Cartas de lectores

10 Nov 2018

¡Nos duele la vida!

No es una expresión de retórica de que “A los Argentinos nos duele la vida”. Es la realidad que, de una manera u otra, ningún argentino puede escapar de este gobierno soberbio, terco, incapaz, con serios delirios egocéntricos. No estamos próximos a un abismo, somos un abismo alucinante el que a cientos de miles nos obliga a decidir: entre pagar los servicios de gas, electricidad, agua, impuestos municipales, o comprar remedios, que representan un mínimo espacio entre una salud compensada, que nos da la posibilidad de seguir viviendo, o dejarnos morir por cumplir, en el intento de satisfacer las demandas de nuestro Gobierno. Un Gobierno que ha perdido todas las capacidades de valoración (entre la vida y la muerte), dejando con todos estos imperativos groseros e inhumanos. Esto es lo que significa “ir por el buen camino”, o el orgullo siniestro del que siempre nos repite: “esto es lo único que se puede hacer”. A este oscuro mediocre, y a los que por unos pesos compran legisladores para propiciar leyes que sólo tienden a satisfacer las demandas del FMI, gobernadores de distintas provincias argentinas, son muy pocos los que no se han dejado comprar. Más allá de estos desvaríos que nos han llevado a los argentinos a enfrentar distintas situaciones desesperadas, como las que estamos viviendo cada día, con ése último destello de fe y esperanza, no debemos olvidar que por razones geográficas y por la feracidad de nuestros suelos, en potencia, ésta que nadie la puede enajenar o negociar, en algún momento tendremos un Gobierno normal en lo que a capacidad y a moral se refiere, el que sabrá rodearse de hombres capaces y también morales. Entonces, no será necesario buscar “hasta encontrar el camino”. Todos los caminos argentinos nos conducen hacia una realidad que nos habla de libertad, progreso y Patria. No tengo dudas. Me imagino que, como millones, esperamos la llegada de ese momento, que sin dudas habrá de llegar.

Héctor Leonardo Bravo

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Inseguridad

Es de público conocimiento, la delicada situación que vivimos en materia de seguridad. El primer blanco de responsabilidad es la policía, pero haciendo un análisis justo y equitativo, ¿la fuerza policial es la que debe cargar con todo el peso de esta lamentable realidad? La Policía actúa, atrapa a los delincuentes y con la velocidad de un rayo, éstos quedan libres para seguir delinquiendo, y si el policía hace un tiro, de inmediato es detenido, sancionado y hasta puede perder el trabajo e, incluso, ir preso. Por lo expuesto, pregunto: ¿cuál es el objetivo de incorporar más agentes y darles un arma que es un adorno? Tampoco es de pretender que cada habitante tenga un policía como seguridad personal. ¿Cuál es el problema de que la Gendarmería o la Policía Federal patrullen las calles? Incluso, pueden ser ambas fuerzas federales, y con libertad para actuar, y usar el arma cuando la situación lo amerite. Seguramente, los defensores de los derechos humanos lazarán voces, como siempre, pero en este país, los delincuentes son los únicos que tienen derechos humanos. La gente que concurre a su trabajo o a estudiar, el que transita por las calles para realizar un trámite, una compra en un supermercado (ni qué pensar en sentarse en la puerta de su casa), ellos no tienen derechos humanos. Viene un “Juan de la calle”, te pega un rito o te arrebata la vida con un arma blanca para quitarte un par de zapatillas, un celular, etcétera, eso es lo que vale una vida. Días pasados, por la noche, regresaba de entrenamiento de maratón: zapatillas rotas, buzo con agujeros diversos, medias de distintos colores, y encima con grandes agujeros. Lo único nuevo era una calza, porque vengo de una intervención quirúrgica laparoscópica. Y frente al Museo Miguel Lillo, me abordaron dos motochorros apuntándome con un revólver y exigiéndome que les entregue el celular que no tengo para evitar esto. Incluso, soportando que me tilden de bandolero por mi vestimenta demasiado pobre, y con uso, a propósito. Creo que Dios me frenó, porque estuve a punto de cometer una locura, que pudo costarme la vida. Señor Gobernador: pida la presencia en Tucumán de la fuerza federal, como Córdoba. ¡No vaya a ser que tenga una sorpresa en las urnas!, porque las cosas están cada día peor.

