Mota Botello, gobernador olvidado

No figura en nuestra nomenclatura de calles ni de escuelas el patriota que mandó en Tucumán de 1817 a 1819.

26 May 2019 Por Carlos Páez de la Torre H

El 6 de octubre de 1817, el jefe del Ejército del Norte, general Manuel Belgrano, traspuso la arquería del Cabildo de San Miguel de Tucumán y subió la escalera que llevaba a la sala de acuerdos. Iban a su lado el gobernador, coronel Bernabé Aráoz, quien ese día concluía su mandato; los regidores del Cabildo y miembros destacados del vecindario.

Luego llegó y se incorporó al grupo un militar robusto, de mediana estatura, abundante cabellera oscura, anchas patillas y ojos un tanto encapotados. Era un oficial del Regimiento 2 de Caballería de las Milicias de Catamarca, el coronel Feliciano de la Mota Botello. Arribó con dos regidores, que habían ido a acompañarlo desde la casa donde se alojaba.

De inmediato, el coronel exhibió a los presentes su título de nuevo gobernador de Tucumán, firmado en Buenos Aires el 23 de septiembre por el Director Supremo, general Juan Martín de Pueyrredón.

Jura y asunción

Se procedió entonces a tomarle juramento de “desempeñar fiel y legalmente el cargo de Gobernador Intendente de esta Provincia de Tucumán, que se le ha conferido por la supremacía del Estado”. Según el acta capitular, Belgrano pronunció después un breve discurso. Agradeció al “gobernador saliente” Aráoz, por los “distinguidos servicios que ha dispensado” a él y al Ejército, y por la forma en que sostuvo, durante su mandato, “el orden, la subordinación y el respeto de las autoridades constituidas”. Recomendó al “Señor Gobernador entrante este mérito, que lo hace digno de las mayores consideraciones”.

A pesar de estos elogios, era pública la tensión que existía, desde meses atrás, entre Aráoz y Belgrano. Se habían producido fuertes roces en su trato. Con o sin razón, el general consideraba que Aráoz no auxiliaba al Ejército en la medida que debía. Incluso, en notas reservadas al Congreso, había opinado que debía ser relevado, como estaba ocurriendo.

Un santafesino

¿Quién era este coronel Mota Botello, en los hechos totalmente desconocido para la mayoría del vecindario de Tucumán? Las líneas que siguen buscan responder en algo a ese interrogante. Usamos como fuente principal el erudito trabajo de Prudencio Bustos Argañaraz, y también las referencias de otros historiadores como Ricardo Jaimes Freyre, Ramón Rosa Olmos y Vicente Osvaldo Cutolo.

Feliciano de la Mota Botello era nacido en Santa Fe hacia 1762, hijo extramatrimonial del portugués Francisco de la Mota Botello y de la santafesina María Isabel Antonia Ruiz Gallo. Entre 1779 y 1784 residió en Córdoba, y este último año se radicó en Catamarca. Allí se dedicaría con éxito al comercio y tuvo varios cargos públicos: alcalde de la Santa Hermandad, alcalde de Primer y Segundo Voto del Cabildo. A esta última función la desempeñó junto con las de interventor de la Real Hacienda y de Correos, y diputado del Real Consulado.

Entusiasta patriota

Desde el primer momento, se adhirió con entusiasmo a la revolución del 25 de mayo de 1810. Un mes más tarde (27 de junio) la Primera Junta lo nombró Comandante de Armas de Catamarca, y poco después le otorgó grado de teniente coronel del Ejército. En diciembre de 1811 lo ascendería a coronel.

Mota Botello se afanó para reforzar el Ejército del Norte: le envió 300 hombres, 450 caballos y mulas, monturas y reses para alimento de la tropa, en 1811. Estos importantes servicios fueron reconocidos por el gobierno central, que lo designó coronel de la Fuerza Cívica de Catamarca. Meses más tarde, le confirió (26 de septiembre de 1814) el alto cargo de teniente de gobernador de esa provincia. Durante su gestión, envió a Buenos Aires una división de un centenar de reclutas montados y amunicionados. Luego el gobierno central lo ascendió a coronel del Regimiento 2 de Caballería Ligera de Catamarca.

Gobierno tranquilo

Mota Botello inició sin inconvenientes su gobierno de Tucumán, cabecera de una amplia jurisdicción que comprendía a Santiago del Estero y a Catamarca. Fueron sus secretarios, sucesivamente, los doctores José Serapión de Arteaga, Narciso Dulón y Nicolás Laguna. Bajo su mando, el vecindario juró solemnemente el Reglamento Provisorio de 1817. Se organizó la milicia cívica. Hubo alegría general por el triunfo de José de San Martín en la batalla de Maipú, en homenaje al cual Belgrano erigiría una pirámide en La Ciudadela. El Cabildo tomó numerosas providencias para moralizar las costumbres; nombró un Juez de Aguas; instó a los conventos de franciscanos y dominicos a ocuparse con más intensidad de la educación, por ejemplo. En mayo de 1819, Tucumán juró la Constitución que finalmente había sancionado, en Buenos Aires, el Congreso que inició su vida en Tucumán en 1816.

