Layla Dibe, una arquera con buena proyección

La mejor Sub-18 quiere trascender fuera de la provincia.

14 Nov 2019
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CONFÍA. Dibe destacó que la escuela de arqueros de la Asociación es la clave por la que los equipos tucumanos tienen buenos guardametas en todas las divisiones. foto de Bernardo de la Fuente

El último torneo del seleccionado Sub-18 vino con premio para la arquera de las Naranjitas, Layla Dibe, que se despidió de la división siendo elegida como la mejor arquera del Argentino de Selecciones que se jugó en la provincia.

La joven arquera de Jockey Club es amante de la lectura y escribe poesías. A los ochos años su deseo era jugar al rugby, pero en aquel entonces no había para su edad y fue ahí cuando decidió empezar hockey. Jugadora de la primera de su club con 18 años, Layla obtuvo un merecido reconocimiento.

- ¿Cuáles fueron tus sensaciones cuando te enteraste?

- Un poco sorprendida. Espero que en algún momento ganar este tipo de premios me abra alguna puerta para mejorar mi carrera.

- ¿Cuál pensás que fue el partido en el que más te destacaste esta vez?

- Sin dudas, contra Buenos Aires, porque venía de golear en la zona de grupos a todos los equipos. Nos atacaron absolutamente todo el partido y lo supimos defender. De mala suerte recién en el tercer cuarto nos hacen el gol, después del cuarto rebote en una jugada. Perdimos 1 a 0, pero creo que ese fue el partido en el que más me destaqué y quizás me ayudó a que me elijan.

- ¿Qué te dijeron tu familia y tus amigas?

- Mi mamá no entiende mucho, pero mi papá me dijo que ya sabía porque había tenido un buen torneo, que me lo merecía y que estaba muy orgulloso de mí. Justo después la premiación entrenaba el seleccionado mayor y me crucé a algunas de mis compañeras del club que también me felicitaron, al igual que todas las demás por el grupo de WhatsApp.

- ¿Qué te llevás del campeonato?

- Más allá de los resultados que no fueron los deseados, me llevo que después de tantos años con diferentes grupos, fue el mejor, tanto dentro como fuera de la cancha. Fue una buena experiencia con un gran grupo de personas y la pasamos muy bien.

- ¿Qué significa para vos representar a Tucumán?

- Juego en el seleccionado desde los 13. Jugué mi primer Sub-14 “B” en Tucumán. Desde ese momento para mí es muy importante, es un honor y un orgullo poder jugar para mi provincia.

- Tucumán tiene muy buenas arqueras, ¿dónde crees que está la clave?

- La mayoría de las buenas arqueras y arqueros varones también, como Miguel Fiol, Rodrigo Martínez Molina y su hermano “Gero” cuando quedaba; fueron todos formados por “Nery” (Julio Rivadeneira). Él tiene años y es el clásico entrenador, así que yo creo que Tucumán tiene tantos buenos arqueros gracias a la formación que tenemos y a la oportunidad de contar con una escuela de arqueros en la Asociación.


- ¿Cómo llegaste a ser arquera?

- Fue muy gracioso. Yo tenía 10 años cuando empecé a jugar en octava, en ese entonces de jugadora. Yo estaba encaprichada con que quería jugar dos partidos. Entonces, como no había arquera en séptima, dije que me iba a poner los pads, sólo para jugar dos partidos. Y así empecé a quedar, jugaba en octava y quedaba en séptima. Y bueno ya después le tomé el gusto y nunca más volví a tocar un palo que no sea curvo como el de las arqueras.

- Además del hockey, ¿tenés alguna otra actividad o hobbie que te apasione?

- Me gusta mucho leer. Yo siempre fui amante de la lectura y me gusta muchísimo. También escribo poesías, soy muy dramática, demasiado. Escribo cuando estoy triste, tengo que estar muy triste para escribir, es como una manera de descargarme.

- ¿Tiene dedicatoria especial el premio?

- A mi papá principalmente. Él, de lunes a viernes, me lleva a entrenar y los sábados no se pierde ni un partido. Y a mis entrenadores: “Choco” (Sebastián Pece) y, sobre todo, a “Nery”, que me banca en todas y estoy muy agradecida.

- ¿Cuáles son tus objetivos de aquí en adelante?

- Me gustaría muchísimo poder jugar en algún momento en Buenos Aires.

- ¿Y tus mayores sueños?

- Recibirme, pero en paralelo también me gustaría, aunque sea en algún momento, ser llamada para entrenar en el Cenard en una concentración nacional. Por lo menos, intentarlo y mostrar lo que sé hacer, no necesariamente llegar y quedar. Si se da, bien, sino está bien. Pero me gustaría tener la oportunidad de poder hacerlo.

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