Hugo Humberto Calsa

Próspero Mena 651, San Miguel de Tucumán

Los políticos y sus ingresos

Realmente resulta increíble, asombroso y hasta de no creer, lo publicado por LA GACETA, en relación con las declaraciones juradas de los senadores y diputados nacionales por Tucumán. En dichas presentaciones, nuestros representantes declaran lo que gastan mensualmente para poder vivir y que llegan hasta valores de $ 294.000, como es el caso del anterior gobernador de nuestra provincia. Pensar que este importe es equivalente a más de 30 jubilaciones mínimas que perciben muchos de nuestros jubilados transferidos, y que a veces ni les alcanza para subsistir. Esto que aquí destaco, nos da una idea aproximada sobre el estilo de vida de algunos de los “sufridos y sacrificados” representantes del pueblo. Para cubrir estos niveles de gastos y, a  su vez, los incrementos declarados, resulta lógico pensar que sus ingresos mensuales superan, fácilmente, lo declarado como erogaciones. Cabe recordarles a los citados funcionarios que ellos representan a la Provincia de Tucumán, donde la pobreza, la inseguridad, la droga y la injusticia hacen estragos en una parte importante de nuestra sociedad, y sobre todo a los de menores recursos. Nuestros niños mendigan en las calles de nuestra ciudad y los angustiados jubilados provinciales transferidos o los llamados “Jubilados de la Plaza”, pasan penurias, carencias y privaciones, ante la total indiferencia actual del gobierno de Juan Manzur, y anteriormente lo fue durante el gobierno de José Alperovich. Nosotros, los jubilados transferidos, que tenemos los haberes congelados por la provincia desde al año 2009, decimos: ni el ex gobernador Alperovich ni el actual mandatario Manzur, cumplieron con lo que establece la Ley 7652 de Movilidad Previsional, que contempla derechos inalienables y fundamentales para la sufrida clase pasiva de Tucumán. Entonces cabe preguntarnos: ¿dónde está la solidaridad que se predica en defensa de los más débiles y necesitados? Para terminar: si eligió ser político, la transparencia de sus acto hay que demostrarla con una rendición de cuentas, no con palabras. Y ante la falta de decisión para resolver nuestro problema, si no tiene lealtad ni solidaridad, ¿cuáles serían los conceptos que corresponderían como respuestas deslealtad, insensibilidad e indiferencia?

Carlos Núñez

Paraguay 3.282, San Miguel de Tucumán

Balas que alucinan

Dudo que la ministra Patricia Bullrich haya leído alguna vez “De los delitos y penas”, de Cesare Beccaria, el libro que hace 300 años explicó a Europa la crueldad y futilidad de la “pena capital” y del uso del martirio para combatir el crimen. Es que, al parecer, Bullrich no procede por conocimiento profundo de algún tema de jurisprudencia, prevención del crimen o entrenamiento antiterrorista, sino por inspiraciones, epifanías y alucinaciones. Si algo puede llamarse “divertido” en todo esto, sin embargo, es el hecho que (según informan los medios), la señora Bullrich se acredita ahora con la autoría intelectual de las ideas represivas de Bolsonaro. Pregunto: ¿se refiere al derecho otorgado de la Policía a abatir a ladrones por la espalda o a acribillarlos con ráfagas de plomo desde el aire?

Leonardo Peusner

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Las peatonales

El microcentro de la Capital es lamentable. En veredas que miden dos metros de ancho, nuevamente están ocupadas por vendedores que utilizan la mitad, y entonces sólo queda un metro para que los ciudadanos se muevan. Además, es imposible caminar por las famosas peatonales: sufrimos un calor insoportable, y más aún con los cuadrados de red de plástico que pusieron (como techo) y que, además, generan más calor por el material del que  están hechos. En una provincia donde los calores son insoportables y donde de una semilla que tiremos brota un árbol, me parece inadmisible que en el centro de la ciudad haya unos miserables arbolitos. Me queda por pensar, por supuesto, que los funcionarios no circulan por allí. Tendrían que copiar un poco a Mendoza, que también es argentina, y donde constituye un verdadero placer pasear por sus calles.

Nilda Olivera

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Agua potable

No es noticia que el nivel de concentración de arsénico en las napas subterráneas argentinas sea elevado. En las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero y Salta sobrepasa muy ampliamente el valor límite recomendado en el agua potable por la Organización Mundial de la Salud, que es de 10 μg/l; llegando a medirse 18,05 μg/l de arsénico en el agua del Hotel Costa Galana de Mar del Plata en junio de 2013; 77,50 μg/l de arsénico en agua de pozo en la Escuela Belisario Carranza, Anta (Salta), en mayo de 2013; 136,18 μg/l, Ruta 7, km 490, Laboulaye (Córdoba), en Junio 2015; 388,66 μg/l de arsénico en agua de pozo en San José del Boquerón (Santiago del Estero), en noviembre de 2017; 73,45 μg/l de arsénico agua de pozo 50 metros (de profundidad) en Exaltación de la Cruz (Buenos Aires), en octubre de 2018; 69,42 μg/l de arsénico en agua de pozo, de 20 metros, Arequito (Santa Fe), en octubre de 2018; 29,93 ppb de arsénico en agua de red de AYSA, Ezeiza (Buenos Aires), en octubre de 2018. (Fuente: Mapa de Arsénico en Argentina ITBA). Pero lo que sí es novedad es que el Presupuesto 2019 que obtuviera media sanción en Diputados, el jueves 25 de octubre, plantea una reducción del 20% en el gasto nacional destinado a agua potable. O nuestros legisladores están desinformados o la salud de la población cotiza muy bajo, a la hora de darle números a las prioridades.

Karina Zerillo Cazzaro

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