“Tafí del Valle es un aire acondicionado natural”

El dueño del casco de la estancia Las Tacanas asegura que los valles tucumanos tienen un potencial cultural inexplorado, que clama por desarrollo.

09 Ene 2020 Por Irene Benito
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A LA SOMBRA DEL CIPRÉS. Solano Peña se abraza al árbol que domina el fondo de la estancia Las Tacanas.

La sombra del ciprés es alargada, como dijera el narrador Miguel Delibes, en el casco de la estancia Las Tacanas. Solano Peña, octava generación de propietarios del solar originalmente construido por los jesuitas en el siglo XVIII, se abraza al árbol que domina el fondo de su casa, que es al mismo tiempo un hotel con 11 habitaciones y un museo. Sigue Peña enamorado del reducto que, tras la expulsión de la Compañía de Jesús, adquirieron los Bazán Laguna, familia célebre por otra vivienda: la Casa Histórica, sala de partos de la Nación. Ingeniero afincado en San Isidro (Buenos Aires), cada verano y cada invierno, alza familia y pertenencias y vuelve al escenario de su infancia para oxigenarse. “Tafí del Valle es un aire acondicionado natural”, define.

Sentado en el patio donde alguna vez pasaron los sabios Miguel Lillo y Paul Groussac, y, más lejos todavía, el general bravo Gregorio Aráoz de La Madrid, Peña aborda su pasión por la cultura y la historia. Según su criterio, Tafí clama por el desarrollo de esas “bellas inutilidades indispensables”.

Hará cosa de cinco años, él empezó a su manera con la organización de conferencias amenizadas con una copa de vino. Este 2020 no será la excepción: a partir de mediados de enero -las fechas aún no fueron confirmadas-disertarán dos veraneantes, Cristina Bulacio y Pedro León Cornet (“Michin”), respectivamente sobre Borges y el pasado vallisto.

“Tal vez agreguemos otra actividad. Me gustaría que haya poesía y que algún escritor presente su libro”, anticipa.

A fuerza de sostenerlas, las tertulias de Las Tacanas se han convertido en un acontecimiento esperado en el verano. “Se arman lindas reuniones. Por lo menos les dan otra impronta a las vacaciones. Es algo que conecta con el espíritu de Tucumán, donde hay gente muy estudiosa e interesante”, observa.

Pese a que su acento revela la influencia del llano rioplatense (en particular esa “s” arrastrada), Peña se reivindica como tafinisto e incluso comenta que en su ADN hay rastros indigenistas. “Este es mi lugar. Aquí me siento identificado: por eso me gusta hacer cosas, inquietudes que compartimos con la estancia Los Cuartos (desprendimiento de Las Tacanas). Armamos el espacio cultural, pero falta una política municipal. Esperamos que el nuevo intendente (Francisco Caliva) lo haga. Creo que tiene esa intención”, arriesga.

El ingeniero de 74 años se entusiasma: asegura que en los Valles hay talento y recursos de sobra, tanto como paisajes majestuosos e inspiración. Él mismo lo comprobó porque, en una ocasión, trajo un coro de Buenos Aires para que cantara con otro vernáculo. “Me impresiona la capacidad de la población local. Los tafinistos son muy artistas: tienen una veta que debemos estimular. Hay chicos que tocan el violín e inclinación por el teatro… el lugar necesita una casa cultural”, insiste. Y recuerda que, en una oportunidad, el hijo de la cantora Mercedes Sosa le manifestó que su madre había donado un predio en Tafí para ese fin. “Sería muy bueno investigar si ese terreno existe y ponernos en marcha porque, hasta el momento, el intendente anterior (Jorge Yapura Astorga) traía desfiles de modelos y creía que eso era cultura, ¿viste? Ojalá que esto cambie”, anhela.

Paz y unidad

El tiempo convirtió Las Tacanas en la más céntrica de las estancias antiguas de la zona: un jardín generoso separa los ex dominios del abogado y político Nicolás Valerio Laguna del bullicio de la avenida Perón. En su momento, el establecimiento llegó hasta El Infiernillo, el límite entre la región verde y húmeda, y la seca y amarilla de los Valles calchaquíes. Peña señala que aunque la villa emplazada en terrenos con raíces estancieras está literalmente al otro lado de la cerca, la serenidad abunda y todavía es palpable.

Aunque admite que el pueblo creció en forma desordenada, el heredero de Las Tacanas considera que aún hay tiempo para encauzar esa transformación hacia los valores únicos de Tafí. En particular, Peña apunta a la huella de los jesuitas. “Se necesitan cosas así, que unan, incluyan y pacifiquen”, reflexiona.

Calefacción en enero

La Compañía de Jesús es sinónimo de un desarrollo inteligente y vuelto hacia la tierra: fue un bálsamo tras la violencia de la conquista y de los primeros tiempos de la colonización. Tan extraordinaria es la obra de la orden que, casi 300 años más tarde, aún perdura, como dan fe los edificios de Peña y del hoy Museo Jesuítico de La Banda. La construcción es simplemente maravillosa: techos altos, vigas a la vista, paredes anchas, y pisos de madera y de baldosas de barro cocido. La conjunción de adobe, piedra y paja eternizó la estancia pasajera de los “soldados de Cristo”, cuyos bienes confiscados fueron vendidos por la Junta de Temporalidades. La vida útil del legado parece inagotable: Peña acciona una llave de hierro inmensa, de esas que aparecen en los cabildos de las ilustraciones de la revista Billiken, y muestra que sigue funcionando.

“Los extranjeros ven esto y no lo pueden creer. Es un esquema de eficiencia que estudian en Harvard (Estados Unidos)”, comenta el dueño de ese patrimonio de valor incalculable mientras pisa unos peldaños que, según precisa, están hechos de menhires y abre el cuarto famoso de Nicolás Valerio, como él llama al ex gobernador Laguna, que durmió allí durante una década del siglo XIX y que contiene una cama a la que hay que treparse con escalera. “Algunos turistas piden dormir aquí”, se adelanta Peña.

En la impronta laboriosa y progresista de los jesuitas está la clave para sacar a Tafí del Valle del laberinto. “Ellos levantaron esto de la nada y en el aislamiento total. Supieron ver la riqueza y desarrollarla. Sólo hay que pensar en el clima: es el mejor verano del mundo y no está promocionado. Muchos creen que en el norte sólo hace calor y nos asamos, pero aquí llegaron a solicitar calefacción en enero. A mí me impresiona que esta ventaja no sea más aprovechada”, dice. Peña añade que el ejemplo de los jesuitas es apenas un punto de partida: “tenemos para hacer hasta avistaje de pájaros”. Y coincide en que la observación del cielo cambiante, con sus miles de geografías posibles, es una atracción en sí misma. La cultura sumada al estilo de vida, que favorece la amistad y el transcurso apacible del tiempo, generan un combo irresistible. Para aprovecharlo basta con dejarse atrapar por el lugar. Al respecto, el dueño de Las Tacanas entrega un consejo con validez universal: “hay que aceptar lo que es Tafí”. Esa resignación frente a la verdad y la belleza tranquilamente podría comenzar con un tributo a su ciprés centenario.

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