Hojeando el diario: un terremoto que marcó al país, en 1944

15 Ene 2019 Por Manuel Riva

“Íbamos a emprender un viaje en automóvil a Tucumán. El vehículo estaba preparado, todos estábamos listos para subir a él y sólo faltaba Corrales con la niña más pequeña, que se hallaba aún dentro de la casa. Cuando vimos a Corrales desembocar por el zaguán sentimos, acompañado por un ruido extraño, un fuerte sacudón que nos hizo perder el equilibrio; con el sacudón se sintió también un enrarecimiento de la atmósfera y vimos que todo se movía, se caía estrepitosamente, inimaginable, como si fuera una pesadilla terrible. Nos envolvieron nubes de polvo. Las calles quedaron oscuras… Al estrépito del primer momento siguieron los ayes y gritos desesperados que partían de todas direcciones. Pasaron algunos segundos de terrible impresión. Mi esposa, que antes de la catástrofe acababa de salir de la casa, quedó paralizada conmigo y la hija mayor, durante breves momentos; pero de inmediato pensamos en nuestra hija menor. Echamos la vista hacia el interior de la casa, que en ese instante se derrumbaba como si fuera de arena y vimos salir de entre los escombros, como un milagro, a Corrales llevando en brazos a la niña con rostro desencajado. Una terrible angustia se apoderó de nosotros. El pánico nos hacía obrar por instinto como autómatas, como sonámbulos, Vivimos un paréntesis increíble”. Esta descripción corresponde a un sobreviviente del terremoto que el 15 de enero de 1944 destruyó la ciudad de San Juan.

Se trata de Santiago Salazar Vélez, que vino a Tucumán, junto a su esposa, María Socorro, y sus pequeñas hijas, Gladys Delfina y Marta Nieves, apenas dos días después del sismo con la decisión de quedarse aquí.

Junto a la familia vino también Francisco Corrales. Salazar Vélez era oriundo de nuestra provincia; se había mudado a Cuyo en los inicios de la década de 1930. El grupo se instaló en Monteros. El relato de primera mano mostraba la tremenda situación vivida que vivieron miles de personas a causa de la furia de la tierra.

DOLOR. A dos días del sismo se veía que la ciudad había sido destruida y crecía la conmoción.

Curiosidad

De acuerdo con los estudios posteriores, el sismo registró 7,4 grados en la escala de magnitud de Richter (9 en la de Mercalli); destruyó el 80% de la ciudad y mató más de 9.000 personas. Dejó heridas un número similar. La población de entonces era de alrededor de 80.000 habitantes.

Una curiosidad fue que las casas natales de Domingo Sarmiento y de Francisco Laprida casi no sufrieron daños por el sismo.

Salazar Vélez viajaba a Tucumán a visitar a una hermana enferma. Su plan era regresar luego a San Juan, pero lo ocurrido cambió su parecer y decidió quedarse aquí. Su relato siguió: “ante semejante catástrofe, cuya magnitud no era posible concebir precisamente por su enormidad inesperada, en esa terrible confusión de ideas encontradas que se produce en nuestra mente, y ver que de entre las ruinas aún palpitantes salen nuestros seres más queridos sanos y salvos, como ocurrió con mi hijita en brazos de Corrales, es algo que no se puede describir. Se siente una emoción extraña que embarga nuestro ánimo y nos eleva en ese aplastante ambiente de la tragedia vivida”.

A SALVO. Los Salazar se refugiaron en Tucumán, donde tenían familia, tras haberse salvado de milagro cuando se cayó su casa en San Juan.

Donaciones

Aquella tragedia movilizó todo el país, que rápidamente colaboró con las autoridades para ayudar a los sanjuaninos. Una colecta iniciada al día siguiente del terremoto recolectó millones de pesos además de mercaderías, ropa, abrigo, medicamentos y otros enseres necesarios para los sobrevivientes. Nuestro diario inmediatamente expresó en su tapa: “siente con todos los hombres, las mujeres y los niños del norte argentino la tremenda angustia del pueblo sanjuanino. Por eso, para iniciar una corriente de ayuda fraterna y generosa, humana y desinteresada, empieza por inscribirse con $ 5.000. Estamos seguros que este ejemplo de solidaridad argentina, nacida en los sentimientos más generosos, será seguido por las fuerzas constructivas y del trabajo de la provincia”.

De esta manera se iniciaba la colecta para ayudar al pueblo sanjuanino y para la reconstrucción de la ciudad. Los trabajadores de todas las ramas aportaron el valor de un día de trabajo. El comercio también hizo su aporte tanto monetario como en mercaderías.

Se realizaron funciones de cine especiales cuya recaudación fue destinada a los damnificados.

ENVIADOS. La tapa mostraba las primeras imágenes obtenidas por nuestro fotógrafo.

La intervención federal aportó 50.000 pesos y la Municipalidad, más de 10.000. Los talleres de Tafí Viejo donaron un valor cercano a los 20.000 pesos y los trabajadores de LA GACETA, unos 1.500.

