Los chicos con discapacidad buscan más oportunidades

En el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, la Municipalidad capitalina las homenajeó en la Casa Histórica. LA GACETA habló con los niños hipoacúsicos del Instituto Oral Tucumán, que busca darles un futuro independiente. Aunque sus profesores lamentan las malas perspectivas laborales y formativas que los niños padecen, creen en un futuro mejor y con más posibilidades para ellos.

04 Dic 2019 Por Hernán Miranda


Anahí tiene 12 años y usa anteojos de marco grande y cinta en el pelo. Anahí tiene el pelo ondulado y con algún que otro rulo y sabe que es hipoacúsica. Anahí dice que cuando sea grande quiere ser doctora. Con sus anteojos de marco grande y sus cintas para el pelo ondulado con algún otro rulo, Anahí no la tendrá fácil si decide ser doctora. Porque Anahí, ella lo sabe, es hipoacúsica.

Ayer, en el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, Anahí fue a la Casa Histórica con sus compañeritos. Asistieron a un acto de la Dirección de Inclusión Social de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y después comieron facturas y tomaron gaseosa. Anahí y sus amigos, también hipoacúsicos, estaban entretenidos contando qué quieren ser cuando sean grandes: a Aaron, por ejemplo, le gustaría entrar a la Policía para cuidar a la gente, mientras que Álvaro quiere manejar una retroexcavadora como su papá. Y Santiago se imagina conduciendo el transporte de los nenes de su escuela, el Instituto Oral de Tucumán.

LEONES. Los jugadores de la selección tucumana de fútbol adaptado.

Pablo Bauzá, profesor de Anahí, Aaron, Álvaro, Santiago y varios alumnos más, considera que la mayor dificultad de los niños discapacitados es la falta de perspectivas laborales. En la primaria y la secundaria ellos suelen tener oportunidades para aprender oficios, pero Tucumán hoy no está en condiciones de brindarles puestos de trabajo: “nosotros tenemos talleres donde enseñamos, por ejemplo, carpintería. Pero un chico discapacitado aprende carpintería ¿y después qué?”.

Librados a la suerte

En la ceremonia de ayer Leila Mustafá, una joven de 25 años con síndrome de Down, recibió una mención como patinadora con discapacidad. Su madre, Emilia Díaz, cuenta que tuvo que afrontar un gran desafío hace ocho años, cuando a Leila se le dio por aprender patinaje. En la escuela de patín el profesor no le prestó atención. “Mire a las otras chicas y ayúdela usted”, fue todo lo que le dijo a Emilia. “Al final, todo lo terminamos haciendo ella y yo con poca o ninguna ayuda -recuerda la mamá-. Es muy difícil. Si no nos discriminan, no nos tienen ninguna consideración. Que es una forma de discriminación, ¿no?”.

SOÑADORES. Los chicos hipoacúsicos del Instituto Oral contaron qué quieren hacer cuando sean grandes.

La dependencia de las personas con discapacidad es un problema que también observan Pablo y Belén Pujadas, otra profesora del Instituto Oral. Según Belén, la autonomía que consiguen sus alumnos se relaciona con la actitud de su familia: los chicos con más espacio de libertad suelen desarrollarse mejor que los sobreprotegidos. “Los padres no saben cómo manejarse, nadie te enseña a tener un chico con discapacidad”, expresa.

Por su parte, Pablo llama la atención sobre la necesidad de construir personalidades independientes. “Los chicos con discapacidad en general y los hipoacúsicos en particular son diferentes en muchas cosas, pero también en otras son como cualquiera -manifiesta-. Como en cualquier caso, unos tienen una personalidad fuerte y otros no. Unos quieren independizarse y formar una familia, por ejemplo, mientras que otros suelen apegarse a sus padres. Claro que es nuestra responsabilidad ayudarlos a valerse por sí mismos, pero nuestras posibilidades son limitadas y las instituciones públicas colaboran poco o nada. En buena medida ellos y los que los ayudamos estamos librados a la suerte”.

