¿Qué es y cómo saber si un chico es víctima de ciberbullying?

Se trata de un modo de hostigamiento que tiene como plataforma las redes sociales. Quiénes son las víctimas más frecuentes y cuál debe ser el rol de los adultos.

29 Ago 2019 Por Francisco Chico
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Un hostigamiento que no tiene fin, porque se lo lleva en el bolsillo. Un agresor anónimo, porque tiene infinitas posibilidades de ocultarse. Esto es lo que sufren los niños, niñas y adolescentes que son víctimas de ciberbullying (o ciber acoso) un problema que presenta diversas modalidades. Según jóvenes, padres y especialistas, los rasgos característicos son la tensión constante ya que no se sabe cuándo se recibirá un nuevo insulto. A eso se le suma la impotencia que genera el hecho de que, en muchos casos, no se puede identificar al agresor.

La ley provincial 8.899, dirigida esencialmente a prevenir el ciberbullying, define este fenómeno como: “determinadas conductas y acciones psicológicas de acoso llevadas a cabo por niñas, niños y adolescentes contra otros, por intermedio de amenazas, hostigamiento, humillación, chantajes e insultos realizadas desde las redes sociales, teléfonos móviles, y cualquier otra plataforma digital de comunicación”.

Facebook, WhatsApp, Instagram y otras redes sociales son utilizadas por los propios adolescentes para hostigar a sus pares en base a distintos parámetros: su aspecto físico, su orientación sexual, su religión o su familia, entre otras cuestiones. Al respecto, tres adolescentes de 16 años, que estudian en distintas instituciones educativas compartieron con LA GACETA algunas de las experiencias que percibieron en su entorno.

“Se suelen utilizar fotos que no le gustan a esa persona y se las difunde sin su permiso”, contó Ana Benito. “Una amiga subió una foto hace poco y un chico le comentó sobre su cara. Ella se sintió muy mal y me llamó, pero no le dijo nada. Borró el comentario y la foto”, relató Shaira Nadir Mesón. “A un amigo le hicieron un perfil falso de Facebook e hicieron varias publicaciones, lo discriminaron muchísimo. Él cayó en estado depresivo, llegó al método de encierro. Recién ahora, después de cuatro meses, está empezando a salir”, dijo Thiago Maldonado.

Hay fundaciones y oficinas del Estado que luchan contra el ciberbullying de distintas maneras (ver nota aparte). Los adolescentes, por su parte, interpretaron qué sienten las víctimas de estos abusos y opinaron acerca de las maneras más efectivas de apoyar a quienes sufren hostigamiento en las redes.

Uno de los factores en que los tres estudiantes coincidieron es en que esto suele darse con mayor frecuencia en la temprana adolescencia, alrededor de los 13 años. Y subrayaron las dificultades que enfrentan las víctimas para hablar del tema. “Se lo suelen guardar, o se ríen para quedar bien con el grupo. A veces lo comentan a alguien de confianza, pero no sale de ahí. Por lo general no es algo que se entere un mayor”, dijo Ana. “A la víctima le cuesta hablar del tema, no se suelta con cualquier persona”, relató Thiago. Por otro lado, Shaira destacó la falta de empatía en el agresor: “uno cree que es un simple comentario pero no se sabe cómo lo puede tomar la otra persona. Hay personas que lo pueden tomar como chiste, pero hay otras a las que les afecta demasiado”.

- JÓVENES. Un grupo de adolescentes, en una plaza tucumana. Ellos son el blanco principal del ciber acoso.-

Los adultos

La madre de una víctima de ciberbullying -quien pidió que se la llame “María” para no revelar su identidad- compartió su testimonio y brindó detalles sobre cuáles pueden ser los indicios para reconocer que un adolescente enfrenta este problema. “A veces podés advertir los síntomas y otras veces, no. Hay chicos que lo sufren en silencio”, relató.

“Ella (por su hija) empezó con algunos cambios de conducta, a encerrarse mucho. No sólo físicamente sino a estar ausente en reuniones familiares. A veces uno lo atribuye a la etapa de la preadolescencia pero ya era una desconexión importante”, contó. “Por más que uno diga ‘mi hija tiene Instagram o Facebook y yo la tengo en mi cuenta’ y crea que con eso ya puede cuidarlos de alguna manera, no siempre es suficiente”, manifestó.

La mujer opinó que las instituciones en general -incluida la familia o los adultos a cargo- deben concientizar a los jóvenes. “Creo que también se trata de valores. ¿Por qué tengo que agredir al otro? Y cuando veo la agresión, ¿qué hago? ¿La viralizo? No es sólo decir ‘yo no soy el agresor’, sino qué hago con eso cuando lo veo”, argumentó en referencia al hecho de que, con frecuencia, hay gran cantidad de espectadores que legitiman el ataque a pesar de no ser los protagonistas.

Con respecto a posibles modos de terminar con este problema y sobre cómo asistir a las víctimas, tanto la madre como los adolescentes fueron críticos del rol de los adultos en general. “Cuando planteo esto a otros padres, muchas veces la respuesta es que ‘eso es así, pasa en otros ambientes y en otras edades también’. Pero para mí no hay que naturalizarlo”, opinó “María”.

Consecuencia

“Siento que el ciberbullying es una consecuencia de todo lo que pasa en los adolescentes hoy en día. Capaz que es generado por la presión que sienten de sus padres o de la institución...”, dijo Ana Benito. Agregó que los adultos no deberían subestimar el problema y que es necesario comprender que estas situaciones afectan a cada persona de manera particular. Shaira también criticó algunas de las reacciones que suelen tener los padres. “Creen que la manera de corregirlo es quitando el celular, cuando en realidad eso es lo peor”, sostuvo.

“Hay que apegarse mucho a la persona para poder sacarla adelante”, aportó Thiago. El joven agregó que su familia se enorgulleció cuando contó que iba a hablar del tema. “Me dijeron que es una hermosa oportunidad, que aproveche. Que estoy rompiendo el silencio de más de una persona. Posiblemente alguien que sufra ciberbullying se anime a hablar de su problema”, concluyó.

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