Liga Tucumana: la dura realidad del futbolista

El fútbol no es un deporte de ricos. Lo saben muy bien los jugadores que actúan en el torneo de la Liga Tucumana de Fútbol. La enorme mayoría debe buscar un trabajo para llevar el pan al hogar.

08 Sep 2019 varios autores

El reciente mercado de pases del fútbol europeo movió poco menos de € 5.500 millones, en 726 operaciones. Al cambio del viernes, esto significa más de $ 363.000 millones. Los jugadores, las verdaderas estrellas, se quedan con el 15% del dinero involucrado en sus transacciones; es decir, más de $ 54.450 millones: una media de casi $ 75 millones para cada uno de los 726.

Pero Europa está muy lejos de la Argentina, y a años luz de nuestra provincia. La realidad económica de los jugadores que animan la Liga Tucumana de Fútbol conmueve. Si no todos, la enorme mayoría sobrevive muy por debajo de la línea de pobreza. Y muchísimos reparten su tiempo libre en uno, en dos o en más trabajos o “changas”.

Casi todos los consultados por LG Deportiva -referentes de sus clubes, clasificados para la segunda fase- contaron que se dedican a la albañilería, uno de los trabajos más precarios y más inseguros, y una de las ramas más golpeadas por la actual crisis económica. Algunos dijeron, además, que suelen ocuparse para las cosechas de limón o de arándano.

DELIVERY. El delantero “juliano” Edgardo Rojas entrega mercaderías de una despensa.

Los dos delanteros que encabezan la tabla de goleadores de la Liga Tucumana de Fútbol prácticamente viven al día. El “9” de Santa Ana, Franco Darío “Viruta” Borque (27 años) lidera con 14 goles. Trabaja, principalmente de jornalero, pero también se las rebusca con trabajos de albañilería, en su localidad. El “9” de Sportivo Guzmán, Edgardo Raúl “Reloco” Rojas (31) lleva anotados 13 tantos. Hace delivery a domicilio para la despensa de un amigo del barrio “2.500 viviendas”, en El Manantial Sur.

La paternidad

“A los 14 años debuté en Santa Ana; al año me fui a Buenos Aires, a las inferiores de Ferrocarril Oeste, donde estuve hasta los 20. Cuando volví fui papá (tiene tres hijos, Bautista, de 7 años; Victoria, de 4, y Valentina, de 2; está casado con Brenda Villagra), así que empecé a trabajar como jornalero en el campo. Cuando era la época del limón o del arándano ahí estábamos, trabajando en la cosecha”, contó Borque, que añadió que también recibe ayuda de sus suegros.

No concibe dedicar su tiempo exclusivamente a los entrenamientos y a los partidos. “Del fútbol no podés vivir. ¡Mirá cómo está la situación económica del país! También soy ayudante de albañil; sobre todo por la mañana; luego me baño y a entrenar. Pero siempre hay que buscar trabajo, para llevar comida a la casa; y más cuando tenés una familia”, dijo. Precisamente, pese a todo el esfuerzo laboral y deportivo, no desatiende su rol paterno. “De lunes a viernes, a la mañana llevo a ‘Bauty’ a la escuela; y al mediodía, a ‘Vicky’ al jardín.

Borque está a cuatro goles de su mejor marca como goleador: en 2014, cuando jugaba para Famaillá, había aportado 18 gritos para llevar al equipo al viejo Argentino B. “Con Santa Ana estamos para pelear el Petit torneo. La llegada de mi hermano Domingo como director técnico nos hizo ganar varios partidos importantes, que nos llevaron a clasificar. Lo bueno es que somos un equipo, en el cual todos dependemos de todos”, dijo.

