El incremento de los lavaderos callejeros

29 Jul 2019

El empleo en negro y el trabajo informal son dos de las actividades más comunes en Tucumán, que precisamente, no deberían enorgullecernos porque están fuera de la ley. El primero existe desde siempre en el país y tiene que ver con la explotación del trabajador que acepta la condición de no estar registrado y de carecer de cobertura social, con tal de tener algún ingreso. El segundo se viene incrementando desde la década de 1990, como consecuencia del desempleo, la ausencia de fuentes de trabajo dignas, la falta de inversiones y las políticas que no han logrado generar trabajo genuino. Entre estas actividades que se desarrollan al margen de la ley, están los lavaderos de vehículos en la vía pública que han crecido desmesuradamente en los últimos tiempos.

Lo que comenzó como una salida laboral se ha convertido para muchos en un verdadero negocio, que requiere una inversión previa, por ejemplo, una aspiradora de tamaño mediano (cuesta $ 8.000, una bomba de agua (para conectar a la red, $ 5.000); un tanque de agua de 500 litros como mínimo ($ 2.500) depende de la marca). Además hay que agregar rejillas, detergentes, espuma y silicona, entre otros insumos.

En una crónica publicada el sábado por nuestro diario, se consignan los puntos callejeros donde habitualmente muchos tucumanos van a hacer lavar sus vehículos. La avenida Papa Francisco (ex aeropuerto) es la arteria que concentra la mayor cantidad de puestos callejeros; en una franja de 600 metros por ambas aceras, hay 116 lavaderos. En la avenida Juan B. Justo, desde el cementerio del Norte hasta Francisco de Aguirre se ubican 17 puestos sobre la acera oeste de la avenida. Algunos de estos son casas de familia que pusieron los tanques de agua y las demás herramientas en la vereda.

En la avenida América, entre España e Italia, hay 22 lavaderos; en la avenida Francisco de Aguirre, desde Juan B Justo hasta avenida Siria, hay 11; en la avenida Adolfo de la Vega al 700, hay una docena de puestos improvisados repartidos a lo largo de tres cuadras en las dos aceras hasta la avenida Roca. En ese tramo, hay un total de 36 operarios, tres como mínimo por cada puesto.

Esta es, por cierto, una actividad ilegal porque se no paga impuestos, se ejerce en la vía pública, la mayoría de las conexiones son clandestinas, se derrocha el agua y además se daña el pavimento. En noviembre de 2013, un edil presentó un proyecto para que se erradicaran estos lavaderos. “Se trata de vecinos inescrupulosos, que alquilan su servicio de agua de la casa a aquellos que lavan los autos, que por lo general son personas de escasos recursos; el agua que decanta de los lavaderos, es contaminada, está en contacto con aceites, los cuales no pueden ser tirados a la calle”, afirmó en esa ocasión.

Nos parece que el Estado debería buscar la forma de organizar a estos trabajadores tal vez en cooperativas para que monten su negocio cumpliendo los requisitos obligatorios. Estos emprendimientos constituyen una competencia desleal para los lavaderos bien establecidos, considerando además que varios cuentapropistas han podido adquirir aspiradoras, bombas y tanques. Si no hay control ni sanción se está incentivando indirectamente a la comunidad a evadir las normas.

En Tucumán, la ley se viola doblemente: por un lado, hay ciudadanos que la transgreden y por otro, el Estado no la hace cumplir.

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