Hoteleros reclaman que se regule el desarrollo turístico de Tafí del Valle

“El valle de Tafí tiene una belleza única y todo lo que se haga debe estar a su altura”, dice la presidenta de la Cámara de Propietarios de Hoteles y Afines.

04 Ene 2020 Por Irene Benito
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IMPONENTES. El valle y los cerros atrapan con su su tranquilidad y su belleza. Por eso, los hoteleros lamentan que haya tanto desorden en la villa.

En un cuaderno lleva el listado de preocupaciones planteado a las autoridades municipales que asumieron en noviembre (ver nómina por separado). Marcela Funes Franco (66 años) repasa los problemas y dice que tiene la esperanza de que algunos comiencen a ser resueltos, aunque sabe que la imprevisión torna más costosa la corrección. 

Funes Franco es oriunda de Buenos Aires y se instaló hace una década en el área de La Quebradita junto a su marido, Roberto Hughes. Este matrimonio de 41 años de vida tiene una historia muy movediza y rica en emprendimientos: en su hacer de todo, levantó la posada La Soñada, que es uno de los alojamientos mejor calificados en Booking. 

Hacia 2011 o 2012, Hughes y otros colegas fundaron la Cámara que hoy tiene 30 socios y representa alrededor de 1.000 de las 2.000 camas de hospedaje de la localidad turística número uno de Tucumán. Esta entidad promovió la transformación de Tafí del Valle en la primera Ciudad Turística Digital del país, iniciativa que pone al alcance de los teléfonos de los forasteros la información necesaria para gozar de los productos y servicios que ofrece la zona, y se complementa con una página web muy transparente y enfocada al turista que se denomina “Destino Tafí” (destinotafi.com.ar).

En la mesa de su casa en el complejo La Soñada, Funes Franco despliega sus impresiones sin preocuparse por lo políticamente correcto. La empresaria y dirigente advierte que es de decir las cosas libremente para darles un sentido. “Después el otro verá qué hace con lo que una dice”, agrega. 

También se define como una partidaria de la gestión y de la ejecución. Por contraposición, reconoce que le cuesta lidiar con la tristeza. “La melancolía te suspende en el aire y no te suelta: no vas ni para adelante ni para atrás, como si te quedaras arriba de una nube”, describe con su acento -todavía- rioplatense. 

Ese afán de proyectar y avanzar está en la Cámara que encabeza, que es una usina de propuestas tecnológicas gracias al aporte del secretario, Alberto Mansilla, propietario del Observatorio de Ampimpa. De allí surgió lo de la Ciudad Turística Digital, que Funes Franco define como “un niño que hay que alimentar”.

La misma mirada emprendedora y positiva impregna su posición general sobre el lugar que habita y en el que trabaja. “Este valle tiene un entorno y un oxígeno muy especiales, que es imperioso cuidar. 

Tafí tuvo una explosión no controlada ni planeada ni pensada. Si nosotros como Cámara, con el municipio y el Ente de Turismo de la provincia, no tenemos clara la visión de Tafí, qué es lo que se quiere y cómo, seguirá el crecimiento espontáneo, descontrolado y liberado, que trae cosas buenas y malas. Para mí esto es grave porque, cuando los hechos están consumados, son muy difíciles de cambiar. Pese a que lo creamos muy antiguo, Tafí es un destino turístico nuevo, y todo lo que se haga en adelante debe evitar el deterioro visual y ambiental. 

Lo que no se planificó con anterioridad deviene luego un problema acuciante, que es lo que nos pasa ahora. Por ejemplo, en El Churqui no hay agua y los pasajeros se están yendo de los alojamientos. Estamos detrás del crecimiento y no delante de él”, diagnostica.

TAFINISTA POR ADOPCIÓN. Marcela Funes Franco en su posada.

-¿La dificultad para planificar responde a la existencia de un tejido social muy diverso?

