Encuesta sobre Cristo y la Iglesia

16 Sep 2018

> LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

En el Evangelio vemos a Jesús haciendo una encuesta: “preguntó a sus discípulos: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?’. Ellos le contestaron: ‘Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas’. Él les preguntó: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy?’”. ¿Podríamos decir que Jesús emplea la encuesta, la metodología de las estadísticas? ¿Al modo de la investigación social o política? ¿Su verdad depende de los resultados? Y si nos extendemos a la Iglesia que es de Cristo, ¿también puede ser sometida a un juicio estadístico?, ¿no debería la Iglesia actualizarse y ser más moderna, adaptarse a los cambios que corren y no quedarse en defensa de cosas como la vida, la familia, la concepción de la justicia, de los valores, de la cultura? Son preguntas que surgen de la misma pregunta que Jesús les hace a sus apóstoles.

Este Evangelio es una llamada provocadora a la búsqueda de la verdad y de la identidad del mismo Jesús y de su Iglesia, y viene mucho mejor hacerlo en este tiempo de pensamiento líquido y de posverdad, cuando podemos sentir que la fe y la Iglesia deberían ser más líquidas y menos estructurada.

Luego de escuchar los sondeos de opinión publica Jesús los interpela a ellos. Y Pedro responde, inspirado, que Jesús es el Mesías el Hijo de Dios. A esa respuesta el Señor le marca una identidad propia, es un Mesías sufriente que debe llevar la cruz y pasar por ella para alcanzar la redención. No hay camino verdadero para el cristiano que no pase por la cruz, ella es marca esencial de identidad.

Ahora bien, el camino de la Iglesia es el hombre, y a este hombre la Iglesia de Cristo debe buscarlo y responderle todos sus interrogantes. La Iglesia no tiene miedo a los tiempos que corren y nunca se escapa a responder al momento cultural que le toca vivir; pero lo hace desde su identidad originaria, que es Cristo mismo. La Iglesia no sería fiel a Jesús si su mensaje fuera buscar lo “políticamente correcto” para agradar a los tiempos que corren.

Ella tiene la vocación de “parresía”, es decir, de profetismo, y audacia en hacer y decir la cosas en fidelidad a Jesús.

Se engañaría quien pensara que vivir cristianamente es cómodo, de una pasividad benevolente, como si se tratara de una religión de agua y miel. La Iglesia tiene la misión de ser honesta, de no engañar al hombre y ayudarlo desde su luz de verdad, más allá de lo incompresible que pueda resultar el mensaje para la opinión pública.

Pero se engañaría aún más quien considerara que es un modo de amargarse la vida. El verdadero cristiano es una persona fuerte, pero no dura; comprensiva, pero no débil; de una gran seriedad religiosa. La alegría, la libertad, la paciencia, la generosidad, la laboriosidad, la paz son las compañeras de su camino cuando se deja conducir por el Espíritu de Jesucristo.

Cristo es el Mesías Salvador que sigue presente en la historia, a través de su Iglesia y de sus miembros. Es tarea de todos que crezca desde su fidelidad, y desde la audacia de vivir y predicar la misericordia como señal auténtica de lo que Dios quiere dar a los hombres.

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