Maternidad respetuosa: ¿cómo es criar a los chicos en "tribu"?

Romantización de la maternidad, mitos, prejuicios pero por sobre todo sororidad : tucumanas cuentan cómo es atravesar el día a día siendo madres.

27 Ene 2020
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Tucumanas se unieron para criar a sus hijos en "tribu" / FOTO ANDREA LESNISKY.

Desorientadas, confundidas, temerosas y muchas veces solas. Así es como muchas mujeres tucumanas enfrentaron por primera vez el camino hacia la maternidad. A pesar de los obstáculos, afortunadamente encontraron una forma de criar a sus hijos en comunidad, acompañadas y sostenidas por otras mujeres que atravesaban o atravesaron la misma situación. 

Si bien la experiencia y el conocimiento de sus pares es importante, la clave es la empatía. Se trata de mujeres totalmente sensibilizadas y dispuestas a acompañar a otras en la difícil tarea de maternar.

Todo empezó con la necesidad de buscar otras alternativas frente a los altos costos de los pañales descartables. Allí se dieron cuenta de que circulaba mucha información sobre "maternidad respetada", entonces decidieron unirse y empezar a compartir sus experiencias.

Pasó el tiempo hasta que finalmente armaron una “tribu”. Eran un grupo de mamás que en un principio se había unido para abandonar los pañales descartables, pero no pasó demasiado tiempo hasta que se convirtió en un nicho de amor, un escape, un lugar para hacer catarsis, opinar, coincidir y disentir sobre distintos aspectos de la maternidad pero siempre desde una visión constructiva y generosa.

Muchas de la mujeres que se acercaron a esta experiencia sostienen que eligieron comenzar a usar pañales de tela principalmente por cuestiones económicas, pero reconocen que también lo hicieron por razones ambientales, de salud y hasta porque les resultan más vistosos.

 “Supe de los pañales de tela en mi tercer embarazo, iba por el sexto mes y me encontré con el grupo de “Colitas de Tela” en Facebook, así conocí a  Andrea, una de las integrantes, quien me ayudó muchísimo con las dudas y miedos sobre este tipo de pañales”, contó Eugenia Silva.

Muchas madres comparten sus experiencias sobre lo complicado que es atravesar el embarazo, no solo a nivel físico sino particularmente psicológico. “En mi caso yo estaba muy sola y triste porque el embarazo se tornaba muy pesado por momentos y mi marido no comprendía mi estado. Necesitaba mucha contención. En esa situación fue que “Andre” me unió a su “tribu”. Desde el momento en que entré me sentí acompañada y contenida, la verdad es que hoy no sé qué sería sin ellas, es un grupo de mujeres maravillosas que te hacen conocer un mundo diferente donde cada una tiene su visión de la vida pero no te juzgan sino que te acompañan en cada paso”, explicó.

“Llegué a mis 38 semanas de gestación y una mañana rompí bolsa, estaba muy conmocionada y había cosas que no entendía pero puedo decir que ese fue el momento más increíble porque  tuve a todas estas mujeres acompañándome a cada paso, a cada momento, calmando mis miedos. Fue mi tercera cesárea y todas ellas estaban ahí conmigo: 98 compañeras dándome aliento. Eso era lo que me faltaba: amor en tribu”.

Los pañales

Optar por los pañales de tela pareciera una gran solución para enfrentar los altos costos que representa recibir la llegada de un nuevo hijo.

“Mi situación económica no era la mejor cuando tuve a mi hija. Yo trabajo ayudando en un comedor, así que todo el tiempo mido mis gastos. Empecé con tres pañales, lo cual es muy poco, y como mi hija nació en mayo y hacía mucho frío me costó un poco más la transición porque tenía que darme vuelta. Igualmente yo estaba decidida a hacer el cambio, no solo por la cuestión económica, sino porque realmente había entendido el daño que le hacemos al planeta al usar pañales descartables, que tardan miles de años en desintegrarse”, relató.

Uno de los grandes beneficios de este tipo de productos es que se los puede confeccionar de forma casera.

“Pasó el tiempo y por la necesidad tuve que buscar otras formas para conseguir más cantidad de pañales. Mi tribu me enseñó a hacer pañales yo misma, busqué remeras de mi marido y otras telas que sirvieran y con eso los hice, así mientras se secaban los que ya tenía podía ir usando estos. Ahí pude pasarme definitivamente a la tela. Jamás imaginé que hubiera una manera de que a mi bebé no se le irrite la piel o sufra de cólicos”

Otras formas de crianza

En el camino hacia dejar los descartables, las mamás lograron entrar en contacto con otras formas de crianza: “usar este tipo de pañales me dio mucho más que una solución económica, me dio la posibilidad de conocer lo que es el porteo -portar al bebé pegado al pecho-. Cuando nació mi bebé no tenía plata para comprarme un fular así que practicaba porteo con un buzo de mi marido con sábanas y camperas. Un día, una mamá de la tribu decidió regalarme su bandolera, y lloré de la emoción. Me dijo “se que la necesitas y te lo mereces”. Creo que nunca me sentí tan querida, hoy soy yo y mi tribu, es el lugar donde sé que puedo escapar, donde sé que ellas van a estar siempre para mí. Nunca me sentí tan empoderada, ahí supe que podía hacer cualquier cosa gracias a mi tribu, sé que no estoy sola en esto”, contó conmovida.

