Las palabras que sirven para tirar la piedra y esconder la mano

La aparición de Internet cambió los recursos de expresión. La expresión “ah re” muestra cómo los jóvenes se las ingenian para innovar.

01 Sep 2019 Por Hernán Miranda

El poeta francés Alcanter de Brahm, en su libro “L’ostensoir des ironies”, de 1899, proponía usar un signo de interrogación invertido para evidenciar la ironía en la escritura. Ya más cerca de aquí, en 1966, Hervé Bazin recogió el guante en “Plumons l’Oiseau”, donde añadió otros signos novedosos: los puntos de aclamación, indignación y duda.

Para decepción de Bazin y De Brahm, estas ideas no despertaron ironías, aclamaciones, indignaciones ni dudas, aunque en la escritura española, por ejemplo, a veces se usan las comillas para marcar la ironía. Este es también el caso de la expresión “ah re”, que adquirió en las redes sociales popularidad suficiente para merecer, contra todo academicismo, la atención de la Academia Argentina de Letras.

Un marcador de ironía

En un artículo titulado “La influencia de Internet en la acuñación de una palabra nueva: el curioso caso de ‘ah re’”, la Academia rastrea el origen de esa expresión, que combina la interjección “ah” (como en “¡ah, ravioles!”) y el intensificador “re” (como en “-¿Te gustan los ravioles? -Re”). “La ironía es un recurso que requiere abundante información contextual. La pregunta es qué sucede con la ironía cuando la comunicación se da en un entorno en el que la información contextual es escasa o inexistente. Twitter, por ejemplo. Esta es la razón que permite explicar la necesidad de los hablantes de dar con un marcador que cumpla esa función. Por ejemplo, la presencia del marcador ‘ah re’”, expone el texto.

Sin embargo, “ah re” no funciona sólo como marcador de ironía. Silvina Douglas, docente de Lengua y Comunicación de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), explica: “sus funciones pragmáticas se han complejizado y son múltiples; entre las que puedo describir está la marca de ironía (‘Sos un genio al volante, ah re’, después de que el conductor se acaba de ‘tragar’ un pozo); de broma (‘Che, me gustas, ah re’); de atenuación, cuando se dice algo que puede impactar en la imagen positiva del interlocutor (‘Sos lento, ah re’) y no se quiere amenazar su imagen. Otra explicación estudiantil fue: ‘es como tirar la piedra y esconder la mano, profe’; en ese caso el enunciador imprime un control metacomunicativo, que procura mermar su responsabilidad sobre lo dicho”.

En tanto, la profesora de Lengua Española I de la UNT Esther López observa que es común escuchar (y leer) entre los adolescentes: “en la cancha me dicen Messi, ah re”. “Este uso implica que no debe ser interpretado en el sentido literal sino todo lo contrario -sostiene-. A diferencia de este uso en el que se explicita la exageración, en otros casos se deja lugar a la duda para no exponer la imagen de quien lo enuncia: ‘me parecés muy lindo, ah re’”.

Más allá de “ah re”

Los chicos no quieren hablar como sus papás y entonces inventan palabras o les dan nuevos sentidos a las viejas. Así nace en cada época el lunfardo adolescente, porque esta costumbre tiene tantos años como el lenguaje y es tan antigua como la juventud. Aunque millennials y centennials se encuentren a sí mismos muy originales, ya los jóvenes del Neolítico deben haber introducido extravagancias en la culta lengua de los sacerdotes sumerios.

Douglas cuenta que sus alumnos le comentaron que escuchar el “ah re” en boca de los adultos les suena impostado y poco natural. “¿Quién -se pregunta- no creó su propio código con los pares, en los tratamientos, en el léxico, en la selección de determinadas expresiones? Funcionan y funcionaron como una marca afiliativa de pertenencia al grupo”.

Pero hasta los rasgos más universales de la cultura cambian con el tiempo y la tecnología. Y con Internet, que ha intervenido en los modos de formación de las jergas juveniles y ha favorecido su difusión. López confirma que la inmediatez de la comunicación vía Internet ha llevado a los jóvenes a adaptar la lengua escrita a la velocidad de la oralidad. “Esto lleva a la abreviatura de palabras y al uso de emoticones, por ejemplo, en el afán de economizar tiempo y esfuerzo al escribir en el teclado”, indica.

Ortografía en Whatsapp

Gabriela Palazzo, profesora de Introducción a los Estudios Literarios en la UNT, agrega que uno de los fenómenos más claros respecto del uso del lenguaje en Internet es el hecho de que ha potenciado enormemente la escritura: “Internet dio acceso a una libertad prácticamente ilimitada en el uso lingüístico y no lingüístico de formas antinormativas, más o menos transgresoras y creativas, que conjugan códigos verbales y no verbales”.

Si bien menciona que la desatención a las normas ortográficos es una constante en el ciberdiscurso juvenil, Palazzo rechaza la idea de referirse al uso del registro entre jóvenes como “vulgar” o “inculto”, lo que no significa que no reconozca que las formas lingüísticas juveniles se alejan claramente de la norma.

En cualquier caso, la experimentación con las palabras no es una cosa nueva: basta pensar en el texto “Otro suisida” (sic) de Cortázar. Pero, advierte Palazzo, en el lenguaje de los chicos no hay una voluntad de crítica al sistema de normas académicas, sino que es una de las consecuencias de volcar la intención de comunicación oral a través de la escritura.

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