Pero el escenario nacional había empezado a complicarse en el litoral. Los caudillos Estanislao López, de Santa Fe, y Francisco Ramírez, de Corrientes, chocaron con el Directorio.

FELIPE HEREDIA. Con Manuel Cainzo, secundaba la operación de González.

Belgrano va y vuelve

Este convocó, para enfrentarlos, al Ejército de los Andes y al Ejército del Norte, las dos fuerzas importantes con que contaba. Como se sabe, San Martín desoyó el llamado, para no comprometerse en luchas civiles. Belgrano, en cambio, partió rumbo al litoral con el Ejército del Norte, que estaba acantonado en Tucumán desde hacía tres años. Pero en Córdoba, sintiéndose muy enfermo, resolvió dejar el mando. Regresó a Tucumán y se recluyó en la humilde casa que había construido en las cercanías de La Ciudadela.

Retirado el ejército, la ciudad sólo contaba con una pequeña guarnición de 300 hombres, descontentos y mal pagados. A su mando estaba el coronel Domingo Soriano Arévalo, un oficial ordenancista, empeñado en mantener una rigurosa disciplina, que incluía el “toque de queda” al anochecer. El gobernador Mota Botello apoyaba los rigores del coronel.

BELGRANO ENFERMO. Los golpistas de 1819 irrumpieron en su casa para arrestarlo, ultraje que el médico impidió.

Golpe en la noche

La noche de 11 de noviembre de 1819, mientras la ciudad dormía, tres capitanes del Regimiento de Dragones, el uruguayo Abraham Ignacio González, y los tucumanos Felipe Heredia y Manuel Cainzo, derrocaron al gobierno. Era González quien conducía el grupo. Cainzo ingresó en la casa de Mota Botello y lo hizo prisionero: en el forcejeo, el gobernador fue herido en el brazo con una bayoneta. En cuanto a Arévalo, sería apresado en su vivienda por Heredia y otros oficiales. Por su parte, González partió a La Ciudadela para arrestar a Belgrano. Su médico impidió que lo encadenaran, pero la casa quedó asegurada por un centinela de los alzados.

Estos, a la mañana siguiente, informaron al Cabildo que habían depuesto a Mota Botello, obligados “por ciertos acontecimientos relativos a los intereses generales de la Nación”, y que le entregaban el mando. Los cabildantes nombraron gobernante provisorio al regidor José Víctor Posse. Pero lo reemplazaron, en un “cabildo abierto” del día 14, por el coronel Bernabé Aráoz, quien en realidad había sido el inspirador del golpe.

FIRMA DE MOTA BOTELLO.-

En Catamarca

Se iniciaba así una época de graves turbulencias y guerras en Tucumán y la región. A juicio del general José María Paz, el 11 de noviembre constituyó “la primera chispa del incendio que cundió luego por toda la república”. Pero eso es otra historia.

Ni bien liberado, Mota Botello regresó a Catamarca. Al parecer, Aráoz no le guardaba rencor, ya que en mayo de 1820 lo nombró teniente de gobernador de esa provincia, cargo que desempeñó hasta marzo de 1821. Cinco años después, en 1826 y tras una asonada que derrocó al gobernador Manuel Antonio Gutiérrez, el vecindario lo designó gobernador interino de Catamarca.

Fue su última actuación pública. En abril de 1829 redactó su testamento. Era dueño de dos casas en la ciudad, de un molino y de la estancia de Huerto Oyola, en la sierra del Alto, heredada de su esposa Maximiliana Robín, con la que tuvo tres hijos varones y dos mujeres. El coronel Feliciano de la Mota Botello falleció poco después de testar, el 8 de mayo de 1829.

Curioso silencio

En cuanto a su aspecto físico, se conocen dos retratos de Mota Botello, un óleo y un dibujo. El primero lo muestra canoso y con anteojos, y lo publicó Ramón Rosa Olmos. El segundo, que lo representa joven, fue publicado por Prudencio Bustos Argañaraz.

No deja de ser curioso que este personaje que fue gobernador legal de Tucumán durante dos años y cuarenta y tres días, no figure en la nomenclatura de calles ni de escuelas de nuestra provincia. Esto a pesar de haber sido un patriota de distinguida actuación, antes y después de ese mandato cancelado con violencia aquella noche del 11 de noviembre de 1819.

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