Por el corte de la ruta 307: “profetizo que este aislamiento durará poco”

El tafinisto Paz evocó la época en la que los cortes del camino se prolongaban durante semanas y había que “ingeniárselas”.

23 Ene 2020
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EX DELEGADO COMUNAL. Gonzalo Paz en el bar que tiene su familia. LA GACETA / IRENE BENITO

Gonzalo Paz es una fuente inmejorable para todo lo que tenga que ver con el Tafí del Valle del último siglo y más. Este señor de aspecto afable y sonrisa fácil fue delegado comunal durante los mandatos de los gobernadores Celestino Gelsi y Amado Juri, y el primer intendente cuando la administración local adquirió el rango de Municipalidad, además de emprendedor privado. 

Disponible para la conversación en la mesa de Popey, el bar de su familia, Paz evoca las temporadas en las que los cortes de la ruta eran lo más común del mundo. “La circulación a veces estaba suspendida durante semanas y para ir a la ciudad debíamos hacer trasbordos. (La Dirección Provincial de) Vialidad tardaba mucho… Los destrozos del agua antes eran mucho más difíciles de solucionar. Profetizo que este aislamiento durará poco”, dice mientras toma una copa de jerez.

El dique

El punto de inflexión para estos sucesos que, en el peor de los casos, obligaban a llegar a San Miguel de Tucumán mediante una vuelta larga por Salta, fue la creación en 1977 del dique La Angostura, que Paz vivió como jefe municipal.

 “Esta obra permitió regular las crecidas durante los meses de lluvia”, apunta. Enseguida añade que no la pasaban mal, sino todo lo contrario. “Nos las ingeniábamos. Para bajar, era frecuente que uno llegara en un vehículo hasta el punto del derrumbe, lo pasara caminando y continuara el viaje en otro. A veces había que cruzar el río”, rememora. 

Aquellos trasbordos también eran usados para las mercaderías. La experiencia más traumática ocurría cuando los autos se quedaban “atrapados” entre dos cortes.

En ese “darse vuelta” resolvían las distintas emergencias. Paz hace la onomatopeya de las aspas del helicóptero (“tu-tu-tu”) para señalar que ese medio de transporte atendía las cuestiones sanitarias serias. 

“Lo demás podía esperar. Eran otros tiempos. Teníamos veraneos largos. Y muchos se alegraban con la inhabilitación de la ruta: era la excusa perfecta para postergar la vuelta al trabajo”, comenta. Quienes la pasaban peor, según su experiencia, eran los que cosechaban hortalizas y se quedaban sin poder llevarlas a los mercados de la ciudad. Estos productos, obviamente, se echaban a perder antes que los derrumbes fueran despejados.

Tecnología

“Sobrevivíamos”, insiste. Paz dice que los cortes de la 307 iban de la mano de la escasez de luz y de un servicio de agua deficiente. “Se ensuciaba y era intomable”, describe. Él hoy bebe de la canilla con la mayor tranquilidad. “Ponga que tomo poca agua porque la verdad es que me obligan”, aclara con máxima honestidad.

Fueron tantos los cambios y avances de las últimas décadas que el ex intendente de 80 años estaba casi convencido de que no iba a haber otras obstrucciones prolongadas de la ruta como las que él presenció. “Vialidad hoy dispone de una tecnología impresionante. Impactan las imágenes de los derrumbes, pero también las de las máquinas. De ello me valgo para decir que la ruta volverá a ser transitable en cuestión de horas”, observa. 

A la hora de reflexionar sobre las causas de los desprendimientos, Paz conjetura que las fuerzas naturales se ven potenciadas por la acción destructiva de los seres humanos. Él, que recorrió a caballo cuanto cerro halló en su destino, resume su diagnóstico en cinco palabras: “asusta el estado del piedemonte”.

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