Los años electorales pasan, pero los apellidos quedan en historias de alianzas y desencuentros

Las viejas postales reflejan las transformaciones que fue mostrando la dirigencia tucumana que el domingo volverá a competir en las urnas.

06 Jun 2019

Antes del 29 de junio de 2003, cuando los tucumanos lo eligieron gobernador por primera vez, José Alperovich ya había trabajado como legislador radical, ministro de Economía radical del peronismo y senador peronista. Ese día le sacó más de 18 puntos porcentuales al ex fiscal anticorrupción Esteban Jérez. En su primer discurso como mandatario provincial, Alperovich se distanció del ex gobernador Julio Miranda, que cargaba sobre sus hombros más de 20 niños muertos por desnutrición, y se alineó con el entonces presidente, Néstor Kirchner.

Además de encumbrar a Alperovich, la elección provincial de ese año abatió a Fuerza Republicana. Ricardo Bussi, hijo del ex gobernador (de facto, entre 1976 y 1977, y constitucional de 1995 a 1999) Antonio Domingo Bussi, recibió el 20% de los votos y ocupó el tercer lugar. En 1999, Bussi había alcanzado el 35,8% y perdido contra Miranda por apenas 2.405 votos; entre 2005 y 2015, fluctuó entre el 3% y el 8% de los sufragios. Recuperó terreno hace dos años, cuando sacó casi 16%. Bussi, que suele renegar de los políticos, es el único candidato que se presentó en todas las elecciones desde 1997 hasta la fecha.

Alperovich y Manzur

Mientras el progreso de Alperovich corría paralelo al retroceso de Bussi, Juan Luis Manzur adquiría popularidad al frente del Ministerio de Salud de la provincia: entre 2003 y 2006, el índice de mortalidad infantil en Tucumán se redujo de 23 a 13 chicos fallecidos cada 1.000 nacidos vivos, según cifras del Sistema Estadístico Provincial. Este número contrastaba con la imagen todavía reciente de Barbarita Flores, la nena tucumana de ocho años que en abril de 2002 había llorado frente a una cámara porque tenía hambre.

En la campaña tucumana de 2007, Manzur secundó a Alperovich en la boleta del Frente para la Victoria. El Frente Fundacional Justicialista del mirandismo, con el que Alperovich llegó al poder en 2003, ya era historia, y la reforma constitucional de 2006 había habilitado la reelección del gobernador. La fórmula de Alperovich y Manzur obtuvo un holgadísimo 78% de los votos; Bussi salió segundo con apenas 5%, a 73 puntos. El ex gobernador y el actual repitieron la hazaña en 2011, aunque esta vez con un pírrico 72% y el modesto margen de 57 puntos sobre el radical José Cano, que alcanzó el 15% de los sufragios.

La oposición: Cano y Elías

En junio de 2009, Silvia Elías de Pérez no pretendía ocupar un asiento en el Senado de la Nación. Cuando el pretérito Acuerdo Cívico y Social la anotó en el segundo lugar de su lista de candidatos, Elías de Pérez expresó: “no lucho por una banca y acompaño a Cano con un profundo orgullo: aunque estuviera como última suplente, para mí sería lo mismo”. En diciembre de ese año, Cano entró a la Cámara Alta por la minoría tucumana, pero después renunció para asumir como diputado y le dejó su lugar en el Senado a Elías de Pérez, cuyo currículo entonces se limitaba a un modesto tercer lugar por la Sección Capital en las elecciones legislativas de 2011.

El hoy ex titular del Plan Belgrano volvió a perder la carrera a gobernador en los controvertidos comicios de 2015. Este año renunció a su precandidatura para acompañar a Elías de Pérez como postulante de Cambiemos; algo parecido a lo que había hecho en 2013, cuando le cedió su silla del Senado.

En las elecciones para la Cámara Alta de hace cuatro años, Elías de Pérez salió segunda detrás del oficialismo provincial, que llevaba a Alperovich en su boleta. Ahora interviene por primera vez en la disputa por la gobernación.

Manzur contra Alperovich

El actual vicegobernador, Osvaldo Jaldo, creía hace unos años en la eminencia de Alperovich. O al menos eso interpretó el mundo político cuando en 2013, al asumir su banca de diputado nacional, juró “por Néstor y Cristina Kirchner, y por el mejor gobernador de la historia de la Provincia de Tucumán”. Después de la ruptura del manzurismo con el alperovichismo, Jaldo aclaró que, en realidad, quiso transmitir la opinión del pueblo tucumano, que tantos votos le había otorgado al ex gobernador en las elecciones anteriores. Alperovich, por su parte, no se ha responsabilizado por el cambio de postura de Jaldo. “Yo no me peleé con él, pero él se peleó conmigo”, se excusó hace un año.

En cualquier caso, la sociedad entre el alperovichismo y el manzurismo se terminó cuando este último empezó a existir. Atrás quedaron las dos fórmulas consecutivas de Alperovich y Manzur, o la alegre triada (la tercera pata era Jaldo) en la Casa de Gobierno después de las elecciones de 2015. En septiembre, luego de que trascendiera que llevaban varios meses sin hablarse, Manzur manifestó: “José es un gran dirigente, una persona de bien, y siempre me ayudó. Pero en lo político tenemos visiones muy distintas. Quiero ser candidato en Tucumán y repetir como gobernador”.

Manzur es candidato. Y también lo es Alperovich, que le contó a LA GACETA que le gusta leer a Nicolás Maquiavelo. Si consultó los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” (1531), el ex gobernador debe haber leído esta cita: “la naturaleza ha constituido al hombre de tal manera que puede desearlo todo, pero no puede conseguirlo todo (…). De aquí se originan los cambios de la fortuna, porque deseando, por un lado, los hombres tener más, y temiendo, por otro, perder lo que tienen, se llega a la enemistad, que causa la ruina de unos y la exaltación de otros”.

El domingo, el voto de los tucumanos marcará el nuevo destino político de la provincia, más allá de las alianzas y de los desencuentros de los contendientes. (Por Hernán Miranda)

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