“Si no encontramos una solución, el planeta la encontrará extinguiéndonos a nosotros”

El ecologista Leon Merlot charló con LA GACETA sobre el cambio climático en el foro Climactivo.

16 May 2019
1

DESGLACIACIÓN. Los océanos calientes amenazan a los glaciares y, a largo plazo, a las fuentes de agua dulce. REUTERS

Cuando termina su conferencia en el Congreso de Cambio Climático, el belga Leon Merlot huye del ruido de la pausa activa. Después de perseguirlo por el hotel Sheraton, el entrevistador de LA GACETA consigue conversar con él en el bar. Asesor técnico del programa “Biodiversity for life”, de la Unión Europea (UE), Merlot trabaja en la conservación de la biodiversidad en América Latina. Con un tono ameno, que suaviza el peligro que denuncia, advierte que estamos degradando nuestro medio de tal modo que, si no hacemos algo, dentro de 100 años ni siquiera nosotros podremos aguantarlo.

-Hoy hay quienes niegan el cambio climático. Donald Trump, por ejemplo, ha dicho: “no me lo creo”…

-No hay razones para pensar que el cambio climático sea una mentira, para creer que el Acuerdo de París contra el cambio climático es un gran complot internacional. Las temperaturas aumentan, las precipitaciones bajan, el agua dulce disminuye, los desastres naturales son demasiado frecuentes, hay cada vez más incendios forestales… Es información a la cual todos, si queremos, podemos acceder. Y también podemos percibir el cambio climático en nuestra vida diaria. Cuando yo era chico, en Bélgica jamás hacía 30 grados. Ahora en verano es común que la temperatura ascienda a 35. El ciclo de las estaciones es menos perceptible, los paisajes son más áridos.

-Otro argumento de los escépticos es que siempre existieron etapas geológicas. Por lo tanto, deducen, ¿quién nos dice que hoy somos nosotros responsables?

-Yo creo que no debería haber dudas sobre nuestra responsabilidad: basta mirar algunos gráficos sobre la contaminación ambiental desde la Revolución industrial hasta hoy y sacar las cuentas. La emisión de gas de efecto invernadero, el aumento de la población mundial y el crecimiento del producto bruto a partir del año 1780 son datos abrumadores. Entonces parece haber una correlación, ¿no? O al menos esa es mi opinión. Pero aun si pudiera haber ciertas dudas sobre nuestra responsabilidad, lo cierto es que el calentamiento está y nos amenaza. Es una cuestión de supervivencia. Yo no quiero ser alarmista, pero a largo plazo… Dentro de 100 años, ¿nuestros hijos, nuestros nietos, con qué se van a encontrar? Si no encontramos una solución, el planeta la encontrará extinguiéndonos a nosotros. Entonces la cuestión no es saber si somos responsables o no, sino saber qué diablos podemos hacer para solucionar esto.

-Usted trabaja en un programa de la UE en América Latina. ¿Qué papel les corresponde a las economías emergentes en la lucha contra el cambio climático?

-Es muy común en las conversaciones que alguien de un país emergente diga: “los responsables son los países desarrollados, entonces que asuman ellos la responsabilidad”. Probablemente es cierto que también aquí tenga que entrar en juego una cuestión de equidad. Hay países más ricos, que pueden contribuir más. Pero todos estamos en el mismo barco, ¿no? Las economías emergentes crecen sobre el mismo sistema productivista que las del Primer Mundo y causarán, a largo plazo, el mismo impacto. Entonces el esfuerzo tiene que ser repartido de manera equitativa, pero tiene que ser repartido entre todos.

-A veces olvidamos que el cambio climático no sólo nos afecta a nosotros, sino también a las otras especies…

-La curva que muestra el aumento de la desaparición de especies animales y vegetales es aterradora. Pero además del drama de las especies en peligro de extinción, un problema menos visibilizado es el de la disminución de la población de animales silvestres en general. Ya hemos perdido el 39 % de la población de mamíferos terrestres, el 76 % de la de anfibios y el 39 % de la de animales marinos. No sólo es un problema de nuestra especie, sino que por nuestra causa los animales desaparecen. La pesca en los océanos ya explota a las especies marinas más allá de su capacidad de reproducción. Están desapareciendo las abejas, que son indispensables para que el ecosistema funcione. Y la cacería furtiva en África… Ya hemos matado a casi la mitad de los animales silvestres. Y no sólo es un tema ecológico, sino que también, y quizá sobre todo, es un tema ético. ¿Qué derecho tenemos a hacer desaparecer a las demás especies? (Por Hernán Miranda)

Comentarios