Video: Fiat 600, el compañero fiel que los llevó por todo el país

Conocé a chicos que cuentan sus viajes y travesuras de la mano de su auto.

08 Ene 2020 Por Karen Fernández

Cuando llegó el Fiat 600 a la familia Tannuré fue una completa casualidad. Fue el premio de una rifa, el último que se entregó en la noche. “El auto llegó antes que yo a la familia y no se va a ir nunca”, comentó orgulloso Pablo Tannuré, de 29 años. Cuando su mamá llegó a la cena lo único que había comentado sobre el auto era que el color no le gustaba sin saber que pronto se convertiría en su auto y que permanecería en la familia después de 40 años.

“De chico le tenía miedo, pero después de una refacción que le hicimos con mi papá le agarré cariño; tanto que fue protagonista en mi casamiento el año pasado. Viajamos de norte a sur del país con el auto, nos llevó a Salta, Catamarca, La Rioja, Buenos Aires, Santa Fe y Bariloche”, agregó Pablo.

Este “fitito” recibió cuatro veces la mención al auto “más original” del país en la reunión anual que organiza el Club de Fiat 600, este rodado mantiene todas sus piezas originales de fábrica.

VIAJANDO. Caracterizado por su gran volante, los aficionados manejan durante días para participar de los Encuentros Nacionales de Fiat 600.

“Para el que le gusta es algo impagable subirse al auto, viajar y conocer gente. Cuando vas en la ruta nadie te tira mala onda. La gente te saluda, te toca bocina y te pregunta a dónde vas. Me dicen que estoy loco por viajar así”, destacó.

Periódicamente recibe comentarios de gente que quiere comprar su “joyita”. “Este auto para mí es como un hijo, no hay manera que se vaya de mis manos”, aseguró. El aficionado está refaccionando hace cinco años un Fiat 600 modelo 62 con la particularidad de que sus puertas se abren al reves. “Espero que salga pronto a la calle”, comentó.

Como en las películas

Lourdes Estrada, de 21 años, tiene un “fitito” color rosa pastel, que recibió como regalo de su cumpleaños 18. “Desde chica me llamó la atención este auto. Ahora que lo tengo mantenemos una relación de amor-odio porque cuando anda bien lo amás, pero siempre toca una parte donde se rompe y decís por bronca ‘lo quiero vender ya’”, admitió.

Comparte el rodado con su novio, Agustín Divarvaro, de 22 años, que tuvo la idea de pintarlo de ese color. “Es el único rosa pastel de Tucumán, podés encontrar todos los colores menos este. En Buenos Aires hay uno parecido. Me joden mis amigos por manejarlo, pero el color no me define”, afirmó.

Los jóvenes fueron de vacaciones a Tafí del Valle y a Cafayate con el auto; la única modificación que le hicieron para que sea más cómodo es cambiar sus butacas. “Estamos muy seguros de que el auto no se va de la familia. Hay mucha gente que nos ofrecía plata por el auto. Cuando lo tenía en mi taller arreglándole el motor, un señor nos ofrecía $ 120.000, en el estado que estaba y sin motor”, recordó Divarvaro. “Estos son autos a los que el dueño les pone el valor teniendo en cuenta lo que se invirtió en plata y tiempo. Todos nos decían que compremos otro vehículo, pero si quisiéramos otro lo hubiésemos adquirido hace rato”, apuntó Estrada.

El auto familiar

El Fiat 600 fue el primer auto que tuvo Guillermo Robín, de 64 años, y se vio en la necesidad de venderlo. Hace siete años sus hijos lo sorprendieron con un nuevo rodado. “Es un auto muy noble y fiel. Viajamos bastante con él. A veces nos hace renegar, pero no mucho. Está totalmente original y va a quedar para mi nieto, de la familia no se va”, aseguró.

“Ir a una exposición en Las Termas en diciembre hace extrañar el aire acondicionado. Tengo otro auto, pero el “fitito” sigue siendo mi elegido en muchas ocasiones. Tenemos un amor especial que nos hace resignar las comodidades”, añadió.

Recorriendo el país

Después de que su hijo le insistiera en comprar un Fiat 600, Rodolfo Cornejo, de 63 años, consiguió uno hace seis años. “Estaba muy chocado y lo empecé a restaurar, nunca me dio problemas. En 2015 fui a Puerto Madryn, a Entre Ríos y a Chile. Participé de encuentros en Olavarría y Bariloche”, rememoró. Y contó que para llegar a destino demoró casi tres días: “recibí una mención por ser el que más kilómetros recorrí, 2.400 desde Tucumán a Bariloche, mi fitito me dio muchas satisfacciones”.

Cornejo disfruta de que gente mayor mire con nostalgia su auto. “Fue el primero de muchos tucumanos, nos ayuda a recordar viejos tiempos. La clave para que ande bien es no exigirlo, su ritmo está entre los 80 y 90 kilómetros por hora”, detalló.

El hombre no tiene necesidad de más comodidades. “Ando con 40° en el auto sin problemas, la gente me mira, pero yo soy feliz. Estoy agradecido de que mi hijo me haya contagiado su amor por un auto que es tan fiel”, concluyó.

Su preciado “fitito” va a pasar a manos de su primer nieto cuando llegue y asegura que será eterno en la familia.

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