-La comunidad tafinista consiste en todos los que elegimos vivir en ella, además de los nacidos aquí y de los pueblos originarios, que son respetables. Pero los lugareños se quedan a veces un poco impávidos y quietos porque sienten una especie de invasión que tiene que ver con su historia. El crecimiento a ellos les da la posibilidad de quedarse en Tafí, pero, a su vez, hay una sensación de intromisión, que proviene de raíces profundas. Es mi experiencia, pero en general observo que la gente del lugar baja la mirada. Y, si no nos vemos entre nosotros, no estamos y no existimos, y surgen los roces y las tensiones.

-¿En qué medida existe una lucha por el espacio porque falta una política de vivienda?

-Las leyes sancionadas en este siglo permitieron individualizar y reconocer las comunidades indígenas. Hubo una unión especialmente vinculada a la búsqueda de tierra, que es comprensible: este es un valle inmenso y, sin embargo, hay gente que vive apilada. No se pensó en esto. Creció el turismo, la propiedad adquirió un valor cada vez más alto y la gente quedó cada vez más lejos del acceso a la vivienda. El movimiento indigenista canalizó esta situación. Es cierto que hubo algunos conflictos, pero en general son comunidades tranquilas y ahora tienen el interés por recuperar su cultura ancestral. El indigenismo pasó de ser rechazado a ser buscado. Estoy de acuerdo con que se tome conciencia y se rescate la historia porque Tafí necesita una identidad.

-¿Cuál debería ser esa impronta?

-La atracción de Tafí tiene que surgir de lo que Tafí es como belleza natural y como cultura, no como hizo la gestión municipal anterior, que se concentró en traer shows de Buenos Aires y en generar una movida extraña a un lugar que tiene todo para mostrar lo propio. Hoy el turista busca la experiencia: son estas ruedas que giran. Primero hubo un énfasis en lo de afuera, lo nuevo y lo contemporáneo, y ahora se mira lo autóctono: ¿cómo preparar una buena empanada tafinista? ¿Cómo llegar a los restos de las casas de los indios tafí? ¿Cómo aprender de cerámica y de alfarería, y conocer la técnica del tejido de Las Carreras? ¿Cómo observar el funcionamiento de los telares, la composición de la trama y el bordado de las diferentes estampas? Eso viene de Tafí. El valor está allí.

-Sin embargo, cada vez llegan más puestos callejeros, que dificultan esa experiencia.

-El turismo fue creciendo sin regulación y hoy hay un grupo de gente que va a los centros turísticos a “hacer la temporada”. La gestión municipal anterior controló lo que quiso, que es casi nada. Hoy tenemos este problema que ya lo tratamos con las nuevas autoridades, que prometieron una organización. La invasión de los vendedores ambulantes implica que la gente no puede circular. Debe haber un sitio habilitado para ellos. Está el famoso asunto del derecho al trabajo: todos lo tenemos, pero no de cualquier manera. También hay que distinguir entre los artesanos y los que venden productos industriales. La idea es que los primeros sean ubicados en un sector de la plaza principal. Ello no ha ocurrido aún porque la gestión actual empezó hace semanas y encontró la Municipalidad devastada. Los funcionarios salientes se llevaron las computadoras, los escritorios, etcétera. Los nuevos dicen que tienen la intención de ordenar la venta callejera. El problema es que, si se permite la instalación de un puesto, después es muy difícil sacarlo. La villa tafinista se ha deteriorado porque aquí viene cualquiera y se siente dueño de hacer lo que le plazca. En la época del Seven, los chicos cortan la calle y generan un caos. Hay que recuperar el orden. Nosotros esperamos que la Municipalidad mantenga las intenciones y que el tiempo no las debilite.

-¿De qué depende superar esta coyuntura?

-Los problemas que detectamos exigen mediaciones que hay que buscar. A mí lo que me enferma es la inacción. ¿Cuánta gente se tiene que seguir muriendo en Tafí para que los animales no estén en la ruta? Yo aprendí que la mayoría de las soluciones dependen de la Municipalidad, y, por ello, debemos tener la suerte de que haya una que escuche, vea y se preocupe. En estos 10 años nos perdimos la oportunidad de plantear qué queríamos de Tafí: entonces, ahora, es más costoso corregir y virar porque a los argentinos no nos gusta el control. Volver a poner las cosas en el lugar en el que debieran estar según las reglas vigentes implica un gran esfuerzo y enfrentamientos porque hay que lidiar con políticos que no quieren quedar mal con nadie.