“Hay veces que necesitamos un abrazo en tribu y ahí estamos para cada una, así hemos unido a muchísimas chicas que eran mamás primerizas y, aunque ya tengamos más de un hijo, siempre vamos a ser primerizas en algo, ya sea en pañales, en porteo, en lactancia. Lo importante es que cada una de ella es distinta y puede aportar su forma de hacer las cosas”.

Gracias a la posibilidad de maternar en tribu, la preocupación, angustia y ansiedad diaria de ser responsables de la crianza de los hijos puede atenuarse, al menos, por momentos.

“Con ellas cambié mi manera de pensar, borré definitivamente el historial que nos dicta ser perfectas. Somos mujeres mamás, sufrimos, lloramos y sonreímos. No siempre es todo tan fácil como se cree”.

 “Conocí los pañales de tela a través de una amiga, ella me integró al grupo. Allí las chicas me ayudaron un montón. De a poco empecé a comprar los pañales, lo hice por una cuestión de salud de mi bebé porque todos los descartables le hacían mal, lo lastimaban. Otro motivo fue el económico, obviamente”, señaló Andrea Lesnisky.

“En el camino fui conociendo otras mamás usuarias y otras que querían empezar a usar, allí hicimos el grupo “Tribu Pañalera”, al principio empezamos nos reuníamos para informarnos sobre los pañales pero poco a poco nos convertimos en un grupo de crianza. Nos acompañamos y aprendemos unas de otras, nos reunimos una vez al mes al menos para compartir espacios con nuestros bebés, y promovemos la crianza respetuosa ante todo”.

Mujeres hermanadas

La crianza respetuosa envuelve en sí misma valores como la solidaridad, empatía y principalmente sororidad, este concepto inédito impulsado por el feminismo: mujeres hermanadas, empáticas y conscientes de la realidad de sus pares.

“En el grupo encontras el apoyo de otras mamás que están pasando lo mismo q vos, gente dispuesta a ayudarte en lo que necesites. Cuando te convertís en madre, te enfrentas a miles de mitos y comentarios que por ahí te dañan. En la tribu, en cambio, podes sentirte contenida y fundamentalmente respetada. Hay mamás de todas las clases sociales y de todas las profesiones, las diferencias económicas no existen para nosotras, a todas nos une lo que tenemos en común: la maternidad”.

En los últimos años, la exposición de los distintos tipos de violencia que sufren las mujeres alrededor del mundo ha permitido abrir el debate sobre otros aspectos fundamentales que las atraviesan como su salud, sexualidad e incluso maternidad. En ese sentido, se intenta desmitificar muchas viejas creencias y prejuicios.  

“Muchas se sienten presionadas por los estándares tradicionales que la sociedad impone: “hay cosas que una mamá no puede decir porque es juzgada, no puede decir si está cansada, que tuvo un mal día o incluso que necesita un momento a solas porque los niños muchas veces no entienden eso y les afecta. Lamentablemente la sociedad juzga un montón, lo primer que te dicen es: "¿y para qué fuiste madre si no te la bancas?" o "¿acaso no querés a tus hijos?" Y cosas así que tienen q ver con esto de romantizar la maternidad y de pensar q una madre siempre está de buen humor y es amorosa”, opinó.

“Si bien el precio de los pañales suele ser un poco elevado, quienes los utilizan aseguran que a fin de cuentas termina siendo una buena inversión: “yo usé solo un mes los descartables, comprábamos de a poco porque no nos alcanzaba para el bolsón, era demasiado caro. Con este producto me olvidé de esos gastos y de ver a mí bebé sufrir por la irritación, comenzamos con 6 pañales nada más y usamos descartables por la noche únicamente, el cambio fue totalmente notable, de comprar dos paquetes al día, solamente pasamos a comprar uno cada dos o tres días. Con esa plata que no gastaba en descartables fui juntando y comprando más, y en enero del 2019 ya comenzamos a usar 100% tela, fue la mejor decisión”, detalló.

"En todo este año llegamos a poder comprar 29 pañales de tela, en total gastamos 13.000 pesos que ni se acerca al total que se gasta en un año en pañales descartables, mucho menos al total del de unidades que usa el bebé durante esa etapa".

“En mi caso opte por comenzar a usarlos por razones ecológicas, me dolía mucho tiras bolsas y bolsas de pañales descartables, sabiendo que tardan muchísimos años en degradarse. Afortunadamente mi hijo se adaptó aunque venía usando descartables. Hoy le encanta usarlos, elige los modelos que más le gusta. Cada niño tiene sus tiempos, y por ahí cuando usan tela los de tela se demoran un poco más en dejarlos pero cuando lo hacen es definitivo y quedan preparados para usar otras prendas”, contó Amalia Damarco.

“Empezar a “pañalar” con descartables me dio un grupo humano hermoso, un lugar donde conocí a muchísimas mamás que son un amor que trabajan por una crianza respetuosa”, agregó.

Priscila Parra contó que optó por entrar en el mundo de los pañales de tela pensando principalmente en el ahorro que significaba dejar los descartables. “Si bien en primer lugar hicimos una inversión de $4.200 pero en bolsón de pañales en ese momento nos costaba $400 y nos duraba diez días porque traía 20 pañales, entonces nos re convenía hacer ese esfuerzo e invertir”.

Además señaló que los prefiere por su practicidad, incluso en el cuidado diario: “se hace un prelavado corto primero y luego el lavado normal con jabón neutro, se evitan los perfumes para no lastimar la piel del bebé, después se los cuelga como cualquier prenda hasta que se secan y quedan listos para usar. Son mucho más lindos y frescos, yo veo que mi hijo está más cómodo y además están buenos porque en esta época se los puede usar también para la pileta”, concluyó.

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