El nuevo edificio del colegio Santa Rosa

19 Feb 2019 Por Manuel Riva

“Al turista que haya visitado esta capital medio año atrás, el paso por esa arteria urbana le producía hoy, sin duda, una sorpresa agradable. Hace apenas seis meses, donde ahora se eleva el nuevo edificio, existía una serie de casas de aspecto desvencijado: bajas, faltas de ventilación y húmedas en sus paredes, cuyos añosos revoques amenazaban un cercano desmoronamiento. Su demolición cedió al impulso del progreso y la estética edilicia se afianzó en ese barrio contribuyendo con su aporte a la transformación urbana que viene operando en esta ciudad, para hacer de ella una de las más modernas que tiene el país”, con estas palabras nuestro diario del primero de febrero de 1929 anunciaba el final de la obra del edificio de tres pisos ubicado en la esquina de 24 de Septiembre y Muñecas. Además se anunciaba que iba a ser inaugurado en el ciclo lectivo de aquel año. Estamos hablando del tradicional colegio Santa Rosa que funciona en esa céntrica esquina de la capital tucumana.

Primera parte

La concreción de la obra se realizó bajo la conducción de sor Marta Alderete, quien era la madre generala de la congregación de las Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús. La crónica señalaba que este era “el primer cuerpo” de la obra aprobada por la Dirección de Obras Públicas Municipales. El segundo cuerpo se iba a iniciar a la brevedad y el tercero en 1930 “donde funcional el colegio actual”. A continuación se señalaba que “ese establecimiento presentará un nuevo aspecto en sus futuras actividades y su funcionamiento en un local apropiado, construido expresamente para casa de estudio. Tal el edificio, cuyo primer cuerpo listo ya para desempeñar en él la docencia, se inaugurará el 7 de marzo próximo con motivo del comienzo del período escolar”. La bendición del colegio ocurrió el 18 de marzo, estuvo a cargo de monseñor Agustín Barrere y contó con la presencia del gobernador José Sortehix.

DORMITORIOS. Una amplia y ventilada sala para albergar a las alumnas.

Un equipo del nuestro diario recorrió las instalaciones acompañado por el padre José García, de la orden de los dominicos a la que pertenece las hermanas que están cargo del colegio, la madre Alderete y la madre superiora de la casa, Tomasa Martínez. Las dependencias, según nuestro cronista, tienen “patios espaciosos, amplias aulas, dormitorios y baños confortables, artístico salón de actos y como coronamiento de la obra de recreo, disfrutando de un aire puro y el sol ansiado en los meses de invierno”.

Entre los elementos constructivos más destacados se indicaba que tenía una “amplia terraza desde donde se puede dominar toda la ciudad y donde las alumnas podrán distraerse” y otras de las novedades estaba dada por la “inclinación y amplitud de la escalera para que las subidas y bajadas resulten lo menos fatigosas posibles, hasta los grandes ventanales, la marcada proximidad entre ellos y su conveniente distribución, con el objeto de que los salones tengan una ventilación perfecta y reciban al mismo tiempo el sol y la luz necesarios para que las condiciones higiénicas de la casa no presenten falla alguna”. La idea era que el lugar tenga buenas condiciones para el desarrollo de la enseñanza.

NUEVOS BAÑOS. Higiene y cuidado en las instalaciones sanitarias.

Los planos y los materiales de la obra fueron de procedencia tucumana “evidenciando los progresos de Tucumán en materia edilicia”. El control de la obra correspondió al ingeniero José Padilla. Por su parte el padre Gonzalo Costa fue clave al realizar personalmente los trámites y gestiones necesarias ante los empresas privadas y los entes estatales para habilitar la obra.

Nuevas edificaciones

La concreción del nuevo edificio del colegio se realizó en una época donde Tucumán estaba dando paso a nuevas construcciones en todo el ejido de la ciudad. Un año antes se había inaugurado la nueva sede central del Banco de la Provincia, un monumental edificio que “le da características de gran urbe” a nuestra ciudad. Otro banco que comenzó a construirse por esos años fue el Hipotecario, esquina de Junín y San Martín, cuyo trabajos de replanteo y cimentaciones comenzaron en 1930. La obra quedó detenida por el golpe militar que derrocó a Hipólito Irigoyen en ese año. La obra estuvo parada durante siete años y se reiniciaron en 1937. Como vemos estas obras comenzaron a cambiar la fisonomía de la ciudad. Los constructores habrán comenzado a mirar hacia el cielo y a pensar en edificios de más de una planta. En la década de 1930 se construyeron los primeros “rascacielos” como fueron el de la galería Pezza o la mole de la Continental, frente a la plaza Independencia, en diagonal al banco Provincia y que competía en majestuosidad en una ciudad que aun presentaba cierto ambiente provinciano.

