¿Es oportuno que estas discusiones se ventilen en las páginas de los periódicos?

10 Nov 2019

Por Luis Marcelo Martino, profesor de lengua y literatura (UNT)

Los vínculos entre filosofía y literatura son tan íntimos que a veces resulta difícil establecer límites categóricos y tajantes entre una y otra. De hecho, la Poética aristotélica y las sucesivas teorizaciones sobre el concepto de literatura y la naturaleza de los géneros literarios, así como la búsqueda -enmarcada en una línea teórico-ideológica bien definida- de la “esencia” de la literatura (de eso que subyace a todo hecho literario y le confiere su carácter de tal) podrían enmarcarse cómodamente dentro de una filosofía de los fenómenos literarios.

Esta relación puede también pensarse desde otros aspectos. Antes que teorizar de manera general sobre el tema, prefiero citar un par de testimonios, muy alejados en el tiempo y el espacio uno de otro. El primero se remonta a mediados del siglo I d.C., en la Roma imperial. Séneca, el preceptor de Nerón, escribe diálogos y epístolas de tono filosófico-moral, pero también una serie de tragedias. En estas piezas, retoma la materia mitológica griega -a través de las obras de Eurípides, fundamentalmente- y le imprime el sello de la filosofía estoica que profesa, lo que le permite poner en juego cuestiones como la responsabilidad del individuo con respecto a sus actos, frente a la fatalidad del destino. Esta conjunción entre literatura y filosofía es la que estará presente, mucho más tarde, en la práctica creativa de Sartre y Camus, por ejemplo.

El segundo testimonio se localiza en el Uruguay del siglo XIX. En 1828 tiene lugar en la prensa periódica de Montevideo una polémica sobre “sistemas filosóficos” entre Juan Bautista Alberdi y Salvador Ruano. Unos meses más tarde, en las páginas de uno de los periódicos involucrados, se suscita una nueva polémica, esta vez en torno al estreno de un drama de Alexander Dumas. En uno de los artículos del debate, sin firma, se traza un vínculo entre aquella polémica “sobre asuntos filosóficos” y ésta, de carácter literario. Dicho vínculo residiría, según el articulista, en el escaso interés que despertarían en el público ambas cuestiones y en la inoportunidad de que discusiones de este tipo se ventilen en las páginas de los periódicos, teniendo en cuenta la complicada situación política del país. No obstante, esta hermandad entre filosofía y literatura basada en su carácter de disciplinas prescindibles en momentos de crisis debe ser interpretada con cautela, sin olvidar la relevancia que los letrados del siglo XIX les asignaban a ambas en los procesos político-sociales.

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