Leones amputados

Cuando tenía 36 años José Valdez perdió una pierna en un accidente. Hoy, dos décadas después, une los puntos y cree que esa desgracia fue con suerte, o que no hay mal que por bien no venga. Desde hace un año y medio, José forma parte de Los Leones, la selección tucumana de fútbol adaptado. “Siempre me gustó jugar a la pelota, pero ahora el fútbol me hizo vivir de nuevo. Yo creía que nunca más iba a hacer deporte”, expresa.

MAESTRA. María José Parajón, auxiliar del Instituto Oral, con su profesora de lenguaje de señas.

Los Leones juegan un torneo argentino que incluye las selecciones de 12 provincias. Su entrenador es Claudio Varela, que dice que dirigir este equipo es una de las experiencias más enriquecedoras de su vida. “Al principio me costaba exigirles demasiado, pero después me di cuenta de que la clave para la salud emocional y física de ellos era tratarlos como a cualquier jugador. Hoy somos una familia”, relata.

Pero no todo el mundo trata a Los Leones como a cualquiera. José lamenta que a veces sufran cierta discriminación en la calle y que la ciudad no esté preparada para acoger a los discapacitados. “Está, por ejemplo, el tema del transporte. Casi no hay colectivos con rampa, yo nunca he visto una. Y rara vez uno se encuentra con un chofer dispuesto a ayudar a alguien a subir. El Estado tendría que intervenir más y la sociedad tendría que tomar conciencia de estas dificultades”, asevera.

Una esperanza

María José Parajón tiene 30 años, lleva perlas pequeñas en las orejas y se peina el pelo lacio con raya al medio. Aunque sus labios coloridos hablan poco, su sonrisa y su mirada dulce les encantan a los chicos del Instituto Oral. María José es hipoacúsica, igual que ellos, y pasa las mañanas y las tardes con ellos.

Como maestra auxiliar de nivel inicial, María José dedica su vida a ayudar a los niños que, como ella, tienen problemas para escuchar. “Amo lo que hago. Soy feliz”, declara con señas y palabras. Belén, la maestra citada más arriba, piensa que la presencia de María José resulta indispensable para los niños: “a diferencia de nosotros, que tenemos que interpretar lo que los chicos quieren, ella los entiende. A través de ella se hace mucho más fácil ayudarlos. Y en María José ellos ven un ejemplo de lo que una persona con discapacidad puede hacer”.

Anahí y sus compañeros miran a María José. Dentro de algunos años, cuando terminen el secundario, querrán ser doctora, policía, excavador o chofer. Querrán, como María José, trabajar. Pablo piensa que aunque la igualdad de oportunidades sea una deuda inmensa, ellas todavía existen: “no creo que los sueños de los chicos sean imposibles de lograr, pero habría que ayudarlos más. Ellos lo merecen”.

Por más derechos: se buscará unificar la legislación vigente

En el marco del acto por el Día de la Discapacidad que se hizo ayer en la Legislatura, la comisión de Familia, Niñez, Adolescencia, Adultos Mayores y Discapacidad -que preside el legislador José Ricardo Ascárate- presentó su Plan Integral de Ampliación de Derechos, que resume las acciones que se realizarán en los próximos cuatro años de gestión. El legislador Ascárate resaltó que hay una amplia legislación sobre discapacidad, pero que está muy fragmentada y que en muchos casos no se cumple. “Hay una tendencia a que las leyes se superpongan y los esfuerzos se desperdiguen, por lo que se hace necesaria la elaboración de un digesto, un compendio de las leyes y normas nacionales y provinciales, para saber el alcance de la protección de las personas con discapacidad”, destacó. También se hará un diagnóstico situacional de la discapacidad en la provincia, un plan de difusión de los derechos que tienen los discapacitados y se acompañará el accionar de las juntas de discapacidad y de la Dirección de Discapacidad.

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