La fundadora

Elmina Paz Gallo fue una mujer sensible a las necesidades de su entorno. En 1886 fundó el primer Asilo de Huérfanos de la Provincia. Preocupada por la educación de la mujer, también creó una Escuela para Huérfanas (1890), un Colegio en la ciudad de Monteros (1895) y otro más en la capital (1902). Junto a un grupo de mujeres fundó la primera Congregación religiosa autóctona de Tucumán, las Hermanas Dominicas.

Extendió su obra a otras provincias fundando asilos para huérfanos y escuelas primarias y secundarias. Apenas fundada, la nueva congregación religiosa comenzó a recibir solicitudes de apertura de asilos y colegios en otros lugares como Monteros y las provincias de Santiago del Estero, Santa Fe y Buenos Aires. Además también se abrieron congregaciones en otras latitudes. Hoy hay religiosas viviendo en congregaciones del Perú, Brasil y Argentina.

En nuestro país las casas se distribuyen en Tucumán, Santa Fe (en las ciudades de Rosario y Ersilia), Buenos Aires y Santiago del Estero.

JUNTO A LOS HUÉRFANOS. Elmina Paz Gallo rodeada de los niños que eran asistidos por su comunidad.

En Tucumán las hermanas están distribuidas en la casa madre (contigua al Colegio Santa Catalina) y en el Colegio Santa Rosa. Este último fue creado el primero de enero de 1902 y allí mismo se abrió la matrícula en la casa habilitada para esto en Crisóstomo Álvarez 580. El 23 de enero de aquel mismo año se realizó el acto de inauguración, que fue presidido por la Virgen Santísima del Rosario que fue llevada desde la casa madre donde está el colegio Santa Catalina. Funcionó en Crisóstomo Alvarez hasta 1905 para trasladarse a calle 24 de Setiembre al 700 donde se dictaron clases durante dos años. Tras ellos el establecimiento se instaló en la sede que le alberga todavía y que como vimos fue reconstruida totalmente en 1929.

Todo por ayudar

“No sólo con mi dinero, sino con mi vida toda ayudaré a estos niños huérfanos... Mi casa será la de ellos...” Así le contestó Elmina a fray Ángel María Boisdron cuando este le expresó su preocupación por el creciente número de niños huérfanos y por la cantidad de enfermos. A pesar que se habilitaron hospitales y lazaretos, se llenaron con desconsoladora rapidez. Los moribundos dejaban sin hogar una multitud de niños y niñas. Todos temían verse víctimas del cólera, no se animaban a socorrer y menos a recoger a los niños huérfanos por temor a llevar la peste a sus casas.

La resolución de Elmina Paz de hacerse cargo de la atención de los huérfanos despertó la adhesión de un sector importante de la sociedad, especialmente de un grupo de jóvenes mujeres que se incorporaron a las cada vez más exigentes tareas que demandaba la obra.

Hija de Manuel Paz y de Dorotea Terán, Elmina había nacido en Tucumán el 10 de septiembre de 1833. A los 24 años se casó con Napoleón Gallo, hombre de fuerte militancia política, nacido en Santiago del Estero, ciudad donde vivieron siete años. Tuvieron una hija, María Jesús, que murió a los tres años. Su esposo ya había fallecido en 1886, cuando Elmina abrió su casa para los niños abandonados, mendigos, enfermos y ancianos de la ciudad.

La experiencia caritativa hizo optar a Elmina por la vida consagrada, ademas de crear la congregación de “Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús”. El 17 de junio de 1887 comenzó la formación de 12 postulantes bajo la dirección de fray Boisdrón.

En Yerba Buena

El colegio abrió una nueva sede en Yerba Buena en los albores del siglo XXI. El complejo fue diseñado por el arquitecto Germán Wurshmidt. Su inauguración se realizó el 7 de octubre de 2001 y la hermana Cynthia Folquer expresó que “estamos muy felices, porque cristalizamos un sueño que nació hace 20 años”. El predio tiene ocho hectáreas donde hay una pista de atletismo y canchas de césped para la práctica de hockey, fútbol y voley, entre otras actividades deportivas. Tiene tres piletas de diversas dimensiones y para diferentes edades. Adema cuenta con un salón de usos múltiples con tribunas. Un salón familiar. Sectores arbolados y un amplio parque por donde se accede a una serie de merenderos con asador para reuniones al aire libre.

EN YERBA BUENA. El campus que se habilitó en 2001 permitió al establecimiento ampliar su oferta escolar.

El 13 de abril de 2016 ocurrió, en esta sede, un hecho imborrable para quienes lo protagonizaron y fue: la comunicación radial con un astronauta que viajaba en la Estación Espacial Internacional a más de 340 kilómetros de altura. El colegio fue seleccionado entre 10.000 de todo el mundo siendo a la vez el primero de Tucumán y el segundo en el país. Siete estudiantes del establecimiento tuvieron una corta charla con Jeff Williams. Se eligió el campus porque su amplio parque permitió la instalación de los aparatos necesarios para la comunicación.

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