"Vamos hacia una generación de chicos petisos y obesos" - LA GACETA Tucumán

"Vamos hacia una generación de chicos petisos y obesos"

Sólo en los comedores los chicos comen carne y verduras; en sus casas, pan y fideo.

13 Dic 2019 Por Magena Valentié
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POBREZA Y MALA EDUCACIÓN. Un combo que se potencia en detrimento del futuro de los argentinos.

“No me extrañaría que todos los chicos en la Argentina y en Tucumán que no han tenido la oportunidad de comer bien vayan a ser chicos más petisitos y más gorditos”. La frase pertenece al flamante ministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo, quien entre sus primeras medidas, prometió entregar tarjetas alimentarias para comprar lácteos, carnes y verduras.

Arroyo aseguró: “lamentablemente se viene una generación de chicos petisos y obesos debido a la mala alimentación”. LA GACETA hizo un sondeo sobre la situación de Tucumán. Encontró chicos petisos, sí; gordos, no tanto. Tucumán cuenta con una fuerte red de contención alimentaria en los barrios complementada con los comedores escolares, donde comen, según el ministro de Desarrollo Social, Gabriel Yedlin, casi 200.000 alumnos.

En el barrio El Sifón, en tres comedores para 400 niños de distintas edades, “casi no hay chicos gordos y petisos por falta de alimentación”, afirma la referente social Irma Monroy. “Petisos somos todos, pero más bien porque así son nuestras familias. Pero no por falta de alimento. Como la crisis de 2002, cuando sufríamos tanto por la desnutrición, eso no hemos vuelto a ver, menos mal. Algunos son gordos, sí, pero son grandes. Lo de la crisis de 2002 estamos pagándolo de otra manera. Son chicos que ya tienen 18 años, que presentan problemas de aprendizaje, que son excluidos de la sociedad, no tienen trabajo, están en la droga”, aclara.

“Es verdad que las cosas están muy caras, y que los precios suben continuamente, pero todos los días les damos carne o pollo, aunque sea en guiso. El primer plato siempre es una sopa bien puchereada con buena verdura y como segundo plato una milanesa o pollo al horno. No tenemos niños desnutridos y les cubrimos las tres comidas: desayuno, almuerzo y merienda”, detalla.

Lucía Carrasco, presidenta de Red por los Chicos, que integra 14 instituciones con 3.000 niños beneficiarios, tampoco ha visto muchos niños obesos y petisos. “Petisos hay porque es la característica del Norte del país. Pocos tenemos con bajo peso”, cuenta. Carrasco también preside la Fundación Ayuda al Niño Necesitado (FANN) donde comen 300 chicos, de 0 a 11 años, todos los días. Reciben desayuno, almuerzo y merienda. “Por las noche las familias comen mucha comida chatarra, pizzas, fideos... pero también es cierto que hay otros que vuelven a comer al día siguiente en el comedor”, dice.

“A diferencia de 2015 hemos notado que hay gente con muchas ganas de trabajar, es decir que no están esperando planes sociales. Este año tuvimos muchísima matrícula. En 2015 los padres se conformaban con los planes y nos mentían que trabajaban, nos enterábamos cuando íbamos a su casa. Lo que sí estamos viendo es mucha drogodependencia, incluso de los padres”, advierte.

La Asociación Tucumana de Ayuda a la Familia (ATAF) tiene dos comedores en Yerba Buena, uno en el barrio Colonia Castillo y otro en Perú y Salta. “Tenemos 120 niños de 0 a 16 años. Llegan desde las zonas más vulnerables. Aquí reciben desayuno, almuerzo y merienda. Aquí los hemos ido acostumbrando a tomar leche, porque no les gustaba. Estaban acostumbrados a desayunar mate cocido con tortillas. De lunes a viernes comen carne, queso, huevo, verdura, que en su casa jamás comen”, cuentan Florencia Fernández de Pérez y Paola Valdez. “No hay chicos obesos, hay chicos con hambre, que van y repiten”, coinciden las voluntarias. Y algo fundamental: dar educación nutricional a la familia.

“Hace tiempo que estamos gestando una generación de niños petisos y gordos. Esto no es de hace cuatro años sino de hace ocho o nueve años. Son chicos con baja estatura para la edad que tienen debido a la mala nutrición: hay una falta de nutrientes, no de todos. Lo que les falta es zinc, hierro y proteínas suficiente, pero les sobra hidratos de carbono”, explica el doctor Víctor Gallo, jefe del Servicio de Nutrición del Hospital de Niños.

