Ruta 157: un camino que se codea con la muerte

Historias ocultas detrás de las grutas que recuerdan a las víctimas.

23 Dic 2018 Por Julio Marengo

“Monedón” era de River. Eso y que se murió en un accidente de tránsito. También que hay gente que lo quiere, porque a su grutita le siguen acercando cigarros, flores y velas encendidas. La de “Monedón” es la primera cruz de una larga procesión de vidas que terminaron en la ruta 157.

La 157 es una de las siete rutas nacionales que atraviesan Tucumán y la segunda más larga: son un poco más de 120 kilómetros de recorrido y 14 localidades de paso, arrancando en San Felipe (al límite con la capital) y finalizando en Taco Ralo, casi en el extremo sur de la provincia. Donde hay mayores poblaciones, la cantidad de monumentos a la orilla de la ruta se incrementa.

“Monedón” manejaba su moto un lunes feriado. Lo acompañaba Juan Ramón González. Iban camino a la cosecha del limón. El prejuicio suele indicar que todas esas muertes están siempre vinculadas con el alcohol, el desvelo y el manejo. Pero esta vez, asegura la hermana de Juan Ramón, no tuvo nada que ver con eso. “Para nada. No habían tomado porque ese día era feriado y le iban a pagar doble en el limón. Un vehículo que venía de frente quiso esquivar un borde que había en la ruta, se cruzó de carril y los chocó”, cuenta Mónica Rodríguez. Todavía vive con su familia en una casa a pocos metros de la 157, una ruta que en casi toda su extensión se confunde con una avenida de pueblo.

Ramón y Marcelo

Avanzando hacia el sur, pasando Santa Bárbara, siguen la localidad de Manuel García Fernández y la ciudad de Bella Vista. Aquí aparece el primer y único semáforo en toda la extensión de esta ruta nacional. Casi nunca los semáforos son bien vistos por Vialidad Nacional (ver aparte), pero hay ocasiones en que no queda otra opción. Si el rojo del semáforo aplaca a las bestias, el verde les da vía libre para pisar el acelerador como si se tratara de una autopista. Y junto al primer semáforo de la ruta, hay otros dos monumentos que recuerdan una vida o una muerte, justo en el cruce de la ruta 157 y la entrada a Bella Vista.

CARTA Y ESTAMPITAS. Así es el interior del monumento de Mario Cantos.

Ramón Amaya tenía 41 años cuando falleció, en agosto de 1999. Ese mismo año había nacido Marcelo Argañaraz, la segunda cruz sobre la 157 en Bella Vista. Pero Marcelo no murió por un accidente: fue asesinado el 29 de marzo de 2014 y su cuerpo fue encontrado a 10 metros de la ruta. A Marcelo lo recuerdan con una gigantografía de cuerpo entero, con sus 15 años y su remera de River. De una manera u otra, la 157 se codea con la muerte.

Adolescentes

Entre Manuela Pedraza y Simoca hay apenas 4 kilómetros, pero también hay al menos 10 cruces de fallecidos en el camino. En ese camino corto, con camiones que no levantan el pie del acelerador cuando ven a un anciano pedalear en su bicicleta. La primera cruz de este trayecto está exactamente en la entrada de Manuela Pedraza, donde un accidente dejó sin madre a cinco chicos. Es la primera entre las poquísimas víctimas mujeres en la ruta.

RECUERDO DE UNA TRAGEDIA. La gruta del lugar en el que murió “Gamuza”.

“La chica tenía menos de 20 años y cinco o seis hijos. Venía de Simoca, en la moto, de dejarlo al marido. Venía de sur a norte, se cruzó de izquierda a derecha por la ruta para entrar al pueblo y la agarró una camioneta que venía a toda velocidad. Murió en el acto”, cuenta Juan Miguel Romano, que vive al frente de la ruta 157 y que es testigo de los más sangrientos accidentes. La mayoría son motos, gente del lugar y se producen casi siempre cuando intentan entrar al pueblo. “Se confían”, dice Romano, pero en los accesos a Manuela Pedraza no hay dársenas de giro ni carteles que indiquen que hay que bajar la velocidad, ni reductores. Si los pobladores se confían, los conductores hacen lo propio, sin advertir que pasan por una zona urbana.

Maykool Eduardo Díaz también era de River y le gustaba jugar al fútbol. Su monumento, que acaba de cumplir un año en el acceso a Río Colorado, es una fotografía de todo lo que fue: el equipo, los partidos, campeonatos ganados, y también los juguetes. Maykool tenía 14 años cuando lo embistió un auto y perdió la vida.

Morir en Tucumán

El reguero de cruces disminuye desde Simoca hacia el sur. Llama la atención, porque hasta Atahona la ruta es un safari: pozos, parches, surcos en el asfalto obligan a hacer maniobras bruscas y a mantener una concentración extrema entre vehículos de carga de gran porte. Los testimonios de los muertos en el camino aparecen más dispersos, pero no desaparecen. El último suceso fue hace exactamente una semana, en Monteagudo: dos autos chocaron de frente y fallecieron tres personas. Eran de San Luis y de Jujuy. Aunque para ellos no haya cruces ni monumentos, pasarán a engrosar los números de la muerte en la ruta 157.

EN RÍO COLORADO. Acá murió Maykool Eduardo Díaz; tenía 14 años.

“Esta calle hay que arreglarla. Pasan los camiones demasiado fuerte y está el colegio, es un peligro. Las velocidades mermaron un poco por los lomos de burro y ahora recién están poniendo carteles, pero falta pintar las calles. De noche es peor que de día y cuando llueve es un peligro”. Esa es la descripción de alguien que trabaja en la ruta 157. Se trata de Ariel Rodríguez, un verdulero que va por los pueblos en su camioneta. “Hace falta que pinten los costados de la ruta y que delimiten los carriles. Además de que la escuela (la de Santa Bárbara) está sobre la ruta, y a los autos le cuesta estacionar por el deterioro de las banquinas”, finalizó.

En San Felipe, Josefina Ferrero sostiene que de noche es mejor no salir en vehículo. “Pusieron luces hace poco pero ya no funcionan y no las arreglaron. No se ve nada. La ruta no está demarcada, está echa pedazos los camiones pasan a una velocidad que asusta. Hacen falta más controles por acá, porque son seguidos los accidentes”, dijo la mujer, que vive en la zona desde hace 18 años.

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