La vida salvaje de H. S. Thompson

Por María Eugenia Villalonga.

14 Jul 2019
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EL TRASTORNO. Para la desquiciada vida que llevó quien fuera considerado el mejor periodista político de los EEUU, la palabra “excesos” resulta pobre. The Independent

Hunter E. Jean Carroll (Tusquets - Buenos Aires) el hombre que patentó un periodismo sin reglas.-

La colección “rara avis” que dirige Juan Forn para Tusquets es uno de las mejores noticias que nos dio la industria editorial en mucho tiempo. Y la biografía del creador del periodismo gonzo, Hunter Thompson, hecha por su amiga personal y una de las mejores plumas que pasaron por el periodismo norteamericano, Elizabeth Jean Carrroll, es una muestra evidente.

Construida en dos registros, uno ficcional, protagonizado por una ornitóloga, suerte de conejita de Playboy devenida amante-cautiva-biógrafa y otro donde se suceden, en un montaje perfecto, los testimonios de muchos de los que compartieron la desquiciada vida del mejor periodista político norteamericano, según sus contemporáneos. Una vida para la que la palabra “excesos” resulta pobre y que convierte el relato de la biógrafa en un paso de comedia que deja expuesta la dimensión trágica de una existencia sin límites, en los testimonios de sus contemporáneos.

Macho sureño salvaje e irresistible, hijo de la generación de posguerra y de una sociedad que cambió, en pocos años, vertiginosamente, de la que salió convertido en una suerte de James Dean recargado, llegó a las grandes ligas del periodismo cuando la cocaína hizo su entrada triunfal en la sociedad norteamericana, produciendo los textos que cambiaron el periodismo para siempre. Pero los años 70 fueron también los del comienzo de su decadencia, un loop de borracheras, escándalos, violencia y bloqueo artístico que lo dejó, veinte años después, convertido en el único sobreviviente de una generación que apretó el acelerador y llevó la experimentación sesentista hasta el abismo.

Uno de sus contemporáneos, Bill Cardoso, encontró en el término usado por los músicos negros de Nueva Orleans para describir al que toca sin reglas, “gonzeaux”, la definición más precisa de la figura de este autor. El prefirió definir su invento y definirse a sí mismo de un modo más trágico: “El hombre que busca la verdad no debiera esperar clemencia, ni darla.”

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