Los efectos de una corta tormenta de 1938

03 Dic 2018 Por Manuel Riva

Las tormentas de verano, que vuelcan miles de litros de agua sobre nuestro suelos, generan serios problemas a la población desde hace decenas de años y nuestras crónicas lo reflejaban vívidamente. En esta ocasión nos remontamos a los últimos días de noviembre de 1938. Las fuertes lluvias afectaron San Miguel de Tucumán y localidades del sur, como Monteros y Concepción. Tras las primeras gotas, y como es costumbre hasta estos días, las calles se convirtieron en ríos y en algunas zonas el agua ingresó en las casas.

Nuestro relato de 80 años atrás indicaba: “una fuerte lluvia descargó sus furores sobre nuestra ciudad y campaña, compensando la escasa duración con la violencia de la precipitación pluvial”. El relato detallaba que la noche del 29 de noviembre, “sin interrupción hasta entrada la madrugada truenos y relámpagos anunciaban un fenómeno atmosférico, que hizo presagiar una lluvia de madrugada, pero no fue así”.

Sin embargo, las primeras gotas comenzaron a caer poco después de las 9.30 y apenas 10 minutos más tarde “con la brusquedad de las tormentas tucumanas se descolgó una lluvia violenta, sin tregua, mientras arriba era acompañada por una fragorosa orquestación de truenos y un chisporretear de relámpagos”.

El diluvio duró poco más de una hora y ese tiempo sirvió para que nuestras calles se convirtieran, como es costumbre, “en verdaderos brazos de ríos que, al no poder desaguar, por la incapacidad de las bocatormentas y por la ausencia absoluta de ellas, se precipitaron hacia el bajo nivel, ruidosos y amenazantes, plenos de aguas barrosas, haciendo temer inundaciones y sucesos de ya acostumbrada gravedad”.

PLENO CENTRO. El paso de un auto por la calle Mendoza al 700 muestra la cantidad de agua que había en ella.

Barriadas humildes

Casi como una pintura del presente, los torrentes corrieron por las avenidas Mitre, Alem, Avellaneda y Roca, mientras las calles del sur y del este se hacían intransitables.

Los autos dejaron las calles o transitaban con mucho cuidado. El tranvía dejó de circular. Las aguas afectaron las barriadas más humildes ubicadas en las zonas de Villa 9 de Julio y Villa Urquiza. Antes de las 11, con poco más de una hora de lluvia, la tormenta cesó. Inmediatamente el astro rey diluyó con gran celeridad el manto de nubes para abrirse, abrasador, sobre los tucumanos. Nuestro cronista expresaba: “pronto desapareció todo vestigio de lluvia, manteniéndose sobre las avenidas las fuertes correntadas que son frecuentes y de larga duración, apenas cae la más pequeña lluvia”.

Este último párrafo describe lo que ocurre aún en la actualidad, 80 años después, los tucumanos continuamos sufriendo estos mismos problemas cada temporada veraniega. El informe meteorológico de aquel día indicaba que a las 10, en plena tormenta, la temperatura mínima era de 17,4° mientras que la máxima superó lo 34° a las 17. La cantidad de lluvia caída fue de 19,1 milímetros.

En el sur

En Monteros las precipitaciones fueron mayores y las calles de la ciudad sufrieron anegamientos. En las zonas bajas las aguas subieron pero no llegaron a inundar las viviendas debido a que la lluvia paró repentinamente.

Sin embargo las calles alcanzaron niveles de agua importante por algunas horas. El intendente de entonces, Remigio Norry, recorrió la ciudad para interiorizarse de los problemas. Se prestó la ayuda necesaria. No se registraron víctimas.

La naturaleza no detuvo allí su ataque sobre Monteros, ya que un par de días después un ciclón afectó la zona de Los Sosa. Debido a su corta duración no hubo que lamentar víctimas, pero sí daños materiales. Varias viviendas quedaron sin techo que fue desprendido por las ráfagas y las chapas fueron arrojadas a decenas de metros.

En 1948

Una década más tarde las cosas seguían igual. En marzo de 1948 las tormentas fueron más generalizadas ya que afectaron localidades como Monteros, Río Colorado y Balderrama entre otras. La cobertura periodística de entonces expresaba que la población de Monteros había vuelto a sentir la angustia producida por la inundación de 1919.

Agregaba que la lluvia caída en toda la zona había alcanzado los 90 milímetros en un período de seis horas; y que tras un par de horas de disminución habían caído otros 50 en cuatro horas.

En la localidad de Santa Lucía la marca llegó a 200; en el ingenio La Fronterita, 133 y en Sauce Huacho, colonia del ingenio Nueva Baviera, 121.

En 1932

En los primeros días de diciembre de 1932, también las tormentas dejaron su marca en la provincia. “Desde la madrugada de ayer llovió torrencialmente hasta poco antes del mediodía. Las calles se hallaban completamente inundadas. El intenso tráfico de los días ordinarios se vio casi paralizado. Era un diluvio el que se precipitó sobre la ciudad”, informaba nuestro diario sobre la tormenta que había azotado gran parte de la provincia.

