Las aptitudes de la quinoa tucumana en el espacio

28 Ago 2019

La ciencia es una de las herramientas que permanentemente hace evolucionar a la humanidad, desde haber permitido derrotar varias enfermedades consideradas incurables, hasta haber ampliado la expectativa de vida o haber llevado al hombre a la Luna. Ni qué hablar de los adelantos tecnológicos que han revolucionado la vida cotidiana en múltiples aspectos. Desde hace años, los científicos tucumanos se vienen destacando por su labor a nivel internacional.

La Universidad de York (Canadá), la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Fundación Lillo han firmado un acuerdo para trabajar en las posibilidades que puede ofrecer la quinoa en otro planeta. Los equipos de la casa de estudios extranjera pueden simular las condiciones ambientales de Marte,

El director de Ecología de la Fundación explicó que en el interior de las estaciones y naves espaciales, se acumula anhídrido carbónico como consecuencia de la respiración de los astronautas. Cuando el ambiente tiene demasiado anhídrido carbónico, el cuerpo reemplaza el oxígeno de los glóbulos rojos con este; es suficiente una concentración de entre el 1 y 2% de CO2 en el aire para provocar la muerte si la exposición se prolonga durante varias horas, aun cuando no haya déficit de oxígeno. Es una de las razones por las que son necesarias las plantas en los vuelos espaciales ya que se encargan de absorber el anhídrido carbónico y descontaminar el aire de la nave.

El investigador explicó que las plantas sirven como alimento y por esa razón, son más provechosas que algunos químicos capaces de absorber el CO2 y transformarlo en sal. Señaló que desde hace muchos años, la NASA explora cuáles especies entre las que hoy existen en la Tierra podrían acompañar a los astronautas en las futuras estaciones espaciales o en vuelos muy largos, por ejemplo, en un eventual viaje a Marte.

En la década de 1990, la Fundación Lillo comenzó a investigar las propiedades de la quinoa, una planta nativa de los Andes sudamericanos, cuyo cultivo dataría de unos 5.000; se extendió desde altitudes cercanas a los 4.000 metros de altura hasta el nivel del mar. Es muy resistente y soporta condiciones de sequía y radiaciones ultravioleta y visible. Tiene muchas propiedades nutricionales, no contiene colesterol y posee fósforo, calcio, hierro, potasio, magnesio, manganeso, zinc, litio y cobre; su contenido de hierro es dos veces más alto que el del trigo y tres veces más alto que el del arroz. Está considerada libre de gluten y su consumo periódico ayuda a los celíacos; es recomendable para evitar la descalcificación y la osteoporosis, y posee un alto contenido de vitaminas del complejo B, C y E.

Pese a sus virtudes, la quinoa no ha sido adoptada por los tucumanos; la especie se encuentra en los Valles. Podría integrar la dieta alimentaria en los comedores escolares y de adultos, o en los hospitales o promover su consumo en los CAPs.

En ese sentido, las investigaciones que viene realizando la Fundación Lillo en esta materia son valiosas no solo para comprobar ahora si la planta puede beneficiar a los astronautas y puede sobrevivir en Marte, sino también para introducir este alimento a través de distintas recetas en el repertorio de comidas cotidianas de los comprovincianos. De ese modo, la ciencia tucumana se estaría proyectando al espacio y también a nuestro medio.

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