-¿Qué se puede hacer ya mismo?

-Necesitamos la puesta en marcha del Tribunal de Faltas, que está creado, pero aún no funciona. Hoy ningún inspector de tránsito tiene poder para sancionar: no puede aplicar multas porque no hay juez de Faltas que las controle. Nosotros pedimos esta institución porque, nos guste o no, hay que tocar el bolsillo de los infractores para que observen las normas. Basta con ver lo que ocurre con las motos y la cantidad de accidentes fatales que hubo por la ausencia de mínimos controles. Para mí un problema grave de esta ciudad es el Concejo Deliberante: hacen falta ordenanzas y regulaciones. Por ejemplo, no hay un registro de taxis habilitados, que dé certeza sobre las condiciones del servicio, el seguro y la tarifa.

-¿Cuál es la situación de las principales atracciones turísticas del valle?

-Tenemos una línea jesuítica no valorada y el Museo de La Banda es una muestra de ello. El Ente de Turismo dispone de un proyecto importante que está avanzado incluso desde el punto de vista del financiamiento. Pero lo que se consiguió hasta aquí es el arreglo del techo. También está la cuestión de los restos de la Cultura Tafí, que se desarrolló cinco siglos antes de Cristo. Los menhires son de esa época. Hay una zona de máxima relevancia para ese pasado que se llama La Bolsa. Escuchamos versiones muy preocupantes de que esta tierra fue vendida a un inversor privado. Es algo difícil de entender porque allí se conservan las construcciones de piedra circulares con forma de margarita. ¿Cómo puede ser que un patrimonio de esta naturaleza esté a merced de semejantes riesgos? Se trata de vestigios anteriores a la llegada de los jesuitas. Con los menhires sucedió algo parecido. Fueron de allá para acá hasta que los establecieron en el predio actual de El Mollar, pero el problema es que a esas piedras les falta un centro de interpretación similar al que hicieron en las Ruinas de Quilmes. Los visitantes preguntan por la estancia Las Carreras, la iglesia de la Banda y los menhires: ahí está la identidad de Tafí. ¿A dónde más vamos a ir a buscarla?

Lista de preocupaciones de la entidad de los hoteleros
1- La venta callejera.
2- La preservación del patrimonio cultural.
3- El hospedaje ilegal.
4- Los déficits de la infraestructura del agua.
5- La recolección y el tratamiento de los residuos.
6- Los ruidos molestos.
7- Los animales sueltos.
8- La vacancia prolongada del Juzgado de Paz.
9- La regulación de los taxis y remises.
10- Los efectos del alcohol sobre el tránsito.

Qué podés hacer hoy
Agasajo al primer turista
 
Hoy entre las 12 y las 14, en el kilómetro 60 de la ruta 307 (a la altura de Vialidad), las autoridades tafinistas escogerán a visitantes para agasajarlos con regalos y comidas típicas a modo de apertura de la temporada estival.

Festejo de Reyes Magos
En el Ateneo de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (avenida Belgrano, Tafí del Valle), a partir de las 14, habrá juegos, puestos de artesanos y un desfile de mascotas. Es una actividad con entrada libre dirigida especialmente a los niños.

Experiencia recomendada: vuelta al valle
Este circuito rodea el dique La Angostura (entre los cerros Muñoz y El Pelao): comienza en la villa de Tafí, y atraviesa las localidades de La Banda, El Churqui, La Ovejería, Las Carreras, Santa Cruz, El Rincón, El Potrerillo y El Mollar. La vuelta desemboca en el muro del dique e incluye hitos de la historia jesuítica; rutas de artesanos; producciones agroecológicas; paisajes espléndidos y sitios arqueológicos originarios. El circuito es apto para bicicletas (ocho horas); autos (dos horas) y motos (tres horas), y comprende un total de 45 km.

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