Hasta el final de los tiempos

10 Nov 2018

Dicen que será el partido más valioso que nunca jamás hayan sostenido. Qué después de él habrá un antes y un después en cada palabra que se diga de ellos. Dicen que durante décadas hicieron amagues de medirse en un mano a mano de magnitud. Pero que escaparon por motivos de los más diversos, cual Maradona en el gol del 86 a los ingleses. Dicen que podría haber muchos más encuentros entre sí, hasta quizás en una instancia similar. Aunque ninguno tendrá el sabor, el color, la expectativa, el significado del primero. Dicen que de tan grandes que son, el mundo de la redonda estará echándoles un vistazo. Sea en Madrid, en Otawa, en Tokio o en Uagadugú. Dicen que cuando en 2118, al cumplirse el centenario de tan magno acontecimiento, los seres que habiten en la tierra del fin del mundo, se emocionarán con la sola posibilidad de poder reproducir los vetustos archivos grabados en La Bombonera o en el Monumental, fechados en un lejano noviembre de 2018.

Dicen que ya no hay que pellizcarse con incredulidad; que no hay que soñar más, porque llegó el día; que no hay que hablar nunca más del “pudo haber sido” y que, al fin, hay que darle paso al “será”. Hoy, en cartelera, un Superclásico antológico, ese por el que cada uno de nosotros podrá poner una cruz en el ítem “Boca-River, finalistas de Copa Libertadores”, en el almanaque deportivo de sus días. Hasta el final de los tiempos.

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