¿El frío influye en el sexo?

26 May 2019
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> SEXUALMENTE HABLANDO

INÉS PÁEZ DE LA TORRE

Psicóloga

Es frecuente que, cuando hace frío, la gente bromee con lo propicio que resulta el clima para tener relaciones sexuales. Como si las bajas temperaturas fueran el contexto “ideal” para “arrimarse”, “hacer cucharita”, darse un poco de calor… ¿Es realmente así?

La biología indicaría lo contrario. Un buen número de estudios ha demostrado que la producción de serotonina –un neurotransmisor asociado al humor y al placer en general- aumenta en la primavera y el verano, por el incremento de las horas de luz solar. Por el contrario, cuando los días comienzan a ser más cortos, esta sustancia retrae su protagonismo frente a otra: la melatonina. Nuestro cerebro, al oscurecer más temprano, se adelanta en producir esta hormona, asociada más al sueño que al sexo.

Por otra parte, investigaciones realizadas sobre la testosterona –“la hormona del deseo”- demuestran que sus niveles también se elevan en relación con la luz del sol. Aunque al parecer tampoco son favorables estas condiciones en cualquier grado: diversas experiencias revelan que el calor excesivo y muchas horas de luz solar afectan negativamente el deseo sexual.

El verano también suele asociarse a lo erótico porque, por el calor, usamos ropa que deja más piel al descubierto, lo cual actúa como disparador sexual. Sin embargo, también se ha especulado acerca del efecto psicológico generado por la dificultad que tenemos para acceder a un contacto directo con el cuerpo del otro cuando hay muchas capas de ropa que se interponen. Impedimentos que funcionarían como afrodisíacos, despertando nuestras ganas de sortearlos hasta poder, por fin, acariciar un poco de piel.

Inoportunos

No son, eso sí, demasiado oportunos -sexualmente hablando- los resfríos o gripes que la mayoría contrae en algún momento de esta época del año.

Por último, la llegada del frío hace que el organismo –casi como una ancestral medida de supervivencia- segregue una mayor cantidad de oxitocina, la llamada “hormona del amor” o “del apego”. Algunos expertos sostienen que este evento orgánico favorece que los vínculos de las parejas estables se refuercen y que aquellos que están comenzando se inclinen a estabilizar la relación... ¿será?

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