Un pase a la libertad: una cancha como Dios manda

UPAL, el equipo de rugby del penal de Villa Urquiza, inauguró su campo de juego con un amistoso ante un combinado de figuras históricas y actuales.

17 Dic 2018 Por Federico Espósito
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RONDA. Los jugadores de UPAL escuchan a Hugo Gaudioso en la charla previa al partido con Invitación XV. De fondo, una demostración de taekwondo a cargo de otros internos del penal. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA

Hasta no hace mucho, había que ponerle mucha imaginación para ver una cancha en ese lote desparejo de tierra seca y polvorienta, en la que las piedras y los hormigueros eran la regla y el pasto la excepción. Allí se pelaban las rodillas entrenándose UPAL, el equipo de rugby que se formó en el penal de Villa Urquiza a partir del programa “Un Pase a la Libertad”, implementado en 2015 con el propósito de transformar la vida de un grupo de internos a través de la enseñanza del deporte ovalado y sus valores. Finalmente, y después de seis meses de arduo trabajo, UPAL pudo cumplir uno de sus mayores anhelos: tener una cancha de rugby como Dios manda. La inauguración tuvo lugar el viernes y contó con la presencia de autoridades provinciales y un combinado de figuras del rugby tucumano -algunas de ayer, otras de hoy- que se enfrentó en un muy amistoso muy parejo y entretenido con el equipo de la cárcel.

“Estamos cerrando ya el tercer año del programa y el balance es muy positivo. Se siguen notando cambios, desde los valores de los internos hasta su misma salud. Y lo mejor es que pudimos cumplir el objetivo número uno, que era la construcción de la cancha. Es algo tremendo: salvo la de Los Espartanos, no existe otra cancha así en ninguna otra cárcel del país”, destaca Patricio Perondi, coordinador general de “Un Pase a la Libertad”.

Los trabajos se hicieron bajo la dirección del ingeniero agrónomo Luis “Pipa” Rodríguez. “El suelo estaba muy compactado porque es una cancha vieja, de mediados del siglo pasado. Hubo que pasar la rastra varias veces para ablandar la tierra. Soy empleado del penal desde hace 20 años y había hecho huertas y otras cosas, pero nunca una cancha. Con el asesoramiento de ‘Drusky’ (Alejandro) Frías Silva, que es especialista en césped, y el trabajo de los internos, pudimos llevarla a cabo. Las semillas fueron donadas por la Fundación Espartanos”, comenta “Pipa”.

Manos a la obra

El proceso de transformación comenzó en pleno invierno, el 27 de junio. “Hubo que trabajar muchísimo. Todo esto estaba lleno de piedras por todos lados y rodeado por un montón de moras gigantescas que hubo que sacarlas una por una de raíz para poder ensanchar la cancha”, cuenta Lucas González, interno y jugador de UPAL, con la respiración entrecortada y la nariz ensagrentada después de una dura batalla contra el combinado Invitación XV. “El tema es que también había ranchada para recibir las visitas, con banquitos, y los tuvimos que sacar. Para los internos la familia es sagrada, así que te imaginarás que no les gustó nada. Al principio hubo conflicto, pero después entendieron que era para todos, no sólo para los de rugby. Se cavó un pozo cisterna para abastecer de agua y se instaló el sistema de riego. Le rogamos a Dios que lloviera y nos escuchó. De a poco fue creciendo el césped y tomando color”, relata Lucas, uno de los referentes del equipo.

“Hoy podemos disfrutar del fruto de ese trabajo, pero todavía falta. Queremos hacer un quincho para recibir bien a quienes nos visitan y poner todos los presentes que nos regalaron los clubes que vinieron. Y también soñamos con llegar a tener un pabellón que sea de UPAL, donde podamos tener un gimnasio, hacer talleres y estudiar. ¿Y sabe por qué, amigo? Porque hemos trabajado mucho para llegar hasta acá y creo que nos lo merecemos”, asegura Lucas.

Acompañados

Hoy UPAL ya no está tan solo. Los cambios palpables que generó el programa en el comportamiento de los internos que participan de él fue convenciendo a los escépticos. “Se ha sumado mucha gente que al principio tenía sus dudas y hoy, después de ver lo que se ha logrado, nos apoya a full”, rescata René Sueldo, uno de los entrenadores de UPAL.

Entre quienes colaboran está el Departamento de Producción de Institutos Penales, cuyo interventor, Carlos Arnaut, resalta la importancia del programa. “Nuestra función es generar los recursos necesarios para llevar a cabo el programa y aportar estrategias de planificación a futuro. Tratamos de generar laborterapia a través de talleres que logramos poner en marcha y que intentamos sean autosustentables. Es cierto que el rugby insume recursos, pero ha logrado resultados extraordinarios en el comportamiento y la predisposición de los internos”, asegura.

Mientras tanto, UPAL sigue creciendo también como equipo de rugby propiamente dicho. De ello da fe Hugo Gaudioso, entrenador junto a Perondi y Sueldo. “Es impresionante la evolución que mostraron ya desde el primer año. Incorporaron muy rápidamente la esencia del rugby. Pero más asombroso que eso es la entrega que tienen. Han enfrentado a leyendas del rugby tucumano y a figuras de la actualidad, y no le han mezquinado ni un poquito”, elogia “Paty” Gaudioso, para quien todo esto es sólo la muestra de un cambio que es posible, pero que debe ser más profundo.

El rugby educa

“Si no se cambian ciertas políticas, cada vez necesitaremos más cárceles. El problema es fundamentalmente de educación. Nosotros intentamos educarlos a través del rugby. Si no se los educa, cuando salgan volverán a delinquir”, advierte.

Mientras que algunos internos ya han cumplido su condena y recuperado su libertad, otros nuevos se han sumado al programa, que hoy cuenta con aproximadamente 60 participantes. “El índice de drogadicción está casi en cero. Con algunos chicos nuevos hasta hace poco no se podía ni hablar, pero hoy están sanos y eso es lo más importante”, señala Sueldo. “Además, cada vez le entienden más al juego, y se animan a cuestionar y a proponer cosas. Por otra parte, tienen muy asimilado el tema del respeto. En los 12 partidos que vamos jugando, no hubo ni un entredicho ni nada. Somos los campeones del fair play, je”.

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