Debate en la UNT: la expansión hacia el interior, una deuda del sistema científico

Cuatro especialistas dialogaron sobre el futuro de la ciencia argentina. Pusieron el foco en el federalismo, el crecimiento, la eficiencia y el registro de patentes.

01 Nov 2019 Por Hernán Miranda
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CIENTÍFICOS. Castagnaro, Figari, Salvarezza y Della Vedova exponen sus ideas en la Facultad de Bioquímica. LA GACETA / HÉCTOR PERALTA

El federalismo no ha llegado aún al distrito científico. Esta es una de las conclusiones del debate sobre el futuro de la ciencia argentina que anteayer reunió a los investigadores de la provincia en la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la Universidad Nacional de Tucumán. Allí Atilio Castagnaro, director del Centro Científico-Tecnológico de Tucumán, transmitió: “tenemos que mirar a países del primer mundo como Estados Unidos, Francia o Alemania, donde la investigación se ha desplazado desde el centro hacia sus regiones periféricas. El conocimiento debe generarse también en el interior del país”.

Además de él, en la mesa panel se sentaron Roberto Salvarezza, ex presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet); Jorge Figari, gerente de Asuntos Administrativos de esa institución; Carlos Della Vedova, director del Centro de Química Inorgánica de la Universidad Nacional de La Plata, y el moderador Mauricio Cattaneo, del ateneo de científicos tucumanos que organizó la jornada.

También Salvarezza alertó sobre el centralismo del sistema de ciencia y tecnología. “Hoy los productores regionales no consiguen apropiarse del conocimiento que genera el Conicet. Hay que armar centros de desarrollo productivo en el interior y llevar a los doctores de Buenos Aires y La Plata. Pero también, y antes, debemos generar las condiciones para que los investigadores quieran radicarse en las provincias: nadie va a instalarse con su familia si no le ofrecemos un buen sueldo y un buen lugar donde vivir y trabajar”, consideró.

De acuerdo con cifras del Conicet, el 78 % de sus investigadores, el 70 % de sus becas, el 78 % de sus proyectos y el 70 % de sus institutos permanecen en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

Más investigadores

Salvarezza advirtió además que la tasa de investigadores del país es relativamente baja: “Argentina tiene tres investigadores cada 1.000 integrantes de la población económicamente activa, mientras que cualquier país desarrollado anda en seis. Si apostamos a que la ciencia impacte en el desarrollo de la nación, tenemos que contratar más investigadores”.

El plan Argentina Innova 2020 (hoy reorientado hacia el 2030), presentado en 2013 por el actual secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, proyecta aumentar la tasa de investigadores a 4,6 para diciembre del año que viene, aunque la relación se ha mantenido estable en torno a tres desde 2012, según datos de la Secretaría. “Discutamos otro plan si quieren -propuso Salvarezza-, pero los números no pueden caer. Si perdemos el tren para ingresar gente, la comunidad científica va a estar en problemas”.

Menos burocracia

Por su parte, Figari llamó la atención sobre la antigüedad de las normas argentinas de ciencia y tecnología. “Hay que modificarlas porque no sirven para un mundo informatizado. Hacen perder tiempo y recursos. Reformar la normativa del Conicet y trabajar en un cambio del paradigma cultural de la organización administrativa son dos tareas muy importantes”, manifestó.

Enseguida, Castagnaro enfatizó la necesidad de actualizar y facilitar las relaciones entre instituciones: “una sola persona no puede resolver problemas complejos. El tema interministerial es clave y el gran desafío es armar un lugar de convocatoria para todos los actores del sistema científico”.

Ciencias básica y aplicada

A su turno, Della Vedova aseveró que el primer desafío, que contiene a todos los demás, es hacer que el sistema científico sea capaz de darle respuestas a la sociedad. Castagnaro, por su parte, coincidió: “la investigación en ciencia básica es fundamental, pero no es suficiente. Si caemos siempre en la evaluación fácil de la publicación en revistas especializadas, nunca vamos a tener patentes y nunca se va a valorar la producción científica”. Según él, las publicaciones argentinas aparecen entre las 10 primeras en la lista de las que usan las multinacionales para patentar. (Castagnaro no proporcionó la fuente del dato. En el Índice Mundial de Innovación de 2018 publicado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas, Argentina figura en el puesto 36 en relación con los documentos citables). “Tenemos que publicar después de patentar, porque si no perdemos las patentes y dilapidamos el dinero”, recomendó Castagnaro.

Además, Salvarezza destacó la necesidad de visibilizar las aplicaciones prácticas del trabajo de los investigadores del Conicet. Recordó, por ejemplo, que este consejo le provee datos al Instituto Nacional de Prevención Sísmica. “El Conicet hace miles de cosas útiles -atestiguó-, pero muchas veces están escondidas. Los científicos tenemos que discutir qué nos proponemos y convencer a la sociedad de que Argentina es capaz de desarrollar conocimiento y tecnología útiles”.

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