Para tener una idea del valor de los aportes recordemos que una cama de una plaza valía 90 pesos; un kilo de galletitas, 1 peso; un par de sandalias de mujer, unos 10 pesos; y una pava enlozada, 2 pesos.

Toda la Argentina se encolumnó detrás del interés social y humano que deparaba la tragedia sanjuanina, y en apenas dos días ya se habían recaudado más de 6 millones de pesos.

COLECTA. La imagen servía para mostrar el dolor por la tragedia y la necesidad del aporte de todos para ayudar a San Juan.

La ayuda también llegaba de otros países, tanto con delegaciones de profesionales como de ayuda material. Los aviones del Aero Club realizaron, en muchos casos, dos viajes por día llevando materiales a Cuyo y los ferrocarriles destinaron varias formaciones diarias con destino a San Juan.

Nuestro diario envió dos equipos periodísticos conformados por los periodistas Joaquín Morales Solá y Alberto Elsinger con los fotógrafos Anselmo Gómez y Atilio Doz. El viaje de nuestros enviados estuvo lleno de vicisitudes. Para regresar tuvieron que salir de San Juan a pie junto al resto de los habitantes que debían dejar la ciudad por su seguridad. Fueron a Mendoza, donde tomaron un medio de transporte hasta Córdoba y de allí vinieron en avión hasta Tucumán.

Médicos tucumanos

Al día siguiente del sismo partieron tres colectivos hacia San Juan con un equipo de 40 profesionales: médicos, enfermeros, bomberos, electrotécnicos, mecánicos y de otros oficios. Iban a ayudar en el rescate y atender a los heridos.

Entre otros viajaron Héctor Malvarez, Rafael Maldonado, Gerardo Gerez, Domingo Guerra, Ángel Manuel Usandivaras, Federico Lucchini, Antonio Paz, Edmundo Albaca, Nalla Salim, Carlos Falivene, Ricardo Álvarez, Oscar Fonio, Fernando Torres, Ernesto Moris, Alejandro Torres Posse, Nicasio Herrera y Antonio Carrizo.

Además, colaboraron los practicantes Eduardo Fonio, Hugo Martínez, Francisco Díaz, Nicolás Lucero, Enzo Ferro y Hugo Novillo. Los enfermeros eran Ricardo Jaime, Gaspar Albornoz, Manuel Cano, Arturo Anssanaud y Ricardo Villanueva.

Falivene le expresó a nuestro cronista: “todo allí es ruina y desolación que acongoja el espíritu y nos llena de tribulación. Lo que se puede imaginar se queda corto frente a la realidad. De lejos es posible tener una idea de la catástrofe, pero no concebirla en su verdadero horror”. Y agregó, en cuanto a la tarea profesional: “nos concentramos en la parte de profilaxis social para evitar epidemias”.

Vacunas y atención

Torres Posse aportó: “trabajábamos todo el día acuciados por el afán de colaborar con todas nuestras energías. El rendimiento fue satisfactorio ya que vacunamos a unas 10.000 personas lo que representaban la octava parte de la población que requería de tal medida preventiva”.

Fonio, que se ubicó en un puesto del departamento 9 de Julio, a 20 km de la capital sanjuanina, pero también afectado, recordó: “el estado de los sobrevivientes era satisfactorio, aunque existieran algunos casos aislados de tifus y viruela. Las medidas preventivas se caracterizaron por su eficacia y ello se debió a que no se declararan epidemias susceptibles de sumar una tragedia más a la anterior”. Y añadió: “controlamos una epidemia de conjuntivitis pues, en el equipo contábamos con un oculista”.

Otro relato interesante fue el de Malvarez, que informó cómo se conformaron los equipos y dónde fueron destinados cada uno tras su llegada. “El grupo que se constituyó en Villa Krause, además de la atención de los heridos y enfermos, debía vacunar a todas las personas que salían de San Juan y a los evacuados por orden de las autoridades”, dijo. Los números que informó sobre el trabajo de la delegación fueron: 900 curaciones y la colocación de más de 14.000 vacunas antidiftéricas, antitifoideas y antivariólicas.

Un horrible sueño

La declaración de Víctor Mensegue Aveiro, corresponsal en San Juan de una agencia de noticias, deja ver los sentimientos que acarreaban los habitantes de aquella ciudad: “cuantos hemos sido felices en este pueblo, lleno de recuerdos, emociones y luchas, parecemos despertar de un horrible sueño y a veces es necesario restregarse los ojos para comprobar que lo que se está viviendo es la increíble realidad. Cuantas casas de nuestros amigos más queridos o personas a las que hace unos días habíamos saludado deseándoles un año feliz, con las que estrechamos nuestras manos la Nochebuena y el primer día del año que ahora empieza, ya no existen más”. “Este balance lo hacemos muchas veces con lágrimas en los ojos y un temblor en los labios”, cerró sus palabras.

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