“Vivimos en una provincia donde se consume mucha harina y azúcar, se alimentan de mate cocido, tortillas, facturas, pan, y en los comedores, polenta, fideos, arroz y poca carne. En el comedor de la escuela les dan un sándwich de mortadela, entonces consumen mucha sal, grasas, harinas y esa combinación hace que los chicos no crezcan y que no tengan un intelecto demasiado desarrollado”, afirma con preocupación.

En el Hospital del Niño Jesús se registra un índice de 40% de los niños atendidos con exceso de peso y otro 40% con algún tipo de malnutrición. “Hay que tener en cuenta que esta estadística es sesgada, porque sólo atendemos chicos con problemas de nutrición”, aclara el profesional.

“El exceso de peso es también un problema derivado de la pobreza por la mala alimentación. Al consumir demasiada cantidad de grasas, harinas y sal los chicos terminan engordando. El problema es cómo prevenimos esta situación”, se plantea Gallo.

El profesional opina que hablar de kioscos saludables en las escuelas es comparable a pensar qué remedio darle a un enfermo.

Nuevos hábitos

“Para prevenir hay que cambiar hábitos, pero no desde los seis años. A esa edad ya es tarde. Hay que comenzar a trabajar desde la gestación, desde la madre. Y si fuera antes de que se embaracen, mucho mejor. Así como se trata de desterrar la violencia contra la mujer, también educar a la mujer, a la población, para evitar el exceso de hidratos de carbono. Enseñar a la mamá cómo se debe alimentar en general y, sobre todo, cuando esté embarazada, para cuidar bien de ese niño que está gestando”, ejemplifica. En cuanto al problema que ya está instalado, Gallo sugiere identificar de inmediato los grupos de riesgo y apoyarlos con vitaminas, oligoelementos y proteínas, carne, aclara. “La dieta vegana está prohibida en la madre en gestación”, remarca.

“El 40% de los chicos tiene exceso de peso”

“Hace tiempo que estamos gestando una generación de niños petisos y gordos. Esto no es de hace cuatro años sino de hace ocho o nueve años. Son chicos con baja estatura para la edad que tienen debido a la mala nutrición: hay una falta de nutrientes, no de todos. Lo que les falta es zinc, hierro y proteínas suficiente, pero les sobra hidratos de carbono”, explica el doctor Víctor Gallo, jefe del Servicio de Nutrición del Hospital de Niños.

“Vivimos en una provincia donde se consume mucha harina y azúcar, se alimentan de mate cocido, tortillas, facturas, pan, y en los comedores, polenta, fideos, arroz y poca carne. En el  comedor de la escuela les dan un sándwich de mortadela, entonces consumen mucha sal, grasas, harinas y esa combinación hace que los chicos no crezcan y que no tengan un intelecto demasiado desarrollado”, afirma con preocupación.

En el Hospital del Niño Jesús se registra un índice de 40% de los niños atendidos con exceso de peso y otro 40% con algún tipo de malnutrición. “Hay que tener en cuenta que esta estadística es sesgada, porque sólo atendemos chicos con problemas de nutrición”, aclara el profesional.

“El exceso de peso es también un problema derivado de la pobreza por la mala alimentación.  Al consumir demasiada cantidad de grasas, harinas y sal los chicos terminan engordando. El problema es cómo prevenimos esta situación”, se plantea Gallo.

El profesional opina que hablar de kioscos saludables en las escuelas es comparable a pensar qué remedio darle a un enfermo.

Nuevos hábitos

“Para prevenir hay que cambiar hábitos, pero no desde los seis años. A esa edad ya es tarde. Hay que comenzar a trabajar desde la gestación, desde la madre. Y si fuera antes de que se embaracen, mucho mejor. Así como se trata de desterrar la violencia contra la mujer, también educar a la mujer, a la población, para evitar el exceso de hidratos de carbono. Enseñar a la mamá cómo se debe alimentar en general y, sobre todo, cuando esté embarazada, para cuidar bien de ese niño que está gestando”, ejemplifica. En cuanto al problema que ya está instalado, Gallo sugiere identificar de inmediato los grupos de riesgo y apoyarlos con vitaminas, oligoelementos y proteínas, carne, aclara. “La dieta vegana está prohibida en la madre en gestación”, remarca.

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