14 Junio 2004 Seguir en 
CONCEPCION.- Entre el jueves y el viernes pasados, tres locales comerciales y un auto fueron incendiados en Santa Ana por una patota de jóvenes que aterroriza al pueblo. Los episodios se incorporaron a otros hechos delictivos que, según los vecinos, sumergieron a la comunidad en un clima de inseguridad sin precedentes.
Los ataques de la pandilla incendiaria fueron perpetrados en horas tempranas de la mañana. En el primer caso fueron incendiados dos quioscos ubicados al frente mismo de la comisaría, en tanto que el viernes, alrededor de las 5, los vándalos arremetieron contra el quincho en el que funcionaba la verdulería de Nélida Monroy, ubicada en inmediaciones del ex ingenio. La construcción quedó reducida a cenizas. Minutos después los atacantes se ensañaron con un Ford Falcon que estaba a cargo de Héctor Juárez y permanecía estacionado frente a su casa. Un amigo se lo había prestado para que trabajara como remisero.
Reacción tardía
En todos los casos la Policía intervino varias horas después de sucedidos, a raíz de que en la comisaría estaba de turno sólo un agente. "Ahora trabajo a la intemperie. Al quincho lo levanté con mucho esfuerzo y me va a resultar muy difícil reconstruirlo. Lo que gano aquí da apenas para darle de comer a mi familia. Dicen que lo quemaron varios muchachos alcoholizados. Mi marido fue a poner la denuncia a las 8 del viernes, cuando vinimos a trabajar, pero la Policía recién se hizo presente con un perito el sábado al mediodía", comentó Nélida. "La inseguridad en que se vive aquí es insostenible. Pido al gobernador José Alperovich que venga a verificar lo que está ocurriendo. Este pueblo parece tierra de nadie", añadió. Por su parte, María Enriqueta Fuensalida, esposa del encargado del Ford Falcon, comentó que el ataque de los incendiarios sorprendió a la familia alrededor de las 5.15. "Nos despertó la bocina del auto. Mi hija miró por la ventana y vio que el vehículo estaba envuelto en llamas. Nos levantamos mi marido y yo, y, desesperadamente, tratamos de combatir el incendio. El tanque de gas estaba lleno y pudo haber explotado. Un amigo le había prestado el Falcon a mi esposo, que está desocupado, para que se gane la vida. Ahora nos quedamos sin nada y tenemos que pagar los arreglos del auto", dijo la mujer. "Aquí se vive en medio del caos. Es increíble que en la comisaría sólo haya un agente de guardia para una población de 17.000 habitantes", añadió. Fuensalida apuntó básicamente contra el comisionado comunal, Oscar Bazán. "El tiene la obligación de buscar una solución a la inseguridad hablando a los gobernantes de la provincia. Pero ni siquiera nos visitó a nosotros", se quejó.
Ayer el oficial de turno de la Unidad Regional Sur (URS), comisario José Ledesma, admitió la escasez de efectivos policiales en Santa Ana, pero adelantó que hay pistas firmes de los autores de los ataques incendiarios. "La aprehensión de los delincuentes es cuestión de horas", dijo.
Por su parte, el legislador republicano Ramón Sierra Morales aseguró que la creciente ola de inseguridad que recrudeció en Santa Ana ya la había planteado ante la Legislatura el mes pasado. Dijo que personalmente verificó en la comisaría de ese pueblo la falta de personal, de medios de comunicación (como teléfonos y radiotransmisores) y de móviles. También advirtió que los calabozos no cuentan con baños ni con seguridad, y que la comisaría ni siquiera dispone de una máquina planillera. "Los ataques son un escándalo y podrían haber desencadenado una tragedia", dijo el legislador. (C)
Los ataques de la pandilla incendiaria fueron perpetrados en horas tempranas de la mañana. En el primer caso fueron incendiados dos quioscos ubicados al frente mismo de la comisaría, en tanto que el viernes, alrededor de las 5, los vándalos arremetieron contra el quincho en el que funcionaba la verdulería de Nélida Monroy, ubicada en inmediaciones del ex ingenio. La construcción quedó reducida a cenizas. Minutos después los atacantes se ensañaron con un Ford Falcon que estaba a cargo de Héctor Juárez y permanecía estacionado frente a su casa. Un amigo se lo había prestado para que trabajara como remisero.
Reacción tardía
En todos los casos la Policía intervino varias horas después de sucedidos, a raíz de que en la comisaría estaba de turno sólo un agente. "Ahora trabajo a la intemperie. Al quincho lo levanté con mucho esfuerzo y me va a resultar muy difícil reconstruirlo. Lo que gano aquí da apenas para darle de comer a mi familia. Dicen que lo quemaron varios muchachos alcoholizados. Mi marido fue a poner la denuncia a las 8 del viernes, cuando vinimos a trabajar, pero la Policía recién se hizo presente con un perito el sábado al mediodía", comentó Nélida. "La inseguridad en que se vive aquí es insostenible. Pido al gobernador José Alperovich que venga a verificar lo que está ocurriendo. Este pueblo parece tierra de nadie", añadió. Por su parte, María Enriqueta Fuensalida, esposa del encargado del Ford Falcon, comentó que el ataque de los incendiarios sorprendió a la familia alrededor de las 5.15. "Nos despertó la bocina del auto. Mi hija miró por la ventana y vio que el vehículo estaba envuelto en llamas. Nos levantamos mi marido y yo, y, desesperadamente, tratamos de combatir el incendio. El tanque de gas estaba lleno y pudo haber explotado. Un amigo le había prestado el Falcon a mi esposo, que está desocupado, para que se gane la vida. Ahora nos quedamos sin nada y tenemos que pagar los arreglos del auto", dijo la mujer. "Aquí se vive en medio del caos. Es increíble que en la comisaría sólo haya un agente de guardia para una población de 17.000 habitantes", añadió. Fuensalida apuntó básicamente contra el comisionado comunal, Oscar Bazán. "El tiene la obligación de buscar una solución a la inseguridad hablando a los gobernantes de la provincia. Pero ni siquiera nos visitó a nosotros", se quejó.
Ayer el oficial de turno de la Unidad Regional Sur (URS), comisario José Ledesma, admitió la escasez de efectivos policiales en Santa Ana, pero adelantó que hay pistas firmes de los autores de los ataques incendiarios. "La aprehensión de los delincuentes es cuestión de horas", dijo.
Por su parte, el legislador republicano Ramón Sierra Morales aseguró que la creciente ola de inseguridad que recrudeció en Santa Ana ya la había planteado ante la Legislatura el mes pasado. Dijo que personalmente verificó en la comisaría de ese pueblo la falta de personal, de medios de comunicación (como teléfonos y radiotransmisores) y de móviles. También advirtió que los calabozos no cuentan con baños ni con seguridad, y que la comisaría ni siquiera dispone de una máquina planillera. "Los ataques son un escándalo y podrían haber desencadenado una tragedia", dijo el legislador. (C)







