Ausente por decisión del público

16 Abr 2019 Por Fabio Ladetto

Osvaldo Papaleo es un fuerte productor de espectáculos de la Argentina, conocedor de tiempos buenos y malos en cuanto a concurrencia del público a las salas. Antes de crear la productora Cinematográfica Madero, militó intensamente en el peronismo; fue el último secretario de Prensa y Difusión de la Presidencia de Isabel Perón e interventor de radios y televisoras; estuvo detenido por 25 días por la Dictadura Militar; se exilió en México y se reconvirtió en creador de proyectos artísticos.

Fue él quién escribió la carta a las autoridades del teatro Mercedes Sosa para justificar la cancelación del show que Pablo Milanés debía ofrecer el sábado 6. Lo hizo en términos claros y duros, que no dejan lugar para la confusión o las segundas lecturas en cuanto a razones. “Motiva nuestra decisión la poca repercusión en la venta de localidades para el show -no adjudicable a nadie en particular- sino a una decisión del público”, afirmó en el escrito. Tajante aunque sin dar números, se refería a que pocos días antes del espectáculo, no se habían llegado a vender 300 localidades para escuchar a uno de los más grandes trovadores cubanos contemporáneos, referente de una era de ilusiones, rebeldías y propuestas que quedó en la memoria colectiva.

Si la “decisión del público” fue no elegir a Milanés, habría que pensar en la oferta que se presentaba en fecha cercana para optar por otro artista. Sin embargo, dentro del género del cantautor cubano, no existía alternativa. No es que se compraron entradas para otro show del mismo o similar estilo; simplemente no se compró para nadie y para ninguno.

Está claro que la oportunidad de la presencia de un artista en cada ciudad depende de una sucesión de circunstancias: que la fecha sea la adecuada (tratar de que hasta el día de la actuación ya se hayan cobrado los sueldos); que no tenga competencia directa en el género ese día; que no se superpongan visitas estelares; que no haya un gran espectáculo deportivo en la misma noche, y muchos etcétera. Esta vez, los astros parecían haberse ordenado correctamente para que la demorada presencia del cubano se concretase en pagos tucumanos, luego de la frustración del 23 de septiembre de 2014, cuando una enfermedad le impidió estar en el Septiembre Musical. Pero nuevamente no fue.

Entonces, ¿por qué el público no lo eligió? Porque estamos en época de bolsillos flacos, en medio de angustias crecientes de productores y artistas locales y nacionales que no saben de qué manera podrán sostenerse. En un mercado capitalista tradicional, la síntesis es que hubo oferta pero no demanda. Y no solo en torno a Milanés, sino que la crisis que se viene registrando desde el año pasado en nume rosas salas oficiales de Tucumán (y que ya motivaron varias suspensiones de espectáculos, aunque ninguna tan resonante como esta) se agravó al extremo de que sólo resulta rentable venderle un show al Estado en algún festival que apostar a un montaje autónomo. Y ese escenario se profundiza aún más en casos de espacios que se sostienen en forma independiente.

“Cartas de amor”, la propuesta que una semana antes de Milanés trayeron Soledad Silveyra y Facundo Arana al Mercedes Sosa, vendió menos de 400 localidades de las casi 1.600 disponibles (el teatro amplió su capacidad en plateas); el tributo de Sergio Cortés al polémico Michael Jackson, unas 500 entradas, la mitad que Pedro Aznar; y las cifras se repiten constante e inalterablemente en esa sala. La excepción parece ser los yuotubers El Demente y Ori de Mierda (todo indica que tendrán un lleno total). No hay explicación entre unos y otros, más allá de los precios de localidades: Cortés cobraba $1.800 la más cara; Aznar, la mitad; y los jóvenes conocidos por Internet, un tercio.

El desconcierto no es local. En todo el país se habla de la pésima temporada de verano y del mal comienzo del otoño. Hay cifras admitidas por los productores más importantes de la Argentina: Carlos Rottemberg calculó que la merma en Mar del Plata fue del 33% menos de espectadores; en Carlos Paz, el 25% menos, y en Buenos Aires, el 20% menos. “El bolsillo de la clase media, el principal cliente de esta actividad, tiene otras prioridades”, sentenció al diario BAE. Ese durísimo panorama le fue presentado por la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (reúne a 178 productores y dueños de salas del país) al presidente Mauricio Macri, quien los recibió a principios de mes en Olivos. En el encuentro se habló de la eximición del pago del IVA para recitales de músicos extranjeros y de la volatilidad de la cotización del dólar, que hace inviable todo cálculo de recaudación para afrontar gastos. Papaleo también mencionó el tema cambiario como determinante en no traer a Milanés. “Nuestros costos se han incrementado exponencialmente por la devaluación del peso ante el dólar (30% desde el día que firmamos contrato), lo cual convierte a cada presentación en una arriesgada apuesta empresaria”, señaló oficialmente. En octubre, cuando se acordó la visita del cubano, el dólar rondaba los $28; el día de su cancelación llegó a $43.65 (en baja). Esos más de $15 de diferencia no se pueden amortizar trasladando el precio a la entrada, fijo desde el día uno. El riesgo del que habla, algo natural en todo emprendimiento, se licía cuando el Estado es el que paga.

“Pedimos disculpas, espero que ustedes y el público sepan comprender, y aguardaremos otro contexto económico para concretar la visita del artista”, concluye su nota. El tema de fondo no es si algún día Milanés finalmente actuará en Tucumán, sino cómo harán para subsistir cientos de artistas de la provincia, decenas de espacios para el teatro y la música, miles de espectadores que quieren tener dinero para poder comprar una entrada. Un dato concreto es que ese inicio de año es el que menos estrenos teatrales registra en la provincia en los últimos años, apenas dos: “El ojo que señala” y “Primero las damas”; el resto de la cartelera son reposiciones. Todos esperan (con mayor o menor ilusión) que la economía no termine de asfixiarlos y que el público los elija.

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