En palabras del Presidente, Tucumán sería "el sótano de la democracia"

10 Dic 2019 Por Federico Türpe
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A una República la integran tres poderes y si cualquiera de ellos no funciona, esta mesa de tres patas pierde el equilibrio.

Suele decirse que la pata más importante de las tres es la Justicia, porque si este poder no cumple sus obligaciones, los otros dos se tambalean, se descarrían.

Así comienzan los gastos reservados, los fondos secretos, y los excesos de todo tipo que toman por asalto al Estado. El oscurantismo es el germen de todas las corrupciones.

Sobre este eje se basó una de los anuncios más importantes del discurso del presidente Alberto Fernández: la reforma de la Justicia Federal, la intervención de la Agencia Federal de Inteligencia y la desvinculación entre ambas a través de fondos secretos.

"Nunca más una justicia contaminada por servicios de inteligencia. Nunca más a una justicia contaminada por operadores judiciales, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos", aseguró.

"Lo hago con la firmeza de una convicción profunda. Nunca más al Estado secreto, nunca más a la oscuridad que quiebra la confianza, nunca más a los sótanos de la democracia. Nunca más es nunca más".

Un palo durísimo que pega en el esternón de la pequeña “República” tucumana, donde parte de tres poderes amigos operan -en palabras del propio presidente- en una especie de pacto secreto, y donde el destino de los dineros públicos nadie conoce.

Sin ley de Información Pública ni ley de Ética Pública y una pasmosa discrecionalidad del gasto del Estado, Tucumán está, como denuncia Fernández, en el “sótano de la democracia”, con una Justicia y una Legislatura que desembolsan en secreto y un Gobierno que dibuja su presupuesto al compás del gasto político.

“¡Aló presidente!”, mire al norte de ese país injusto, secreto y oscuro que describe, porque Tucumán también está exigiendo a gritos ¡Nunca más!

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