Ya en aquel entonces se hablaba de la necesidad de obras que permitan conducir las crecidas de la mejor manera y que produzcan el menor daño. “El municipio necesita de un desagüe en el norte de la ciudad, para evitar las inundaciones cada vez que llueve torrencialmente como estos últimos días. Y esas obras tan urgentes y necesarias, cuyos estudios están terminados, ya fueron presupuestadas”, decía nuestro diario, para resaltar luego el gran beneficio “que reportará para la tranquilidad del vecindario de los barrios del norte y hasta para la conservación del pavimento, cuya destrucción es originada en gran parte por las grandes correntadas”.

Mientras la capital se inundaba a causa de las intensas lluvias, la zona oeste de Tucumán padecía un violento vendaval que destruyó casas y fábricas en Lastenia. Pese a la fuerza del viento y a la destrucción, no hubo víctimas.

“En la calle principal de Lastenia, el huracán había destruido un galpón”, decía la crónica y agregaba: “se volaron los techos de una panadería, mojándose la maquinaria y algunas bolsas de harina”. La escuela de la zona se salvó de milagro porque: “en la casa lindera, una tala frondosa cayó sobre una galería destruyéndola por completo. Otras casas se agrietaron. La población pasó por momentos de verdadera angustia, quedando en pie casi toda la noche”.

La zona norte de la capital se vio muy perjudicada. Las calles que corren de norte a sur como Catamarca, Marcos Avellaneda Suipacha, Salta y otras, “a la vera de las vías de los Ferrocarriles Central Norte Argentino y Central Argentino, se hallan completamente inundadas. Los vecinos han tenido que construir defensas para evitar que la creciente invada las casas. En algunas partes esto ha sido imposible. Hay casas abandonadas pues sus moradores por temor han cerrado sus puertas dejando todo. Las pérdidas son considerables”.

Un par de días después se relataba que la calle Uruguay “es imposible atravesarla a pie. Escasamente se puede andar en carros altos, y esto con algún peligro”.

EN MONTEROS. La calle 25 de Mayo (izquierda) y la avenida Avellaneda (centro) con abundante agua. El intendente Norry (derecha) recorre la ciudad.

En 1931

Otra tormenta recordada es la que se produjo el día previo a la llegada de los Reyes Magos en 1931, que afectó los puentes que cruzaban los ríos del sur obligando al cierre de las operaciones ferroviarias, lo que dejó incomunicada esa zona.

LA GACETA del día 6 titulaba “El sud de la provincia está inundado”. El texto indicaba que la creciente de los ríos, especialmente en Monteros y Concepción, parecía grave mientras que había causado menos daños en Arenillas -cerca de Acheral- y en Lules.

Encendía las alertas por la tragedia de El Molino, San José, Las Juntas… “pues corre riesgo un importante núcleo de población, aunque los habitantes están prevenidos y auxiliados por las autoridades”.

Ya entonces el diario daba cuenta de que las consecuencias de la tormenta habían sido agravadas por obras que obstaculizaban el normal discurrir del agua.

El servicio de trenes funcionó en algunos casos con trasbordos en los puentes afectados; o por medio de la línea del Central Córdoba hasta La Madrid y desde allí por la línea Noroeste -seguía cortada en su ruta hasta la capital tucumana- para volver a Concepción por Río Chico.

Se trató de un viaje un poco más largo que el tradicional, hasta que se recuperaron los puentes unos meses después. El río Pueblo Viejo afectó uno de los pilares del puente del ferrocarril, dejándolo fuera de servicio. Según los especialistas, las obras de recuperación iban a demorar medio año.

En años anteriores

Entre los datos que aportaba la cobertura de 1948 se destaca aquel que hablaba de la “periodicidad de crecientes” en la zona de Monteros. La noticia indicaba que cada 10 años se producían eventos de magnitud y decía que se recordaba la gran crecida del río Romano, cuando cortó el terraplén entre 1910 y 1911.

Luego se repitieron los mismos daños en 1919 y 1920, y después en 1930, año en que fueron generales las crecientes de los ríos Romano, Pueblo Viejo y Gastona, que derribaron puentes ferroviarios y carreteros. En 1939 hubo grandes crecientes pero no llegaron a la magnitud de aquellas.

Un vendaval afectó la zona sur de la provincia y en especial, Villa Hileret

Noviembre de 1938 tuvo fenómenos atmosféricos que afectaron varias zonas de nuestra provincia. El 18 un fuerte vendaval se abatió en la región sur, lo que causó severos daños, sobre todo en Villa HIleret, donde, de acuerdo con nuestra crónica, “quedaron apenas tres casas sin ser dañadas”. La escuela de la localidad, que había sido inaugurada el año anterior, sufrió los efectos del viento al volarse parte de las tejas del techo. El establecimiento escolar de Río Chico, que había sido puesto en funcionamiento el 16 de abril de aquel año, también resultó perjudicado por el viento y perdió parte de su techumbre.

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