guion se basa en un relato que Mendes escuchó de su abuelo, quien peleó en la Primera Guerra, sobre dos jóvenes aterrorizados que claramente no estaban preparados para hacer lo que se les había pedido. La forma en la que está construido nos permite viajar con ellos mientras atraviesan los horrores de una guerra en tiempo real. Acompañado de grandes momentos de belleza visual (como la mitad de la noche en un pueblo francés en ruinas, alumbrado por un enorme incendio a la distancia, mientras escuchamos de fondo la música de Thomas Newman).

Llegado el final de la película, seguro vas a estar tenso sentado al borde de la butaca, olvidándote que empezaste a verla queriendo encontrar los cortes entre planos y dándote cuenta de que la magia de la buena narración siempre se apodera de un buen filme.

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