“Por ajustar cuentas, los tipos iniciaron una guerra”, dijo un joven de barrio Manantial Sur

Detuvieron a dos jóvenes vinculados con un tiroteo ocurrido la semana pasada, donde un menor resultó herido con perdigones.

24 Ene 2020

Los vecinos del barrio Manantial Sur aseguran que viven en medio de una guerra entre dos bandos que se pelean por el territorio. Las plazas no son un lugar para los niños y los residentes aseguran que los centros de rehabilitación de adictos no han logrado brindar soluciones.

“Ya no dejamos salir a la calle a los chicos. Mi nene tiene bicicleta y monopatín, pero se volvió imposible estar en la vereda”, lamentó Carolina Argañaraz.

Ayer la Justicia detuvo a un joven de 26 años y a otro de 23, sospechados de haber participado en un ataque ocurrido el 12 de enero. Ese día, un niño de 12 años, Eric Javier Vallejo, fue herido de un escopetazo en ese enfrentamiento ocurrido el barrio 143 viviendas (perteneciente al Manantial Sur).

Los familiares del niño desconocen los motivos por los cuales, alrededor de las 20, un grupo de jóvenes comenzó a disparar de una esquina a la otra. El menor fue internado de urgencia; se le extrajo perdigones del estómago y la pierna; luego se lo dio de alta.

“Nunca vinieron la ambulancia ni la Policía; lo subí al nene en mi moto y salimos de urgencia. Lloraba desconsolado del dolor, tenía endurecida la pierna y apenas podía mantenerlo sobre el vehículo”, explicó Cecilia Argañaraz (de 30 años), prima del chico. El herido había venido con su madre desde Buenos Aires para visitar a la familia.

LA PLAZA. Bajo el árbol se juntan grupos de jóvenes. Allí no van niños. LA GACETA/FOTO DE ANTONIO FERRONI

Las mujeres lamentaron el estado del barrio. “Aquí no tenemos ni una comisaría ni un CAPS; cuando ocurre una urgencia tenemos que ir hasta el Barrio San Martín. Además, desde que se cayó el puente principal, es más difícil entrar y no todos se ubican para llegar hasta aquí”, reclamó Carolina Argañaraz. En esa zona de la ciudad, los vecinos se orientan por el número o la letra de cada manzana.

Las plazas cercanas al lugar donde ocurrió el tiroteo son áreas desoladas. Las hamacas y los juegos fueron destruidos. De noche, esos predios son el refugio de los adictos.

“Nadie va a ese centro de rehabilitación; eso es una burla, los jóvenes se drogan en los bancos del frente. Una comisaría deberían poner”, manifestó Argañaraz.

La mujer, de 33 años, recordó cómo la recibió el barrio cuando ella se mudó a ese rincón de la ciudad: “hace 10 años esto era el salvaje oeste, a los tres días de habernos instalado aquí, un loco pasó a caballo haciendo tiros con un arma. Se estaba disparando con otro individuo en la calle”. Ese día, terminó recostada sobre el piso junto a su hijo de un año para no interponerse entre los disparos.

“Hoy a los chicos hay que darles un celular para que se entretengan; yo me acuerdo que era chica y salía a jugar con los vecinos en la vereda. Hoy eso no existe, es mejor que los chicos estén adentro”, recomendó Cecilia Argañaraz. Las mujeres consideran que gran parte de los enfrentamientos se deben a que en el asentamiento se trasladó a bandas de distintas villas (Piolín, El Triángulo, entre otras) y en simultáneo, se les otorgó casas a policías, por lo que la tensión es constante.

HERIDO. Eric Javier Vallejo se recuperó en el Hospital de Niños. LA GACETA/FOTO DE ANTONIO FERRONI

“Nos comentaron que el día del ataque se cumplía un año de la muerte de un chico y que unos tipos pasaron en moto haciendo tiros. No podemos salir ni al quiosco porque hay adolescentes que salen mostrando armas para hacerse los graciosos. Tenemos miedo”, enfatizó Argañaraz.

Una causa de tiroteos

En una plaza del barrio San Genaro, otro anexo al Manantial Sur, un grupo de jóvenes le confesó a LA GACETA cuál es el origen de los problemas.

“El tema surgió porque mataron a mi ex cuñado; era un menor de edad y parece que lo mataron por error. El chico era muy conocido por la gente del barrio, y unos amigos de él decidieron vengarlo”, relató Julio, quien pidió que su identidad se preserve antes de contar la historia.

Según relató, los amigos de su cuñado mataron al asesino del menor, y desde entonces el barrio sufre ataques constantes. “La situación es así, la disputa es entre el Manantial Sur y el Barrio Chino. Por ajustar cuentas, los tipos iniciaron una guerra”, explicó. Dijo que con frecuencia padecen los ataques del Barrio Chino, y los residentes del Manantial Sur responden a esos ataques. “Acá ya nos cansamos de esos tipos. Son cobardes que vienen y hacen tiros a cualquier parte. Nos da bronca e impotencia, porque las hostilidades no cesan”, explicó Roberto, mientras armaba un cigarrillo casero para compartir con sus compañeros.

“Nosotros pensamos en la gente, aquí hay mujeres y niños inocentes, pero ellos tiran al que se les cruza. Nosotros podríamos ir a devolver los ataques en su barrio pero no es lo que queremos, porque sabemos que allá también hay vecinos que no tienen nada que ver. Son cuestiones que tienen que arreglar entre ellos”, argumentó Julio.

“Lamentablemente es un problema que no se va a solucionar. Van a seguir provocando a la gente hasta que toquen a alguien de nuestra familia, y allí nos meteremos todos en la guerra”, advirtió Roberto, quien dice que, de ser necesario, no teme tener que volver a prisión.

Con respecto al pedido de una comisaría, los jóvenes se mostraron escépticos a que sirva para mejorar la convivencia. “Acá viven muchos policías, muchos abusan de la autoridad con los vecinos, no les importa que seas un trabajador. Yo por la tarde trabajo en un corralón y sin embargo me tratan igual que a un choro”, concluyó Roberto.

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