La Fura Dels Baus: hace 40 años se gestaba una gran revolución en las artes escénicas

La compañía catalana recorrió el mundo e influyó con su estética a numerosos grupos. Artaud, Víctor García.

12 Nov 2019 Por Jorge Figueroa
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PUESTA EN ESCENA. Una superproducción con el cuerpo y la tecnología, que afecta todos los sentidos.

A veces se habla con el cuerpo; otras, con la voz; son palabras que dicen. Pero también los cuerpos construyen y deconstruyen discursos. 

Por estas semanas, La Fura dels Baus cumple 40 años en la escena internacional. Con este grupo catalán, el teatro, en el sentido tradicional, se transformó y mostró hasta qué punto la experimentación como modo de ser permanente, puede ser un estado.

Un tucumano, de esos que la sociedad no aceptó fácilmente, Víctor García, quizá esté en algunas de estas referencias; pero también Antonín Artaud, con su teatro de la crueldad.

No puede soslayarse la Fura en Argentina, con la Organización Negra, De la Guarda y Fuerza Bruta que se reconocen allí, un poco más cerca, un poco más lejos. Y por qué no pensar en algunos espectáculos del grupo tucumano La Vorágine, como “Periplo, cartas de amor”. En 2001, De la Guarda ya presentaba su obra “Villa Villa” en Nueva York, que hizo “volar” a celebrities como Madonna, Michael Jackson, Leonardo DiCaprio o Mick Jagger, y que tuvo su base en Recoleta y compañías en otros países.

La Fura dels Baus aterrizó en Córdoba en 1984 con un espectáculo que asombró a todos. Y desde entonces, sus propuestas más audaces se presentaron en el país. Principalmente en la ‘docta’ donde, entre festivales y puestas de escena, los catalanes enseñaron cómo trabajar con el cuerpo en las alturas; sus acrobacias, cómo entrenar entre arneses y otras herramientas.

Pero también, cómo jugarse sin redes de contención en propuestas que algunos países censuraron y calificaron como pornográficas y que en 2002 se pudo ver en Córdoba (“XXX”, basada en un texto de Marat Sade).

La Fura se ocupó, a su modo, de óperas, clásicas, románticas y contemporáneas: “Atlántida”, de Manuel de Falla y Ernesto Halffter; “El martirio de San Sebastián”, de Claude Debussy; “La condenación de Fausto”, de Hector Berlioz, “La fábula de Orfeo”, de Claudio Monteverdi, realizado en las bodegas de su barco Naumon en el Puerto Viejo de Barcelona por el 400 aniversario de su estreno en 1607; “Aída”, “Carmina Burana”, y una larga lista.

En estos 40 años han recorridos decenas y decenas de obras en diversos países: entre 2004-2007 presentaron “Naumaquia”, un espectáculo itinerante en un carguero que bautizaron como Naumon, un centro de artes escénicas flotante. Por su formación han pasado, igualmente, docenas de artistas, productores. Una compañía que surgió con intervenciones en las calles en una España post franquista que buscaba liberarse. Allí, a los pocos años, luego de Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, grandes empresas internacionales pagaron por sus presentaciones, promociones: Pepsi, Mercedes-Benz, Peugeot, Volkswagen, Swatch, Airtel, Microsoft, Absolut Vodka, Columbia Pictures, Warner Bros., Puerto de Barcelona, Telecom Italia o Sun Microsystems.

La revolución en el arte es en primer lugar con el lenguaje artístico: la ruptura del espacio escénico (la tan nombrada cuarta pared italiana) no es, seguramente, una marca original (¿qué sería tal cosa?). Pero uno debería detenerse en observar cómo se lo hace. La interacción con el público se puede hallar en el cambio de lugares, en la dislocación. O cuando física y literalmente, se incorpora casi involuntariamente al espectáculo. El riesgo, eso, sobre todo, no hay garantías: los cuerpos no tienen contención, trabajar sin redes... Actores /actrices dispuestos a desafiar las leyes de gravedad, por ejemplo.

En estas obras, ¿cómo distinguir teatro, danza, música, ópera, instalaciones, puestas en escena, realidad, ficción?

En el cruce del siglo, de los milenios, difícil es identificar los géneros: las rupturas están al orden del día, en las artes escénicas y las artes visuales. Hace pocos meses, Carlus Padrissa, director del elenco, explicó: “el público no es la cuarta pared, es protagonista de lo que sucede, del espectáculo, porque la vida es así, inmersiva”.

No fue la única transformación, es cierto. Pero sucedió y se extendió como resistencia.

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