Para aprobar un curso de montañismo llegaron “al techo” de Tucumán

La expedición al nevado El Clavillo, a 5.550 metros de altura sobre el nivel del mar, duró cinco días.

17 Oct 2019

Llegaron a la cumbre del Clavillo, a 5.550 metros sobre el nivel del mar, alrededor de las 11. El cansancio se notaba en las piernas, pero el paisaje imponente de la montaña era una bocanada de aire para renovar energías. Tomaron fotos, bebieron agua, “recargaron las pilas” antes de emprender la bajada. Empezó a nublarse. Cambió el clima y bajaron hasta el campamento 2, a 4.750 metros de altura, donde habían dejado las carpas. Al llegar ahí empezó a nevar. Era mediodía, pero estaba todo gris, frío y con nieve. “Nos encerramos en las carpas, antes de seguir bajando –explicó Santiago Zapatiel-; teníamos que descansar por lo menos unas nueve horas”, precisó. Durmieron hasta las 20, mientras afuera el manto blanco cubría toda la montaña. “A la noche salimos a estirar las piernas y estaba todo nevado –recordó-; fue impresionante”.

Las condiciones climáticas

Cada uno carga su mochila en la espalda y una bolsa de dormir. Algunos avanzan estaban apoyados en bastones, que sirven para mantener el equilibrio y evitar así posibles lesiones de tobillos y rodillas. Caminaban en fila por el sendero natural. En la montaña fue una constante la exposición a las distintas condiciones atmosféricas, desde la lluvia al granizo, la nieve o la brisa fresca, hasta el sol ardiente; por eso llevaban una indumentaria adecuada. Así concluyó, esta semana, el curso de iniciación al montañismo en altura con una expedición a las cumbres del Clavillo. La aventura duró cinco días, desde el jueves hasta el lunes, entre ida y vuelta hasta llegar a los 5.550 metros de altura sobre el nivel del mar, en la montaña más alta que tiene Tucumán.

El ascenso

El itinerario comenzó el jueves. Para ir al Clavillo es necesario hacerlo por Catamarca. Es decir que hicieron noche en Santa María, antes de empezar la expedición. En esa zona empieza la aclimatación en altura. “El viernes empezamos a caminar temprano desde Buey Muerto (Catamarca), que es el sitio clásico para la salida –detalló Santiago-; íbamos como grupo autoindependiente, sin guía, porque así lo exige el curso en la última etapa. Empezamos temprano el viernes, pero antes de llegar al campamento 1 (4.000 metros de altura) se bajaron dos, lamentablemente –dijo-; hicimos noche y salimos el sábado al campamento 2, que está a 4.750 metros –resaltó-; el domingo nos levantamos a las 4.30 de la madrugada para empezar a caminar al alba con luna llena, eso fue hermoso –destacó- para ir hacia la cumbre del Clavillo a 5.550 metros. Hicimos cumbre a las 11”, agregó.

El descenso

Al mediodía, para empezar a bajar, se puso nublado. “Estábamos complicados con las condiciones climáticas –explicó el montañista tucumano-;  llegamos al campamento dos, donde estaban las carpas y empezó a nevar. Desde las 13 nos encerramos en la carpa hasta las 20 y estuvo nevando todo el tiempo. Nos levantamos a cenar. Salimos de la carpa y estaba todo blanco –rememoró- y nos dormimos. Descansamos nueve horas y el lunes nos levantaos a las 9 para llegar a Buey Muerto, donde estaban los autos”, detalló.

De la teoría a la práctica

Andrés Suárez y Ulises Kusnezov, expertos montañistas, son los impulsores del curso que comenzó por primera vez en 2013. Se trata de los aventureros que se inscribieron al curso de “Iniciación en la Montaña”, organizado por la Asociación Argentina de Montañismo (AAM), delegación Tucumán. Las clases teóricas se dictan en la sede ubicada en Salas y Valdes 236, Yerba Buena. Para las prácticas salen a la montaña. Este ciclo comenzó hace seis años, en 2013.

En Tucumán hay una Escuela de Montañismo y Escalada para Niñas y Niños, que coordina la Asociación Argentina de Montañismo (AAM). La sede está en Salas y Valdéz al 236, Yerba Buena. Más de 30 niños asisten en dos turnos (Lunes y Miércoles, de 10 a 11.30, y Martes y Jueves de 17 a 18.30).

El primer club de montañismo de Tucumán nació el 15 de junio de 1950. Entonces se llamaba Asociación Tucumana de Andinismo (ATA) y fue impulsada por un grupo de entusiastas que hacían excursiones. Uno de los socios fundadores fue el geógrafo Enrique Würschmidt, quien quizás haya sido el primero en filmar, en 1948, las “ruinas de las Pavas”, hoy conocidas como La Ciudacita. Al poco tiempo, en abril de 1952, apareció el número 1 de la revista de la institución, denominada “Llokhana”. En esa publicación, Würschmidt hizo una detallada descripción de las ruinas.

Un guía especial

Kusnesov dijo que fue una diferente. Subió varias veces al Clavillo, pero esta vez fue guía, aunque prefirió hacerlo de una manera especial. “La particularidad de esta salida fue no hacerme cargo de la toma de decisiones, como era un curso yo quería que ellos adquirieran la práctica de tomar de decisiones, que es una constante en el montañismo. No fui tan guía, y fue una experiencia hermosa –explicó Ulises-. Tuvimos mucho calor el primer día. Después tuvimos viento, frio y nieve –recordó-, nos nevó desde el mediodía del domingo hasta el lunes a la mañana. No había otra cosa para hacer. Estuvimos encerrados en las carpas y la famosa puna. Todo el mundo la siente. Unos más otros menos, porque es el punto más alto de Tucumán con 5.550 metros. Es el techo de Tucumán”, insistió.

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