Sacrificio

Antes de hacer de cadete en la despensa de su amigo, Rojas la peleó en algunos laburos precarios. “Empecé a trabajar en ‘La Esquina’, por necesidad: mi señora, Silvina Lazarte, estaba embarazada (tiene tres hijos: Martina, de 6 años; Mía, de 3, y Caetano, de 6 meses). Por las noches repartía pizzas a domicilio. A la 1.30 cenábamos, y luego limpiábamos. Así estuve casi un año. Luego ingresé en la cooperativa 9 de Julio, que hacía la limpieza en el hospital Eva Perón, de Banda del Río Salí. Ahí laburé seis años, de 6 a 14: mantenimiento, limpieza de baños, de habitaciones o de quirófanos. Pero la cooperativa quebró, y quedé sin laburo en diciembre del año pasado. Ahí es cuando comienzo en la despensa de mi amigo. Uno se la rebusca”, explicó Rojas.

Con su propia moto, “Reloco” entrega los pedidos de lunes a sábado, de 9 a 14 y de 19 a 22; los domingos trabaja hasta el mediodía. “Mi jornada es de $ 450. Eso me permite vivir el día a día; de eso saco también para combustible o para parchar las ruedas si es que pincho. Los dueños son excelentes personas. Es un laburo denso, por la inseguridad, aunque gracias a Dios y a la Virgen nunca me robaron”, agradece “Reloco”.

OBRERO. El delantero de Santa Ana Franco Borque cosecha limones o arándanos y, además, ayuda en la construcción.

Según precisó, a las 14 deja la moto, come a las apuradas, lleva a Martina a la escuela y se va a las prácticas del “Juliano”. “Aguanto un rato en el parque 9 de Julio, hasta que abren el club. Cuando salgo, la busco a mi hija, merendamos, y otra vez a la despensa”, detalla. Sportivo le paga un sueldo mensual. Rojas destina ese dinero al pago de impuestos y de servicios. “Trabajo de lunes a domingo; y si ese día debo jugar en el interior, con mi jefe buscamos algún muchacho del barrio que me remplace. Mi señora es ama de casa; y no tenemos obra social: si se enferma algunos de mis hijos debo ir al hospital”, agregó.

Sueños

La situación de pasar de uno a otro trabajo abruma al goleador. Al punto que su deseo futbolístico está subordinado al laboral. “Yo tengo título secundario, y no consigo un trabajo fijo, de ocho horas. Me gustaría trabajar en la administración pública. Y que me quede tiempo para hacer fútbol, que es lo que me apasiona. No sé hasta los cuántos años jugaré. Tengo varios compañeros que ya pasaron los 35 años y aún juegan muy bien”, afirmó.

¿Se puede vivir del fútbol en la Liga?, le preguntó LG Deportiva. “No. La mayoría de mis compañeros trabajan en distintos oficios que aprendieron: (Walter) Perea y (Julián) Yurectic son carpinteros, (Marcos) Luna hace carpintería de aluminio y mamparas, (Nahuel) Abregú hace caramelos con su papá, (Martín) Barrionuevo es repositor en un súper, Nahuel Scimé es barrendero. Cuando jugaba en San Antonio de Ranchillos, mis compañeros trabajaban en la cosecha de la caña. Y están los que lograron entrar en la administración pública. Todos tienen su trabajito; son muy pocos los que tienen un ingreso que le permite vivir del fútbol”, respondió el delantero “juliano”.

ARTILLERO. Edgardo Rojas señala orgulloso su dorsal; un “hat-trick” del delantero clasificó al “Juliano” para la segunda fase. la gaceta / foto de Osvaldo Ripoll

A la hora de hablar para qué está Sportivo en este torneo, admitió que entraron con lo justo a la segunda fase -gracias a un “hat-trick” de él, ante Amalia, en la última fecha. Se mostró, sin embargo, confiado para encarar lo que viene. “Cuando estamos dentro del campo de juego somos 11 hermanos, somos una familia y nos defendemos cada uno. Y siempre decimos que vamos paso a paso. El objetivo es llegar a las finales. La idea es reforzar el equipo, la parte del ataque. En la reserva hay delanteros, y en ocasiones los suben al primer equipo. Pero son juveniles, y es distinto cuando uno es más grande, se vuelve más mañero. Espero que no me quiten el puesto”, bromeó.

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