“Debemos hacer el mea culpa, y exigir y cumplir las políticas públicas”

Saravia, presidente del Colegio de Arquitectos de Tucumán, coincidió con su colega Merlini en cuanto a la pérdida de identidad de los Valles. “Necesitamos controles y planificación”, dijo el profesional.

27 Ene 2020
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UN EJEMPLO DEL DESORDEN. A pesar de que hay un Código de Edificación para Tafí, nadie lo cumple.

El presidente del Colegio de Arquitectos de Tucumán, Juan Saravia, se manifestó de acuerdo de inmediato con el veredicto de su colega Osvaldo Merlini en cuanto a la necesidad de detener la “defunción urbanística” de Tafí del Valle.

“Los arquitectos debemos hacer el mea culpa, y exigir y cumplir las políticas públicas”, expresó el dirigente en una conversación telefónica sostenida a propósito de la entrevista de Merlini. Este profesional con cuatro décadas de experiencia en la zona había cuestionado la pérdida de identidad a partir de la construcción masiva e irrespetuosa de la cultura local. “Cuando uno viene a trabajar aquí debe dejar de lado las modas. Esto es un valle particular con una historia particular, que tiene su tradición, y sus materiales ligados al clima y al lugar. Ahí es donde el arquitecto debe hacer pie: no puede prestarse a fabricar una casa de una revista o de Instagram”, había dicho.

A título personal, Saravia expresó en un diálogo telefónico que era verdad lo que decía Merlini y que estas observaciones no los colocaban por encima de sus colegas ni los convertía en una “Madre Teresa de Calcuta”. El titular de la entidad intermedia comentó que el deterioro paisajístico de Tafí se correspondía con la debilidad y laxitud de la fiscalización de quienes elaboraban los proyectos.

No hay planos

“La ley estipula que ningún arquitecto puede ejercer la profesión sin disponer de la matrícula al día, pero la gran mayoría de las casas tafinistas no tiene planos y, por ende, el Colegio queda afuera. El Municipio no exige el cumplimiento de la normativa y el comitente contrata a cualquier persona. Y luego vemos el resultado desastroso”, apuntó. Saravia añadió que el Colegio estaba dispuesto a sancionar a quienes faltaban a la ética, como lo demostraba la cancelación de la matrícula del controvertido desarrollador inmobiliario Otto Fernando Barenbreuker (h) dispuesta el año pasado.

El presidente comentó que el cuidado del patrimonio consistía en preservar los bienes culturales y naturales a partir de detalles como la verificación de la situación del arquitecto que iba a intervenirlos. “Pero no vemos la importancia de tener una política definida al respecto. El jueves pasado LA GACETA publicó un informe relativo a la demolición de dos casonas ubicadas en la esquina de las calles Virgen de La Merced y Mendoza: en vez de cuidar esas obras, como hacen en otras provincias, nosotros las destruimos”, ejemplificó.

Saravia consideró que el paisaje de Tafí demandaba una actitud criteriosa y prudente por parte de las generaciones actuales, y la acción de especialistas capaces de conservarlo como es debido. “Es un problema bastante serio. Si no hacemos algo ahora, Tafí perderá su identidad”, dijo. En ese sentido objetó la posibilidad de que sea habilitado el hotel de tres pisos de la familia Zermoglio que la Municipalidad tafinista clausuró por distintos incumplimientos del Código de Edificación vigente, entre ellos la superación de la altura máxima permitida en aras de preservar las vistas.

“Necesitamos controles serios y planificación, y que en las secretarías de obras de las municipalidades haya arquitectos idóneos para el desarrollo de las tareas a cargo de esas reparticiones”, opinó Saravia, quien explicó que el Colegio impartía capacitaciones gratuitas a sus matriculados, pero que, en general, pocos funcionarios públicos asistían a estas actividades de formación, como había ocurrido con un curso reciente sobre equidad territorial.

“El Estado debe incorporar la arquitectura de calidad. Mientras no haya políticas públicas en ese sentido, no conseguiremos la línea respetuosa que exige Tafí. Es muy triste lo que pasa”, lamentó. El presidente del Colegio acotó que en general falta hacer cumplir las normas existentes: “las leyes están, ‘archivadas’, pero están. Pero si en San Miguel de Tucumán cuesta respetarlas, mucho más en Tafí. Creo que justamente esta transgresión frustra nuestra ilusión de un destino de grandeza”.

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